Más de 1.100 libros llegarán a la Biblioteca Popular de Moquehue gracias a una campaña impulsada por Fito Páez durante la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Los ejemplares, reunidos por la Fundación El Libro con aportes de editoriales expositoras, equivalen a casi dos por cada uno de los 560 habitantes de la localidad neuquina.
Todo nació cuando el músico aceptó la invitación a abrir la Feria del año pasado, pero con una condición, dijo: organizar una donación de libros. Según la Fundación El Libro, la convocatoria reunió el aporte de 30 sellos y superó la meta inicial en menos de dos meses. “Estoy muy feliz de que haya un ámbito lleno de libros y con gente deseosa de leerlos”, dijo Páez.
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Moquehue está ubicado a unos 300 kilómetros de la ciudad de Neuquén y queda parcialmente aislado durante el invierno por sus condiciones geográficas. El traslado de la donación demandó varios meses: tormentas de nieve e inundaciones bloquearon los accesos y retrasaron la llegada de las cajas a destino. Finalmente, los libros fueron recibidos.
La institución funciona como un espacio de encuentro para estudiantes, docentes y familias de la zona. La selección de títulos se definió con la orientación de Luján Álvarez, docente, voluntaria y responsable de la biblioteca. La comunidad cuenta con 60 alumnos de nivel primario, 35 de secundaria y cerca de 150 jóvenes de entre 20 y 35 años.
“Solo pidió una donación”, recordó Christian Rainone, presidente de la Fundación El Libro, al relatar el acuerdo con Fito Páez. Las editoriales que colaboraron son Albatros, Beatriz Viterbo Editora, Calcetines Animados, Chirimbote, Colihue, De la Flor, Del Naranjo, Dunken, Ediciones El Libertador, Ediciones La Riviere, Eterna Cadencia y Ethos Traductora.
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También Grupal, Grupo Ilhsa, Guadal, Hola Chicos, Instituto Guimarães Rosa de la Embajada del Brasil, Kel, La brujita de papel, Letra Impresa Grupo Editor, Librum, Océano, Pablo de Freijo, Palabrava, Penguin Random House, Planeta, Siglo XXI, Sigmar y VyR Editoras. Todas aportaron libros pensados para esos grupos de lectores.
Álvarez explicó que la biblioteca casi cierra porque el edificio requería refacciones. Con otros voluntarios lo recuperaron y articularon actividades con la Escuela 261. “Los niños también pueden llevar libros a sus casas para leer y compartir con toda la familia”, dijo y remarcó la importancia de que los niños “conozcan el mundo y las realidades a través de la lectura”.
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