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Los empresarios, más optimistas que los economistas: no prevén un colapso en la actividad para este año

Aunque siguen con atención los pronósticos del mercado y advierten un enfriamiento, en las empresas descartan una caída de 4% de la actividad en 2023

Una extraña disociación se advierte entre las expectativas de quienes realizan proyecciones sobre el devenir económico en los próximos meses y quienes consumen esas estimaciones para gestionar cotidianamente las empresas que determinan el nivel de actividad.

Si bien todos coinciden en el contexto de enfriamiento de la economía que se advierte desde fines del año pasado y, también, en que el próximo año probablemente se enfrente una “crisis bisagra” en función de las correcciones macroeconómicas que deberá encara el próximo gobierno, las miradas divergen ampliamente a la hora de vislumbrar el corto plazo.

Atento siempre a los pronósticos de diferentes consultoras del mercado y también de bancos internacionales que prevén una caída de la economía de hasta 4% para este año, esos vaticinios generan algo de desconcierto en el mundo de las empresas, donde se preparan para enfrentar un incierto pero “durísimo” 2024 pero apuestan a que este año la recesión pegará, pero no tanto.

Claro, todo depende de una variable clave: el precio del dólar. Eso es en definitiva, lo que explica la obsesión oficial por mantener atrasado a cualquier costo el dólar oficial. Y a raya las cotizaciones cada vez menos libres.

“Un cambio drástico de tendencia podría darse sólo si ocurriera un evento muy disruptivo, como una devaluación que genere un derrape en los precios. Mientras eso no pase y la política pueda sostener la situación, no vemos un derrumbe -sostuvo un ejecutivo de una de las principales compañías de consumo masivo- . Sí vemos una caída en los últimos meses y esperamos más para los próximos por el deterioro de los salarios. La inflación pega cada vez más, pero no hay un colapso en el horizonte”. Salvo que, repitió la fuente, se produzca un “un evento disruptivo”.

Esa perspectiva, determinante para definir planes de producción y estimaciones de venta, está en línea con lo que hace algunos días expresó en un encuentro con periodistas el empresario Eduardo Elsztain: “Estamos todos demasiado preparados para una guerra que no va a ocurrir”, aseguró. Aunque el hombre ya es conocido por su optimismo casi inquebrantable, muchos otros ejecutivos del sector productivo y también de servicios comparten una visión menos apocalíptica, al menos de corto plazo.

Hidrocarburos y minería, dos sectores que son promesa pero que hoy ya apuntalan la actividad económica,

“Si hacemos un repaso sector por sector, la realidad es que hay menos actividad pero está muy lejos de una economía paralizada. El consumo se está ajustando pero hay muchos sectores a los que les fue bien en los últimos meses. Para que se cumplan los pronósticos de caída de 4%, tiene que haber un derrumbe total en el segundo semestre, no es lo que vemos hoy”, aseguró un empresario que participó ayer de la presentación del próximo coloquio anual del foro IDEA, a pesar de que no descartó en esa foto turbulencias en la transición electoral.

Las estadísticas, hasta ahora, parecen darle la razón: a pesar de todo, el primer trimestre cerró con un nivel de avance económico de 1,5% contra todos los pronósticos. Sectores como el de energía, minería e incluso la actividad industrial todavía apuntalan la actividad, aun cuando es inexorable el impacto por la caída del agro, afectado por la súper sequía.

Sin ir más lejos, en el contexto de restricción de importaciones -el principal dolor de cabeza de los ejecutivos de grandes empresas y de los dueños de las más pequeñas-, la industria automotriz acumula un crecimiento de producción de 24% en el año, 19% de exportaciones y hasta 13% de ventas en el mercado interno. En ese rubro, como en muchos otros, el volumen que acumulan de deuda comercial con el Banco Central es visto como un riesgo relativamente menor al de parar todo. Claro está, les resulta impredecible cuándo y a qué tipo de cambio recibirán los dólares que pusieron de su bolsillo para importar y mantener la maquinaria funcionando.

En el fondo, todo, reconocen, está condicionado a que se cumpla la expectativa central: que el panorama empeore en los próximos meses pero no llegue a desatarse un tsunami. Y es ahí donde se prenden las alertas, en vistas de que ya es claro para el sector empresario que las negociaciones con el FMI tienen pronóstico más que reservado y que la falta de dólares manda. Esa pelota, apuestan, llegará a pasar para el próximo gobierno. Sin embargo, un escalofrío les recorre la espalda cuando miran las planillas de los informes de los principales bancos de Wall Street, como el Morgan Stanley o el Bank of America, que le ponen fecha a la corrección cambiaria. Para fines de diciembre prevén un dólar oficial por encima de los $510 y, en el caso del BoFA, ni siquiera prevén una unificación del mercado cambiario.

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