Hoy, la relación entre el príncipe Guillermo y Kate Middleton es una de las más consolidadas en el panorama real europeo. Sin embargo, su historia de amor ha pasado por momentos de tensión y distanciamiento que han pasado desapercibidos. La reciente biografía conjunta escrita por Russell Myers titulado William and Catherine The Intimate Inside Story recoge detalles inéditos sobre los desafíos que han atravesado los príncipes de Gales.
De acuerdo con los datos recogidos por The Mirror, en marzo de 2007, el hijo de Carlos III y su esposa aparecieron juntos en el festival de carreras de caballos de Cheltenham, donde lucieron atuendos de tweed a juego. Sin embargo, su lenguaje corporal denotaba una gran frialdad, tal y como se refleja en las fotografías que se tomaron en ese momento. Por entonces, diversas fuentes cercanas aseguraron que la relación entre ambos “se había deteriorado hasta un punto irreparable”.
Poco después, el hermano del príncipe Harry se vio envuelto en una polémica al ser fotografiado en una discoteca de Bournemouth mientras, aparentemente, protagonizaba una escena en la que abrazaba a una joven estudiante brasileña de dieciocho años. El príncipe, con gesto excitado y una pinta de cerveza en la mano, parecía momentáneamente ajeno a su entorno habitual y a las implicaciones públicas de su comportamiento. Este incidente supuso, para la exduquesa de Cambridge, una nueva fuente de disgusto y motivó que se replanteara la continuidad de su noviazgo.
“Lo mejor sería que tomaran caminos separados”
Durante los días posteriores a Cheltenham, Kate Middleton, visiblemente insatisfecha y desencantada con la evolución de la relación, decidió plantar cara a Guillermo. Por primera vez, se desmarcó del papel sumiso y reservado que había mantenido durante sus cuatro años de relación. Según confidencias recogidas por Russell Myers en su biografía, una amiga íntima señaló: “Kate estaba angustiada. Se sentía desdichada, pero en absoluto desesperada. Consideraba que no tenía nada que perder y, por vez primera, probablemente le comunicó a Guillermo lo que realmente sentía. No exigía un compromiso formal, pero sí una muestra clara de seriedad, y si él no podía ofrecerla, ella le dejó claro que lo mejor sería que tomaran caminos separados”.
Este planteamiento marcó un punto de inflexión en la vida de Kate, que dejó de conformarse con ser percibida como la novia paciente de un príncipe distraído por otras prioridades. La reacción del royal británico tampoco tardó en llegar. De manera inesperada, solicitó personalmente a Clarence House que anunciara oficialmente el fin de la relación. Este gesto sorprendió a quienes seguían la evolución de la pareja, aunque las circunstancias subyacentes eran más complejas que una simple diferencia de pareceres.
Según The Mirror, el propio príncipe confesó a un alto miembro de la corte que “al menos ella es libre”. Este reconocimiento coincidió con un momento de gran carga emocional para el hijo de Lady Di, equiparable en trascendencia al que vivió tras la muerte de su madre. El papel de la reina Isabel II resultó determinante en aquellos días de incertidumbre. La monarca, marcada por su experiencia con el deterioro de la relación entre Carlos y Diana y las gravísimas consecuencias que tuvo para Guillermo y Harry, percibió la angustia de su nieto, decidió invitarle a almorzar un domingo.
De la crisis a la reconciliación
Según una fuente cercana al entorno real citada en la biografía de Russell Myers, el príncipe Guillermo estaba “absolutamente destrozado”. Durante ese encuentro, la reina le ofreció un consejo sencillo pero cargado de significado: le recordó que el único camino seguro es aquel fundamentado en la fe y convicción personal. La reconciliación no resultó inmediata, pero supuso el inicio de una nueva etapa para la pareja. “Regresaron convencidos de que afrontarían el futuro juntos. Eso era lo único que Kate había deseado siempre y, una vez que Guillermo aceptó plenamente que no se trataba solo de él, todo encajó con mayor naturalidad”, explicó una fuente a The Mirror.
El deseo del príncipe de llevar una vida lo más normal posible fuera del ambiente palaciego, primero durante su etapa de estudios en Escocia y posteriormente viviendo en Gales, ha contado siempre con comprensión por parte de su entorno. Según el testimonio de un antiguo miembro de la corte recopilado por Russell Myers, “la reina sentía una afinidad evidente con el deseo de Guillermo de vivir su vida, aunque sin dejar de estar atento al futuro, ya que nunca se sabe cuándo todo puede cambiar”. El consejo de la monarca impulsó al príncipe a aprovechar plenamente aquella etapa junto a Kate.