La Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid publicó la semana pasada su informe fiscal del año 2024, en el que reveló que el Consejo de Gobierno autonómico autorizó en junio de ese año el traspaso de más de 61 millones de euros del presupuesto para financiar la actividad sanitaria cubierta en 2021 por la Fundación Jiménez Díaz, perteneciente a la empresa privada Quirón.
El dinero procedía de la Agencia Madrileña de Atención Social (AMAS), el organismo encargado, entre otras cosas, de la gestión de las residencias públicas de la comunidad. La noticia del traspaso de fondos no ha sentado bien a los trabajadores de estos centros, que ven poco a poco cómo se deterioran sus condiciones y la de los ancianos que deben atender día a día.
Las residencias de mayores son “un desastre total”, según Juan Antonio García, enfermero y portavoz del sindicato SATSE dentro del AMAS. El sanitario, que ha trabajado en varios centros del servicio certifica que la falta de personal es crónica y que las instalaciones, antiguas y estropeadas, sufren incidencias de forma continua.
Una falta “crónica” de personal
Especialmente acusada es la situación de los centros más grandes, como la residencia Doctor González Bueno o la Nuestra Señora del Carmen. “No disponen de enfermeras ni para cubrir mínimamente las necesidades de los residentes”, asegura García, que asegura que es un problema “crónico” en todos geriátricos públicos.
La Consejería de Familia, Juventud y Asuntos Sociales asegura que las ratios de personal en los centros residenciales de mayores madrileños están por encima de lo exigido por ley, con un profesional por usuario. En sus cálculos, sin embargo, se incluyen desde médicos hasta trabajadores de la limpieza, sin distinguir funciones ni categorías. Así, es frecuente que se den situaciones como la del Doctor González Bueno, que muchas noches cuenta solo con una enfermera para atender a sus 600 residentes.
“Hay seis puestos de enfermería en ese centro”, explica García, que ha trabajado en dicha residencia durante tres años. Los trabajadores suelen alternar las noches, con tres trabajadores por turno. “El problema es que ahora mismo en plantilla son solamente cuatro, porque hay dos plazas que no se cubren”, indica el enfermero. “En el momento en el que un compañero libre, te queda una sola. Y eso está pasando con frecuencia: hay meses en los que, a lo mejor, 10-12 noches las cubre una sola persona. He estado varios años así y es una barbaridad”, denuncia.
La situación es similar en otros grandes centros, como en la residencia del Carmen, que da acogida a 400 personas. “Tú eres el máximo responsable del centro, no hay médico que te pueda ayudar a solucionar problemas.”, explica. La falta de personal dificulta que se haga un trabajo en condiciones: “Si te salen dos o tres urgencias seguidas, que ha pasado muchas veces, no sabes a quién atender. Además, tienes que preparar la medicación para los 600 residentes para el día siguiente, no te da tiempo. Es un cúmulo de despropósitos”, cuenta.
Goteras, derrumbes y plagas
Las reducidas plantillas no son el único problema que enfrentan estos centros. “Los centros del AMAS, especialmente los grandes, son bastante antiguos y, en cuanto solucionan un problema por un lado salen por otro”, dice García. “Estamos constantemente haciendo reparaciones: cuando no se va una tubería, se cae el falso techo. Las ventanas están mal aisladas y no pueden abrirse, en ocasiones falta material y muchos de los centros han tenido problemas de ratas o cucarachas”, enumera.
Con este panorama, el enfermero critica que el dinero acabe yendo a empresas privadas. “Es una vergüenza que los responsables de la AMAS prefieran no ejecutar el presupuesto del que disponen y mantener las residencias de mayores y a sus residentes en condiciones deplorables”, considera.