Agregar Infobae enGoogle

Andrés Serbin: “Estamos viviendo un proceso de polarización ideológica, con narrativas muy contrastantes entre sí”

En diálogo con DEF, el antropólogo y doctor en Ciencias Políticas analiza la situación de América Latina, en el contexto de una reconfiguración del poder mundial. Además, el autor de “Room service en la selva” nos habla de su incursión en el mundo de la literatura

En diálogo con DEF, además de analizar el momento que vive América Latina, Serbin también se refirió a su faceta literaria (Foto: Fernando Calzada)

“Estamos en un proceso de reconfiguración del orden mundial, con un desgaste del unipolarismo posterior a la Guerra Fría y en transición hacia un orden multipolar, con nuevos actores y estrategias que todavía no están del todo definidos”, afirmó Andrés Serbin, antropólogo y doctor en Ciencias Políticas, al contextualizar la situación internacional. “Si no resolvemos la fragmentación y la polarización que vive la región, va a ser muy difícil que tenga una voz en la escena internacional”, añadió.

En diálogo con DEF, además de analizar el momento que vive América Latina, Serbin también se refirió a su faceta literaria. Su más reciente libro, Room service en la selva, publicado por Editorial Dunken, está compuesto por 34 relatos donde hay “cero autocensura”, como el propio autor confiesa. “Yo cuento las cosas como se me ocurre, con el mayor humor posible y de la manera más irreverente. Esa fue mi idea cuando decidí pasar del pensamiento demasiado estructurado del mundo académico al pensamiento transgresor”, señala.

Polarización ideológica, fragmentación política y vínculos con las superpotencias

-En medio de la actual crisis del multilateralismo, ¿cómo definiría la situación actual de nuestra región?

-América Latina vive una dinámica que está asociada a la transición y la reconfiguración del poder y el orden mundial. Hay dos cuestiones a destacar. Por un lado, estamos viviendo un proceso de polarización ideológica, con narrativas muy contrastantes entre sí, que, muchas veces, dificultan volver a la vieja idea de la integración regional. Y el segundo elemento por tener en cuenta es que estamos frente a una reactualización de la presencia de EE. UU. en la región, con esta nueva “Doctrina Donroe” de la administración de Trump, según la cual parecería que volvemos a ser el “patio trasero” de EE. UU. Es un proceso muy complejo, porque ya no somos un espacio unificado y tampoco existe una relación tan estrecha con EE. UU. en términos económicos, debido a la presencia de otros actores relevantes, principalmente China. En rigor, ni siquiera se podría hablar de “patio trasero” en América del Norte, donde la situación de tensión con México es permanente y tampoco está tan clara la relación de EE. UU. con Canadá.

PUBLICIDAD

“Yo cuento las cosas como se me ocurre, con el mayor humor posible y de la manera más irreverente. Esa fue mi idea cuando decidí pasar del pensamiento demasiado estructurado del mundo académico al pensamiento transgresor”, señala Serbin (Foto: Fernando Calzada)

-¿Qué espacios existen en el nuevo mapa de poder mundial? ¿Cómo interpreta el concepto de “Sur Global”, que incomoda a EE. UU.?

-Vemos la conformación de espacios alternativos, que hacen al mundo multipolar y a la gobernanza global. Me refiero no solamente a los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), sino también a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) o a la Organización de Cooperación de Shanghái. Son organismos donde no hay una presencia o una influencia decisiva de Washington. Al contrario, hay planteamientos de nuevas formas de organizar el mundo. En cuanto al concepto de “Sur Global”, es polisémico y depende de cómo se lo interprete. Evidentemente, se pretende crear una división entre un “Norte Global” y un “Sur Global”, pero hay algunos actores que se identifican dentro de este último espacio y se trata de países desarrollados, industrializados y, en algunos casos, potencias nucleares, que se consideran “voceros” del Sur Global, cuando, en realidad, están en las mismas condiciones que el Norte Global. Es muy difícil establecer una línea divisoria clara.

-Usted utilizó, en alguno de sus trabajos, la metáfora del “triángulo escaleno” para hablar de la relación de América Latina con EE. UU. y China.

PUBLICIDAD

-Lo que pasa es que estamos ante modelos de relación distintos. Por un lado, con un discurso centrado en las inversiones, EE. UU. busca los recursos que necesita en función de su propio interés estratégico. China hace lo mismo, pero no a través de una narrativa de inversiones y de la difusión de los valores de la democracia, sino de la financiación de infraestructuras y el logro de cierto grado de desarrollo que beneficia también, obviamente, a Pekín.

-En este segundo gobierno, la agenda de Trump en la región está muy centrada en el combate al denominado “narcoterrorismo”. ¿Qué tan real es esa amenaza?

-No es conveniente mezclar el terrorismo con el narcotráfico. Y eso forma parte de la estrategia de seguridad de EE. UU. Para comprender cabalmente lo que ocurre en la región, hay que considerar también cuánto ha contribuido EE. UU. al desarrollo del narcotráfico, un fenómeno que responde a una demanda y un consumo y lo hace a través de una red ilícita. A la vez, para poder satisfacer esa demanda, aparecen grupos criminales armados y las armas son provistas ilegalmente desde EE. UU. Estamos ante una especie de círculo vicioso.

"Vemos la conformación de espacios alternativos, que hacen al mundo multipolar y a la gobernanza global", explicó el especialista (Foto: archivo DEF)

El rol de la sociedad civil: exclusión, desigualdad y auge de nuevas narrativas políticas

-¿Qué rol desempeña la sociedad civil en las relaciones internacionales y, en particular, en América Latina?

-Yo diría que el tema fundamental es que el poder tiene dos correlatos. Uno es que el poder no es institucional, sino relacional. Y el segundo es que el poder dibuja, en nuestra región, el mapa de la desigualdad. La combinación de los dos factores nos ayuda a ver cómo se maneja el poder desde la exclusión y la desigualdad, hacia la concentración. Ahí es donde se produce la articulación entre la micropolítica y la macropolítica.

-¿Cómo explica el surgimiento de las nuevas derechas en América Latina, con agendas disruptivas?

-Primero, yo creo que es un fenómeno muy alimentado por la narrativa que viene desde la administración de Trump. En segundo lugar, hemos sido testigos de los distintos procesos del pasado, que pasaron por la lucha entre la izquierda y la derecha incluso a través de la violencia; después se produjo el auge de cierta izquierda progresista, con un discurso centrado en la integración; y ahora estamos en el otro lado del péndulo, con la emergencia de los movimientos de derecha, que aún está por verse cuánto se sostienen. En el marco de la democracia, lo que hoy vemos es un voto castigo; no siempre se trata de un voto ideológico, a pesar de las narrativas dominantes. Si lo que prometió un gobierno al llegar al poder no se cumple satisfactoriamente, hay una reacción que lleva a buscar en el otro extremo del arco ideológico la solución a los problemas, empezando por la desigualdad. Eso conduce a la fragmentación y a la polarización.

"No es conveniente mezclar el terrorismo con el narcotráfico y eso forma parte de la estrategia de seguridad de EE. UU.", destaca Serbin (foto: Fernando Calzada)

La “burocratización” de la academia y el lugar de la literatura y del humor

-Llevándolo a sus más recientes experiencias literarias, usted ha afirmado que la academia puede convertirse en una “camisa de fuerza”. ¿Por qué?

-La academia debería servir para producir conocimiento, pero se ha burocratizado tanto que, muchas veces, lo que produce es la búsqueda del micropoder. Eso puede generar un conocimiento acartonado, rígido y difícilmente aplicable al análisis de la realidad. En ese contexto, yo creo que hay que soltar las amarras y enriquecer la capacidad de análisis. Eso es, justamente, lo que me permite tener una visión más optimista, en tiempos de la inteligencia artificial. Los humanos todavía tenemos la capacidad de vincular cosas de una manera flexible.

-¿Cómo fue la experiencia de pasar de los papers académicos a la literatura?

-Yo hice una transición previa, de la antropología a las relaciones internacionales. De manera jocosa, digo que pasé de dormir en la selva a dormir en hoteles 5 estrellas con room service. Esa es la parte humorística. La realidad es que, en algún momento, el entrenamiento como antropólogo para tratar de entender cómo funciona el otro es trasladable a lo que sucede en el mundo institucional. Y no solo trasladable; yo creo que es muy útil. Muchas veces, la tendencia es ver al malo y al bueno. Y, en verdad, cada uno tiene su propia dinámica, su manera de ver las cosas, sus códigos y desarrolla su propia narrativa. La función de la perspectiva antropológica es la capacidad de entender cómo funcionan esos códigos. Porque, justamente por no entenderlos, se producen los choques culturales y la incomprensión. Eso, a su vez, condiciona las narrativas sobre el otro.

-Usted ha estudiado como antropólogo los movimientos indígenas, que han vivido en tensión permanente con el poder establecido en distintos países de la región. ¿Qué le dejó esa experiencia?

-Justamente, uno de los factores que genera la violencia y el conflicto es la incomprensión. Entonces, en el caso de los indígenas, no solo en Bolivia o en Ecuador, sino en toda América Latina, es muy difícil entender la dinámica de esas sociedades si no se comprenden sus modelos de valores. Yo he trabajado, por ejemplo, en Guyana, donde había una diversidad cultural: allí convivían los blancos ingleses, los descendientes de esclavos africanos, los descendientes de hindúes que habían llegado para reemplazarlos, la población indígena y toda una inserción de chinos y portugueses. Era muy difícil moverse en ese mundo, en el que coexistían esquemas mentales muy diversos.

"Aparecen grupos criminales armados y las armas son provistas ilegalmente desde EE. UU.", mencionó el doctor en Ciencias Políticas (Foto: AFP)

-¿Cómo observa el pensamiento académico latinoamericano en la actualidad?

-En América Latina, subestimamos nuestra capacidad de desarrollar un conocimiento distinto. Yo he hecho, por ejemplo, un trabajo comparando los estudios sobre China que existen en EE. UU. y en América Latina. La literatura académica estadounidense estaba reducida al mainstream, con una o dos teorías predominantes: el realismo y la economía política internacional.

En América Latina, en cambio, desarrollamos otras concepciones, con las que uno puede estar o no de acuerdo, pero están allí y van desde la teoría de la dependencia hasta la escuela autonómica de Juan Carlos Puig; contamos con visiones desarrolladas desde nuestra propia experiencia y perspectiva. El contraste es muy grande: es mucho más rica la visión de América Latina que la de EE. UU. respecto de cómo entender a China.

-¿Cuáles son las fortalezas y las dificultades que enfrenta el sistema académico en la Argentina?

-En términos de la capacidad de producir conocimiento, Argentina tiene un lugar muy importante en la región. Hay otros países de América Latina que también lo tienen. El problema es que los argentinos tenemos una fragilidad institucional desde el punto de vista de cómo se produce el conocimiento, porque no tenemos sistemas universitarios tan sólidos como los de Brasil, México o, en su momento, Venezuela, donde yo pude desarrollar mi carrera académica. En Argentina, estamos más acostumbrados a los “profesores-taxis”, que van de una institución a otra, y eso dificulta el trabajo. Hay pocos espacios académicos para poder hacer carrera, y tampoco contamos con el financiamiento adecuado. El modelo del Conicet en Argentina es muy importante, pero también ha estado teñido por la política.

Room service en la selva es el último lanzamiento literario de ficción de Andrés Serbin (Foto: Fernando Calzada)

-Por último, ¿qué va a encontrar el lector en su libro Room service en la selva?

-Yo tuve un drama familiar y tuve que reinventarme. Decidí pasar del pensamiento demasiado estructurado del mundo académico al pensamiento transgresor. Entonces, empecé a contar mi vida o situaciones que vivieron otras personas de una manera que no es la que utilizaría en un paper. En este nuevo libro, en particular, cuento anécdotas propias y de otras personas. Básicamente, intento reírme de ciertas cuestiones establecidas, algo que también ayuda a entender el mundo. El humor es muy importante para comprender el mundo en el que vivimos.