En medio de una de las crisis de servicios básicos más severas de los últimos años en Cuba, la sociedad civil ha comenzado a articular sus propios mecanismos de auxilio ante la inacción y el colapso de las infraestructuras estatales.
La activista y residente local Gisselle Ordóñez Milián, conocida en redes sociales como Zea Gisselle, ha puesto en marcha la campaña solidaria “Agua Segura para Cuba”.
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Esta iniciativa ciudadana, respaldada por la Red de Ayuda Humanitaria, surge como una respuesta directa a la desesperación de cientos de familias que enfrentan un desabastecimiento prolongado, obligadas en muchos casos a subsistir recolectando agua de lluvia para beber, higienizarse y cocinar.
El proyecto inició como un plan piloto en el barrio Zamora, ubicado en el municipio habanero de Marianao, una zona donde diversas familias acumulan más de seis meses continuos sin recibir una sola gota por las tuberías de la red pública.
Por lo que, el objetivo principal de la recaudación es adquirir y distribuir insumos de primera necesidad para el saneamiento, tales como:
- Pastillas potabilizadoras
- Filtros domésticos
- Equipos de ozonización, priorizando a los hogares en condiciones de extrema vulnerabilidad social y económica.
La magnitud del problema trasciende al municipio de Marianao. Las propias autoridades del régimen cubano tuvieron que reconocer públicamente que el panorama del abasto de agua a nivel nacional atraviesa un estado «grave y complejo», afectando de forma directa a más de medio millón de residentes únicamente en La Habana.
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Diversos municipios, entre ellos La Habana Vieja, han reportado periodos superiores a los 30 días seguidos sin servicio por tubería, lo que ha desencadenado protestas espontáneas, cacerolazos y cortes de vías protagonizados mayoritariamente por madres que exigen soluciones inmediatas.
Los informes oficiales reconocen las causas estructurales que mantienen paralizado el sistema hidráulico:
El drama humano y sanitario en el barrio Zamora
La promotora de la campaña ha documentado testimonios desgarradores que ilustran la magnitud de la precariedad cotidiana. En sus recorridos por la comunidad, Zea Gisselle constató cómo abuelas de la tercera edad, solas o a cargo de nietos pequeños huérfanos, deben ingeniárselas para acumular agua de las precipitaciones en recipientes improvisados ante la total ausencia de suministro regular.
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La activista ha calificado estas condiciones de vida como insostenibles y criminales, haciendo hincapié en que los sectores más desprotegidos, ancianos y niños pequeños, son quienes sufren con mayor crudeza las consecuencias de este abandono.
La única medida paliativa enviada por las autoridades locales a la zona consistió en el envío de un camión cisterna (pipa) cuyo cargamento llegó visiblemente turbio y amarillento, además de resultar ínfimo para la demanda de más de cuatro manzanas residenciales.
Quienes no logran abastecerse de estas escasas distribuciones oficiales se ven forzados a pagar cifras exorbitantes de hasta 2,000 pesos cubanos ($2.17 dólares) a conductores particulares de pipas por un tanque de apenas 55 galones, un costo inasumible para pensionados y trabajadores con salarios estatales promedio.
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El impacto sobre la salud pública no se ha hecho esperar. En el propio barrio Zamora ya se han registrado brotes de hepatitis ambiental y enfermedades gastrointestinales, directamente relacionados con la ingestión de agua no tratada o contaminada.
Esta realidad coincide con las alertas emitidas por personal médico independiente y pediatras, así como por admisiones del propio Ministerio de Salud Pública, que ha reportado un repunte simultáneo de infecciones diarreicas agudas y hepatitis A en la capital y otras provincias del país.
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