Entre EH Bildu y PNV: las claves de unas elecciones decisivas para el País Vasco

Un duelo entre las fuerzas nacionalistas, el pulso entre el bloque de las izquierdas y partidos que lucharán por sobrevivir. Los días de campaña electoral se presentan más competitivos que nunca

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El candidato a Lehendakari y cabeza de lista por Bizkaia, Imanol Pradales, a 4 de abril de 2024, en Vitoria-Gasteiz, Álava. (Iñaki Berasaluce/Europa Press)
El candidato a Lehendakari y cabeza de lista por Bizkaia, Imanol Pradales, a 4 de abril de 2024, en Vitoria-Gasteiz, Álava. (Iñaki Berasaluce/Europa Press)

La ciudadanía vasca dejó caer que era necesario un relevo en la lehendakaritza, liderada desde hace doce años por Íñigo Urkullu, y que ya empezaba a denotar un desgaste en el electorado. Los peneuvistas, conscientes también del notable empuje que demuestra EH Bildu desde las elecciones generales en 2023, decidieron apostar por una imagen renovada, la de Imanol Pradales.

Tras el anuncio del candidato le sucedieron las demás formaciones con una lista repleta de caras nuevas: Pello Otxandiano (EH Bildu), Eneko Andueza (PSE-EE), Javier de Marcos (PP Vasco), Alba García (Sumar), Miren Gorrotxategi (Podemos) y Amaia Martínez (Vox).

Los sondeos electorales, entre los que se encuentra el elaborado por el CIS, vaticinan por el momento una ligera ventaja a la izquierda abertzale, que obtendría alrededor de 28 diputados, seguido muy de cerca del PNV, que saldría como segunda fuerza con 26 a 27 representantes y prácticamente el mismo número de votos. Los socialistas se consolidarían como tercera fuerza -de 10 a 12 escaños- y en su mano estaría desbloquear el nuevo gobierno. El PP Vasco será la cuarta fuerza, mejorando su resultado de los pasados comicios -7 escaños-, mientras que Sumar se haría con 1 o 2 escaños a expensas de Podemos. Vox, por su parte, perdería su escaño en Álava y se quedaría fuera de la cámara.

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Por primera vez, Bildu entra en la contienda electoral con opciones reales -aunque difíciles- de llegar al Gobierno. No obstante, aún quedan muchas variables por despejar y que harán inclinar la balanza hacia una de las dos principales fuerzas nacionalistas:

El sistema electoral Vasco

La primera clave es el propio sistema electoral vasco. Los comicios en Euskadi tienen de por sí una particularidad respecto al resto del país: el sistema no pondera el número de población con el número de representantes en el Parlamento. En otras palabras, el reparto de escaños en cada una de las tres circunscripciones es igualmente de 25 diputados.

El candidato del PNV, Imanol Pradales, agredido al término de un mitin en Barakaldo.

De ahí que Álava sea el territorio más codiciado por las formaciones, ya que el voto es más barato al ser la menos poblada. Concretamente, el peso de esta provincia es del 17,4% del censo electoral, por el 50% y el 32% de Vizcaya y Guipúzcoa, según el INE.

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El sondeo elaborado por EITB Focus refleja que el PNV lideraría los votos en uno de sus principales feudos, Vizcaya -aunque perdiendo escaños-, mientras que Bildu haría lo propio en Guipúzkoa- y por primera vez, en Álava, donde subiría tres escaños. La formación de Otxandiano mejoraría a su vez en las dos provincias restantes.

El PSEE-EE será decisivo

A pesar del triunfo sobre la campana en las elecciones generales, los socialistas vienen de una dura derrota en la campaña gallega, donde el PP volvió a ganar de manera incontestable obteniendo la mayoría absoluta. Ahora, la formación de Andueza vuelve a cobrar protagonismo y será la llave del próximo Gobierno. Salvo sorpresa mayúscula, todo apunta a que se reeditará la fórmula de una coalición entre los jeltzales y el PSE-EE.

El panorama de los socialista es un juego de malabares cuando se trata de negociar con Bildu. Si bien en el Ejecutivo Central es uno de sus socios de Gobierno, en Euskadi ya han dejado por activa y por pasiva que el desenlace no pasará por un apoyo a Otxandiano. “El PSE no va a hacer lehendakari a un candidato de EH Bildu ni va a firmar un acuerdo de gobierno con EH Bildu”, fueron las palabras de su candidato.

Algunas encuestas como la elaborada por Simple Lógica para elDiario.es advertían de que la mayoría absoluta, fijada en los 38 escaños de 75, podría estar en peligro de cumplirse los peores pronósticos, aunque los peneuvistas reiteran que no la lehendakarizta peligra.

El voto joven

El voto joven será una de las claves para desencallar el empate técnico entre los nacionalistas. Por ahora los jóvenes prefieren a Bildu, aunque este sector del electorado es característico por ser muy “volátil” y poco fidelizado.

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La última encuesta preelectoral publicada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el pasado 10 de abril aseguraba que sólo un 37% de los jóvenes entre 18 y 24 años ya tiene su voto decidido “mucho antes del inicio de la campaña electoral”, mientras que un 33,9% “lo decide durante la última semana de la campaña electoral”. En este sentido, 75.634 jóvenes votarán, por primera vez en unas elecciones autonómicas, el próximo 21 de abril, según indica una estadística del Gobierno vasco.

El voto en blanco y la abstención

El voto en blanco -depositar el sobre en la urna sin nada dentro- está contemplado en la ley electoral y cuenta en el escrutinio ya que el voto va dirigido a la mayoría. Se trata de una forma de manifestar el descontento con el panorama electoral, aunque, de acuerdo a la ley, desfavorece a los partidos minoritarios. El sistema electoral vasco, al igual que en el resto del territorio nacional- se rige en la Ley d’hont, que marca que la representación mínima para que el voto cuente en una provincia es de un 3% de la circunscripción.

La abstención, por su parte, es la decisión de no acudir a votar. En este caso, al no haber ningún voto depositado no cuenta nada. Todo apunta a que la abstención volverá a ser altísima y el propio presidente del PNV, Andoni Ortuzar, admitió que Bildu saldría beneficiada de una participación del 60%. Por el contrario, si llegase al 65% sería mejor para el PNV. En otras palabras, los peneuvistas necesitan movilizar a sus simpatizantes ante un posible sorpasso electoral.

Duelo entre los nacionalismos, un pulso entre el bloque de las izquierdas y partidos que lucharán por sobrevivir. Los días restantes de campaña electoral se presentan más decisivos y competitivos que nunca y solo quedan dos. Lo único cierto es que no hay nada cierto en el futuro de País Vasco.