La lavanda suele florecer bien durante el primer año, pero muchas veces se debilita sin razón aparente. Incluso en jardines bien cuidados, esta planta a menudo pierde su vitalidad con el tiempo. Sin embargo, una jardinera estadounidense notó que sus plantas de lavanda crecían más saludables utilizando un residuo alimenticio que normalmente se desecha en las cocinas.
Jean, creadora del foro Green Jeanne y jardinera apasionada, descubrió que el secreto estaba en las cáscaras de huevo. Mientras revisaba su jardín de hierbas, se dio cuenta de que la mezcla de arena con cáscaras hacía que las plantas crecieran mucho más, y decidió dejar esta combinación sin retirarla.
Cabe señalar que la lavanda es una planta que prefiere suelos pobres y rocosos con buen drenaje. Además, crece mejor cuando el pH del suelo se encuentra entre 6,5 y 7,5, es decir, de neutro a ligeramente alcalino. Por el contrario, los fertilizantes convencionales pueden fomentar un crecimiento excesivo de hojas, disminuir la fragancia y reducir la floración.
¿Cómo afectan las cáscaras de huevo a la lavanda?
Las cáscaras de huevo están compuestas en un 95% por minerales, de los cuales entre un 37% y un 40% son calcio en forma de carbonato de calcio, lo que las hace similares a los suelos calcáreos donde la lavanda crece de manera natural, según recoge Mon Jardin & Ma Maison. Por lo que, al ser molidas finamente, ayudan a elevar el pH de suelos demasiado ácidos, fortalecen los tejidos vegetales y crean pequeñas bolsas de aire que mejoran el drenaje.
Este residuo orgánico se transforma en un fertilizante natural con múltiples beneficios, ya que fortalece los tallos y favorece una floración más abundante gracias al calcio. Además, el suelo queda menos compactado, lo que permite que las raíces se aireen mejor y reduce el riesgo de podredumbre. También contribuye a mantener el terreno ligeramente menos ácido, acercándolo a las condiciones mediterráneas ideales para la lavanda. Al esparcir las cáscaras de huevo alrededor de plantas jóvenes, se crea una especie de protección gracias a sus bordes afilados, que disuaden a babosas y caracoles, mientras que la capa ligera que forman en la base limita las malezas y refleja la luz.
¿Cómo preparar este fertilizante casero?
La experta advierte que los resultados no son inmediatos, ya que se requiere paciencia y acumular muchas cáscaras de huevo, o bien consumir varios huevos para obtenerlas. Es necesario prepararlas de forma especial para evitar olores y plagas. Primero, se deben lavar bajo el grifo con agua, retirando cuidadosamente la membrana interior, y luego secarlas bien durante uno o dos días antes de triturarlas. Es importante limpiarlas completamente, sin restos de membrana, clara o yema, ya que de lo contrario podrían aglomerarse y generar mal olor. Si se quiere acelerar el proceso, también se pueden secar en el horno a 200 °C durante 10 o 15 minutos antes de triturarlas.
Para utilizarlas, se recomienda esparcir una o dos cucharadas alrededor de cada planta de lavanda en primavera, repetir la aplicación cuando las plantas comiencen a crecer nuevamente y otra vez en verano. Sin embargo, hay que tener cuidado de no sobrecargar la tierra, evitando así un exceso de fertilizante que pueda perjudicar a las plantas.