Un niño pierde la vista de un ojo en Galicia después de que un compañero le lanzase una escuadra

Desde el colegio que aseguran que el objeto se resbaló, una versión que no coincide con la de Tomás y otros alumnos que se encontraban en el aula, ya que una escuadra que resbala no perfora un ojo

Un aula vacía (EFE/ Paco Campos).

El 30 de noviembre de pasado año, los alumnos del colegio Valle-Inclán de Oleiros (A Coruña) se quedaron en clase a la hora del recreo por causa de la lluvia. Los profesores se repartieron por toda la planta para vigilar varias aulas a la vez. En una de esas clases estaba Tomás, un alumno de sexto de primaria, que se quedó jugando al ajedrez con un compañero. Explica que cuando perdió la partida, se retiró para ver durante un rato cómo dos compañeros se lanzaban entre sí escuadras y cartabones. Se movió para estar cerca del radiador para calentarse porque tenía frío. En ese momento, una escuadra impactó contra su ojo, que empezó a sangrar a borbotones. En el aula no había ningún profesor, solo llegaron cuando los gritos de una alumna les alertaron. Aquel día Tomás perdió la visión de su ojo izquierdo.

Tomás fue operado en el hospital Abente y Lago de A Coruña. “Pero de aquel ojo salía tanta sangre que no pudieron ver el alcance de los daños”, cuenta Gonzalo, el padre del niño herido, a La Voz de Galicia. La escuadra clavada había destruido la córnea, la pupila y el cristalino. También fue operado tres veces en Barcelona con el único objetivo de no quedarse sin globo ocular. Tras el suceso, los dos padres están de baja por el trauma y por la necesidad de atender al niño las 24 horas del día. “Nos ha cambiado la vida”, lamenta María, la madre de Tomás

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Gonzalo y María denunciaron al centro ante la consellería de Educación por este accidente que consideran que se pudo evitar y reclaman responsabilidades al colegi, por no haber contado con un profesor en el aula. Sin embargo, la petición de depurar responsabilidades a los tres profesores que en ese momento vigilaban los pasillos fue rechazada por la delegación de Educación porque aseguran que la ratio de profesores se ajustaba a una orden en vigor desde 1997.

El niño que lanzó la escuadra no tenía ninguna intención de causar una lesión a su compañero. Sin embargo, los padres de Tomás no soportaron leer en las explicaciones del colegio que aseguran que la escuadra se resbaló, una versión que no coincide con la de Tomás y otros alumnos que se encontraban en el aula, ya que una escuadra que resbala no perfora un ojo. Por otro lado, el colegio se ampara en que Tomás perdonó a su compañero desde el primer día. “Claro, mi hijo es muy bueno, pero eso no es un argumento”, defiende su padre.

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