Una persona puede tener efectivo, saldo bancario y dólares, y aun así volver a su casa sin poder comprar alimentos. La falta de medios de pago aceptados dejó a un cubano sin el pollo que necesitaba con la finalidad de preparar una sopa para un familiar enfermo, según relató el periodista Kamil Kenders en Havana Times.
El episodio ocurrió durante una búsqueda que comenzó con una necesidad doméstica concreta y terminó como una muestra de las dificultades que enfrentan los consumidores en Cuba para acceder a productos básicos.
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Kenders contó que recorrió varios establecimientos de su municipio hasta encontrar pollo, un alimento cuya disponibilidad obliga, según describió, a organizar el día alrededor de la posibilidad de hallarlo.
El paquete encontrado contenía 10 libras de pollo y costaba 8,800 pesos cubanos (USD 366.77). El autor disponía de 5,000 pesos (USD 208.39) en efectivo, dinero depositado en una tarjeta bancaria y USD 20. Ninguna de esas alternativas le permitió completar la compra.
Kenders explicó que primero intentó pagar la diferencia mediante Transfermóvil, una plataforma de pagos y transferencias desde teléfonos móviles.
El establecimiento rechazó esa opción. Luego consultó si podía usar los dólares que tenía en el bolsillo, pero también recibió una respuesta negativa.
“El dinero está ahí. Existe. Aparece en el saldo. Pero después comienza otra historia”, escribió el periodista al describir las limitaciones para retirar efectivo de cajeros automáticos y bancos. Según su relato, cada vez hay menos cajeros operativos o con billetes disponibles, mientras que las sucursales bancarias registran filas y, en ocasiones, establecen topes de extracción.
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La situación expone una dificultad adicional para quienes dependen de ingresos bancarizados. Aunque los salarios se acrediten en tarjetas, los titulares de esas cuentas no siempre pueden convertir el saldo en efectivo ni usarlo de forma digital en los comercios que venden los productos que buscan.
El texto publicado por Havana Times señala que los consumidores deben adaptar sus compras a las modalidades de pago que cada vendedor acepta. En algunos lugares, se admite efectivo, pero no transferencias; en otros, puede aceptarse moneda extranjera, aunque no pesos cubanos. El resultado es que la disponibilidad de dinero no garantiza una compra.
Transfermóvil depende de que los vendedores acepten la operación
La expansión de las transacciones electrónicas fue presentada durante años como una alternativa para reducir el uso de efectivo. Transfermóvil permite pagar desde el celular y transferir fondos, pero su utilidad queda limitada cuando los comercios no aceptan esa modalidad.
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“Una herramienta solo sirve si quien vende está dispuesto a utilizarla”, sostuvo Kenders. La frase resume el problema de un sistema donde el comprador necesita reunir, al mismo tiempo, el producto, el dinero suficiente y una forma de pago admitida por el vendedor.
El periodista señaló que algunos negocios privados prefieren evitar las transferencias porque consideran que así pierden control sobre el dinero que reciben. En su relato, esta práctica se vincula con el temor a que los fondos digitales dejen rastros y con la posibilidad de que las ventas se realicen sin una declaración completa de los ingresos.
La negativa a aceptar pagos electrónicos no implica que todos los establecimientos rechacen divisas. Kenders aclaró que, en ciertos casos, los propietarios prefieren recibir dólares. Sin embargo, el comercio donde encontró el pollo no admitía esa moneda, lo que eliminó también esa alternativa.
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Así, una compra que parecía resuelta quedó frustrada por la falta de coincidencia entre las opciones del cliente y las exigencias del negocio. El autor regresó sin el producto pese a contar con recursos distribuidos entre efectivo, tarjeta bancaria y moneda extranjera.
La dificultad alcanza a quienes buscan productos de primera necesidad
El caso no se limitó a un alimento. Kenders vinculó su experiencia con la de personas que necesitan medicamentos, leche, artículos de higiene o comida para niños y adultos mayores. La incertidumbre comienza antes de ingresar a un establecimiento: primero hay que localizar el artículo y después comprobar cuál es la forma de pago aceptada.
“Tener dinero y poder comprar pueden ser dos cosas completamente diferentes”, planteó el periodista en el artículo de Havana Times. Para quien buscaba pollo para una sopa destinada a una persona enferma, la combinación de escasez, precios y restricciones de pago terminó con las manos vacías.
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