
Barry Lyndon, Love Story, The Driver, Qué me pasa doctor, Luna de papel, Un puente lejano... el cine de los años 70 tuvo en denominador común en buena parte de sus grandes películas: Ryan O’Neal. El actor californiano fue durante la década uno de los actores más prestigiosos, compitiendo en taquilla con auténticas leyendas del cine como Dustin Hoffman, Al Pacino o Robert Redford, quienes por aquel entonces rivalizaban con él incluso por papeles. Sin embargo, el intérprete se quedó en los 70, y con el cambio de década no supo reinventarse como el resto de sus compañeros de profesión. De hecho, comenzó a vivir sus historias más interesantes fuera de la pantalla, protagonizando amoríos y escándalos dignos de película.
Uno de ellos tuvo que ver con su hija, Tatum O’Neal. Tatum había debutado en el cine de la mano de su padre, protagonizando junto a él Luna de papel (Peter Bodganovich, 1973). Por aquel filme conseguiría lo que nunca pudo su padre, nada menos que ganar el Oscar, convirtiéndose así en la persona más joven en ganar la estatuilla en toda la historia de los premios de la Academia. Un récord que sigue vigente hoy día, y que demuestra lo mucho que impactó la película de Peter Bogdanovich y las interpretaciones de O’Neal padre e hija en su época. No obstante, la relación entre Ryan y Tatum también daría para mucho más fuera de la pantalla.
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Porque aquella película, lejos de ser el inicio de una gran asociación padre-hija, fue el inicio de una serie de hostilidades y resentimientos del que la familia O’Neal no se recuperaría. “En la prensa, interpretó al padre cariñoso, pero en sus ojos, leo la verdad: un profundo resentimiento porque su actuación no fue tenida en cuenta”, declararía Tatum en una entrevista varios años después, afirmando que su padre nunca había perdonado que su hija de diez años ganase el Oscar antes que él. Por su parte, Tatum tuvo que lidiar con que su padre fuera la única a persona a su cargo y el de su hermano Griffin, ya que su madre biológica, Joanna Moore, era adicta al alcohol y las anfetaminas, y las autoridades habían resuelto que fuera Ryan quien se quedase con la custodia tras el divorcio.
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El distanciamiento y el sorprendente reencuentro
Tal y como sabemos por el libro A Paper Life, la autobiografía de Tatum O’Neal, el Oscar que ganó con diez años y que provocó el resentimiento de su padre no fue el único problema que había en casa. La actriz reconoció que sufrió abusos sexuales por parte de un amigo de su padre, que su padre había intentado seducir a su amiga Melanie Griffith y que por supuesto había sufrido un daño irreparable tanto física como mentalmente por la adicción de Ryan O’Neal a las drogas. Con un historial así, era normal que ambos terminasen separando sus caminos, aunque se reencontrarían muchos años después en un episodio de lo más insólito.

Mientras Ryan nunca pudo remontar su carrera y terminó manteniendo una duradera relación con la actriz y modelo Farrah Fawcett -con la que tendría su cuarto hijo, Redmond-, Tatum siguió su carrera por su cuenta. La actriz pasó de joven prodigio a estar relacionada con Michael Jackson -del que se dice que fue su primer amor siendo ambos solo adolescentes- y posteriormente del tenista John McEnroe, con el que tuvo tres hijos. Cuando tenía 16 años, Tatum se mudó a vivir con su padre junto a Farrah Fawcett, con la que desarrolló una gran relación a pesar de ser la pareja de su padre: “Creo realmente que Farrah era inspiracional, bella y amable”. Pero cuando Farrah Fawcett murió en 2009 tras un cáncer que llevaba afrontando durante varios años, se produjo el esperado reencuentro entre padre e hija.
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Ryan y Tatum se volvieron a encontrar en el funeral de Farrah Fawcett, solo que Ryan, que había pasado por muchas cosas para ese momento -entre ellas una leucemia diagnosticada en 2001 y que remitió en 2006-, no recordaba el rostro de su hija. “Acababa de meter el ataúd en el coche fúnebre y estaba viendo cómo se alejaba cuando una hermosa mujer rubia se acerca y me abraza. Le dije: ‘¿Llevas una copa encima? ¿Tienes coche?’ Ella respondió: ‘¡Papá, soy yo, Tatum!’ Yo sólo intentaba hacerme el gracioso con una extraña mujer sueca, y resulta que era mi hija. Es tan enfermizo”, reconoció posteriormente O’Neal.
“Esa es nuestra relación en pocas palabras. Haz de ello lo que quieras”, comentaría Tatum a propósito de ese accidentado reencuentro. “Hacía unos años que no nos veíamos, y él siempre fue un donjuán, un bon vivant”. Ese donjuán ahora se despide dejando tras de sí un legado de grandes películas con algunos de los mejores directores de los años 70, pero también un cuestionable historial de escándalos y conflictos que sin duda hicieron mella en sus familiares y allegados. Descanse en paz.
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