El Atlético sufre ante el Betis para redimirse y afianzar la Champions

Los de Simeone defienden en el segundo tiempo la renta obtenida en el primero. Morata humaniza la predicción del Cholo. Los de Pelligrini ven cortada su racha de dos meses sin perder a domicilio

Compartir
Compartir articulo
Los jugadores del Atlético de Madrid celebran el gol de Morata al Betis (REUTERS).
Los jugadores del Atlético de Madrid celebran el gol de Morata al Betis (REUTERS).

Simeone corre con los brazos abiertos hasta llegar a la posición del cuarto árbitro para detener el cambio de Riquelme. El canterano no ingresará sólo. El Cholo se desgañita para que Reinildo se despoje rápidamente del chandal, realizará un doble cambio. Sustituyen a Lino y Depay. Una declaración de intenciones firmada cinco minutos después cuando agota las sustituciones dando entrada a Savic en lugar de Morata. Restan seis minutos más el añadido y el técnico argentino se aferra a la defensa, el mayor pecado esta temporada de los suyos, para amarrar la corta ventaja. Precisamente es Riquelme quien decide frenar un vertiginoso contragolpe para ir a la esquina del córner, retrasar la posesión y ganarles segundos al cronómetro. El Atlético acaba jugando sin delantero de referencia y con seis defensas.

Los colchoneros sufren, pero se llevan un partido que pudieron resolver antes vía Morata -falló un penalti- y redimen -algo- de la debacle de Bilbao. Agradeciendo que antes de las permutas del Cholo, Oblak hubiera sacado una mano que desvió al poste lo que iba a ser el empate de Guido. Un paradón por los viejos tiempos, los suyos, los de un portero de leyenda que tampoco ha tenido su temporada. El Metropolitano es el salvavidas al que se agarra el Atlético, como Rose a aquel tablón tras el naufragio del Titanic, para no hundirse. Porque no deben, porque todavía no tienen asegurada la presencia en Champions para el próximo curso.

Un año en un partido

El partido fue una síntesis de hora y media que sirvió como sinopsis de la temporada rojiblanca. Mezcló fluidez en la circulación con fragilidad en los duelos individuales. La cara A en el primer tiempo, con la secundaria del segundo. El Metropolitano, con el naufragio de Bilbao en la retina, era una mata de nervios. Los murmullos estuvieron presente en cada jugada. Más fuerte se escucharon cuando Morata erraba un penalti y sus dos posteriores rechaces. Pero Simeone le había bendecido 24 horas y Álvaro no le llevó la contraria. Remató de cabeza un balón rechazado por Rui Silva y alcanza los 14 goles en Liga, uno menos de los que festejó en la temporada 2016/2017, su curso más goleador.

Llorente, durante el partido ante el Betis (REUTERS).
Llorente, durante el partido ante el Betis (REUTERS).

Para entonces el Atlético ya mandaba tras materializar una jugada que inició con Bellerín extraviando una pelota a pies de Hermoso y terminó con Bellerín intentando sacar esa misma pelota para que no la rematara Hermoso. El colmo de los males béticos fue que el toque de su lateral derivó en una carambola que pasó por Pezzella y otra vez Rui Silva antes de superar la línea de gol. El Atlético tenía controlado el partido. Robaba arriba y movía con criterio. Para ello ayuda tener un defensa de verdad como Paulista y no a Savic, que hace tiempo que lo dejó de ser.

Envido sin premio final

Aunque el gol, sin embargo, serenó al Betis. Pellegrini ajustó líneas y su equipo empezó a robar en el centro del campo para equilibrar el duelo. El chileno envidó con William Carvalho y Guido y obtuve premio. El portugués, que ve el fútbol un paso por delante al resto de sus compañeros, controló, se giró y desde 30 metros mandó el balón a dormir a la escuadra de Oblak. Primer gol de siempre del Betis en el Metropolitano. A partir de ahí, angustia local. Propiciado por el marcador y por el desgobierno en la sala de máquina, donde los cambios de Pellegrini se imponían.

Fue entonces cuando se produjo la milagrosa parada de Oblak y cuando Simeone decidió detener el cambio de Riquleme para dar entrada también a Reinildo y más tarde a Savic. Con sufrimiento el Atlético se llevó tres puntos de sutura que no cierran la profunda herida abierta en Bilbao, pero eran necesarios para que esta no aumentara su tamaño. El Atlético encarrila la Champions de la temporada que viene y se aferra a ella para encarrilar el actual curso. Un paradigma.