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Uno de cada dos migrantes irregulares provienen de Mali, Senegal o Mauritania: el auge del yihadismo en el Sahel los empuja a abandonar sus países

La presencia y expansión de grupos terroristas como Al Qaeda y el Dáesh ha generado desplazamientos forzosos, con Mali como epicentro del deterioro. Mauritania se ha consolidado como principal punto de partida rumbo a España

Un cayuco con unos 70 migrantes a bordo llega a la isla de El Hierro, en Canarias. (Europa Press)

España ha experimentado, a lo largo de 2024, cifras históricas en cuanto a llegadas de migrantes irregulares por vía marítima: el 96% de los 64.019 casos registrados. Según el Informe Anual de Seguridad Nacional, elaborado por el Gobierno español, se registraron 61.372 entradas por mar, lo que supone un aumento del 10,3% respecto a 2023 y un 6,65% más que en 2018, que hasta ahora era, con 57.498, el valor máximo registrado. Esta intensificación de los flujos migratorios viene acompañada de un cambio significativo en el perfil de las personas que llegan y de las rutas que emplean.

El 72% de las personas que llegaron a España de manera irregular el año pasado procedían de países del África subsahariana. Mali (15.261), Senegal (11.824) y Mauritania (2.804) concentraron el origen de prácticamente uno de cada dos migrantes (46,7%). Este patrón contrasta con el predominante hasta hace pocos años, cuando Marruecos y Argelia encabezaban esta lista. En la actualidad, los migrantes de estos dos últimos estados ascienden a 6.945 y 9.552 personas, respectivamente.

El informe atribuye este cambio de origen a factores estructurales que se agravan: precariedad económica, inseguridad alimentaria, estrés hídrico y un notable aumento de la inestabilidad política. En el caso concreto del Sahel, estos elementos se han visto amplificados por el auge de grupos yihadistas, como Al Qaeda y el Dáesh, que operan con creciente intensidad en la región. Desde hace aproximadamente dos años, la presencia y expansión de estos grupos ha generado desplazamientos forzosos, con Mali como epicentro del deterioro. El volumen de personas desplazadas de ese país continúa creciendo ante el colapso institucional, la violencia armada y el declive económico.

La ruta canaria vuelve a ser la más mortífera: 4.808 personas migrantes han muerto en los cinco primeros meses del año.

Consolidación de la ruta atlántica

La intensificación de los controles en la ruta del Mediterráneo Central ha derivado en una reorientación de los flujos migratorios hacia la costa atlántica, con salida principalmente desde Senegal, Gambia y, especialmente, Mauritania. Este país se ha convertido en un punto neurálgico para las salidas hacia las Islas Canarias. Solo en 2024, 25.081 personas partieron desde territorio mauritano rumbo a España.

La presión sobre Mauritania es múltiple. Por un lado, absorbe parte de la migración procedente de países vecinos —sobre todo de Mali, donde la violencia fronteriza se ha agravado— y, por otro, actúa como punto de tránsito para rutas migratorias cada vez más consolidadas. Además, el endurecimiento del control en Senegal ha desplazado aún más la presión hacia su frontera norte. Las autoridades mauritanas han implementado medidas de control fronterizo en respuesta, pero el informe señala que sus efectos todavía no se han podido evaluar.

En paralelo, las rutas a través de Níger han retomado relevancia. La ciudad de Agadez, históricamente un nodo migratorio clave en el desierto, vuelve a desempeñar un papel central en la organización de los trayectos hacia el norte de África. También se mantienen activas las salidas hacia Argelia, en particular desde la zona de conflicto fronteriza con Mauritania, donde se constata una creciente presencia de actores rusos, según apunta el documento oficial.

La presión migratoria en Canarias refleja este escenario. En 2024, el archipiélago registró la llegada de 46.843 migrantes, un 17,4% más que en 2023 y muy por encima del anterior pico de 2006, durante la llamada “crisis de los cayucos”. También Baleares marcó un récord, con 5.882 llegadas, lo que representa un aumento del 158,3% respecto al año anterior.

Asimismo, el informe señala que, a pesar de los compromisos adquiridos por los países del Sahel para frenar los flujos migratorios en sus territorios, las condiciones internas de estos Estados —caracterizadas por la fragilidad institucional, la escasez de recursos y la manipulación de los flujos por parte de actores hostiles— dificultan la contención de las salidas.

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