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Albert Einstein, físico alemán: “No sé con qué armas se luchará en la Tercera Guerra Mundial, pero en la Cuarta se hará con palos y piedras”

A más de ocho décadas de la irrupción de la era atómica, la advertencia más sombría del gran científico de su época resuena con una vigencia escalofriante. Una radiografía sobre el peso de la conciencia de la ciencia, el pacifismo militante y el texto que vaticinó el reinicio violento de la civilización humana

Albert Einstein, físico alemán: “No sé con qué armas se luchará en la Tercera Guerra Mundial, pero en la Cuarta se hará con palos y piedras”

Hay frases que nacen para convertirse en profecías. En un presente internacional marcado por la reactivación de tensiones geopolíticas, el despliegue de discursos nacionalistas y la constante amenaza del desarrollo tecnológico militar, una vieja advertencia parece despojarse del polvo del siglo XX para interpelarnos de frente. La autoría le pertenece a Albert Einstein, el científico que reescribió las leyes del cosmos y que, en su madurez, se vio obligado a asumir el rol de brújula moral

Para reconstruir el impacto original de estas palabras, es preciso situarse en la inmediata posguerra, tiempos en que la humanidad jugaba a convertirse en la arquitecta de su propia destrucción. En 1949, el planeta respiraba una paz ficticia. Tras los bombardeos nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945, la aparición de la Guerra Fría inauguró un tablero de ajedrez macabro entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Fue en ese clima de paranoia colectiva cuando el físico rompió el silencio.

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Fue en una entrevista con el periodista Alfred Werner, publicada en la revista estadounidense Liberal Judaism. Einstein no hablaba desde la soberbia académica, sino desde una profunda y dolorosa herida ética. Una década antes, en 1939, el físico había firmado una famosa carta dirigida al presidente Franklin D. Roosevelt, alertando que la Alemania nazi investigaba la fisión del uranio. Aquella misiva catalizó el nacimiento del Proyecto Manhattan, el programa que dio origen a la bomba atómica.

Aunque el científico jamás participó de su fabricación, cargar con la responsabilidad indirecta de haber abierto la caja de Pandora nuclear lo empujó a dedicar el resto de sus días a un pacifismo radical y militante. “No sé con qué armas se luchará en la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta Guerra Mundial se luchará con palos y piedras”, fueron sus palabras. La genialidad de la frase reside en que Einstein comprendió de inmediato la gran paradoja del siglo XX: la asimetría entre el avance científico y la madurez moral.

El joven Albert Einstein, retratado en 1905, el "Annus mirabilis" en el que publicó sus revolucionarios trabajos, incluyendo los postulados de la relatividad especial

La humanidad había descifrado los secretos más íntimos de la materia, pero seguía administrando sus conflictos con los mismos impulsos tribales de las cavernas. Al proyectar que una supuesta cuarta guerra mundial se libraría con “palos y piedras”, el físico desarmó la noción clásica de “progreso”. Despojó a la guerra de toda épica victoriosa o heroísmo patriótico. Lo que planteaba era un análisis logístico devastador: el uso masivo del arsenal nuclear nos llevaría a la aniquilación absoluta.

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La tecnología bélica no perfeccionaría a la civilización; por el contrario, provocaría un reinicio forzoso, devolviendo a los escasos sobrevivientes a la prehistoria del desarrollo humano. Para Einstein, la ciencia jamás estuvo escindida de la responsabilidad social. Su rechazo absoluto a la violencia institucionalizada quedó plasmado en su célebre correspondencia con Sigmund Freud, compilada bajo el título ¿Por qué la guerra?, y en el histórico Manifiesto Russell-Einstein de 1955, su última declaración pública.

Hoy, la advertencia de Albert Einstein recupera una alarmante actualidad. En una era globalizada que coquetea con la automatización bélica y la Inteligencia Artificial aplicada a la defensa, sus palabras actúan como un cable a tierra. Nos recuerdan que el verdadero peligro no reside en el poder de las armas en sí mismas, sino en la alarmante ligereza de quienes, sentados en los sillones del poder, olvidan que la destrucción total de la civilización se encuentra siempre a tan solo un botón de distancia.

El legendario científico falleció a los 76 años el 18 de abril de 1955 en el Hospital de Princeton a causa de un aneurisma de aorta abdominal

¿Quién fue Albert Einstein?

Nacido en Ulm, Alemania, en 1879, Albert Einstein revolucionó los cimientos de la física moderna siendo un simple empleado de la oficina de patentes de Berna, Suiza: publicó una serie de trabajos sobre el espacio, el tiempo y la masa, incluyendo la célebre ecuación de la equivalencia entre masa y energía (\(E=mc^2\)). En 1915 presentó su Teoría de la Relatividad General, una hazaña intelectual que reformuló el concepto de la gravedad como la curvatura del espacio-tiempo.

Galardonado con el Premio Nobel de Física en 1921 por su explicación del efecto fotoeléctrico, su figura trascendió rápidamente los claustros académicos para convertirse en el primer gran ícono pop de la ciencia global y en un referente absoluto del libre pensamiento. Obligado a exiliarse en los Estados Unidos en 1933 debido al ascenso del régimen de Adolf Hitler y las persecuciones antisemitas, el físico encontró su hogar definitivo en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, Nueva Jersey.

Desde allí dedicó las últimas décadas de su vida a la búsqueda infructuosa de una Teoría del Campo Unificado que pudiera unificar todas las fuerzas de la naturaleza. Paralelamente a sus investigaciones, consolidó un prolífico legado literario y epistolar de corte humanista, plasmado en obras esenciales como Mis ideas y opiniones y Mis años de madurez. El legendario científico falleció a los 76 años el 18 de abril de 1955 en el Hospital de Princeton a causa de un aneurisma de aorta abdominal.

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