En Cuba, el término “pinguero” se utiliza en la jerga popular para referirse a hombres que ofrecen servicios sexuales, en especial a extranjeros o a personas con acceso a divisas. Según información de Diario de Cuba.
La palabra suele asociarse al “jineterismo”, una expresión más amplia que alude a las relaciones económicas informales alrededor del turismo, que pueden incluir desde la oferta de compañía hasta la prostitución. No son sinónimos exactos: “pinguero” identifica de forma más específica a quienes ejercen el trabajo sexual masculino.
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La visibilidad de este fenómeno aumentó durante el Período Especial de la década de 1990, cuando la caída de los ingresos, el desabastecimiento y la apertura al turismo internacional modificaron parte de la economía cotidiana de la isla. Un artículo publicado en 2013 por Diario de Cuba, citado en el material aportado, definió el pinguerismo como el intercambio de servicios sexuales por dinero, bienes u otros beneficios.
Una entrevista difundida por el canal de YouTube Anneon, dedicado a contenidos sobre la comunidad LGBTIQ+ en Cuba, expone esa realidad a través del testimonio de Ángelo Eloy Echavarría, un habanero de 27 años que se presenta como “chico de compañía”.
El joven aseguró que acude a espacios nocturnos de La Habana, como el cabaret Las Vegas, con la expectativa de contactar turistas. Según explicó, la entrada al local costaba 400 pesos cubanos y no siempre contaba con ese dinero, por lo que en ocasiones permanecía afuera o pedía ayuda a conocidos para ingresar.
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Ángelo dijo que su principal clientela está entre los turistas mexicanos
Echevarría contó que, una vez dentro de las discotecas o bares, inicia conversaciones con turistas para conocer su procedencia y plantea desde el comienzo que ofrece servicios sexuales. “Yo le digo que soy chico de compañía”, afirmó durante el reportaje.
De acuerdo con su relato, el precio promedio que cobra a visitantes extranjeros ronda los USD 25, aunque indicó que las tarifas pueden elevarse a USD 30 o USD 50. Dijo que los clientes mexicanos son los más frecuentes dentro de su experiencia, aunque también mencionó contactos con visitantes de otros países.
Cuando se le consultó sobre la posibilidad de trabajar con cubanos, sostuvo que el valor sería distinto y calculó una tarifa de entre 8.000 y 10.000 pesos cubanos. Justificó esa diferencia por la brecha entre la capacidad económica de los visitantes extranjeros y la población local.
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El entrevistado señaló que los encuentros suelen producirse en casas de alquiler o en los alojamientos de los turistas. También afirmó que, hasta ese momento, no había tenido conflictos con clientes ni con otros hombres que realizan la misma actividad.
El costo de moverse por la ciudad limita sus posibilidades de trabajo
El testimonio también expone el impacto de la crisis económica en los desplazamientos y en la vida nocturna. Echevarría relató que un viaje en taxi hacia Guanabacoa podía costar 2.500 pesos cubanos, una suma que, según dijo, le impedía visitar con frecuencia zonas de playa o puntos de encuentro como Mi Cayito.
En una de las noches descritas en la entrevista, aseguró que llevaba 500 pesos cubanos, una cifra que el conductor del programa equiparó a cerca de un dólar. Con ese dinero, debía decidir si esperaba una oportunidad de trabajo, conseguía el transporte de regreso o buscaba ayuda entre conocidos.
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El joven vive en Arroyo Naranjo con su madre y una hermana de cinco años. Dijo que su familia conoce, al menos de forma parcial, a qué se dedica, aunque evitó profundizar sobre el tema. “Siempre me ha dicho que me proteja”, afirmó al recordar los consejos de su madre.
También sostuvo que utiliza preservativo durante los encuentros sexuales y que rechaza, en principio, mantener relaciones sin protección. Ante una pregunta hipotética sobre una oferta de USD 5,000 por sexo sin preservativo, respondió que no sabía qué decisión tomaría y que dependería de la situación.
El entrevistado afirmó que quiere emigrar de Cuba
Echevarría tiene noveno grado de escolaridad y contó que antes trabajó en un mercado de viandas. Considera que su actual actividad le da mayores ingresos que aquel empleo, aunque aseguró que no quiere dedicarse a ello de forma permanente.
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“Tengo 27 años y no veo que he vivido nada. Quiero conocer cosas del mundo”, dijo al explicar su deseo de salir de Cuba. También recordó que practicó béisbol durante su adolescencia, aunque considera difícil retomar ese camino a su edad.
En otro tramo de la entrevista, relató una experiencia con un turista brasileño que, según su versión, pactó un pago de 20 euros y finalmente le entregó 10. El joven definió el episodio como una estafa.
El material incluye referencias a controles policiales sobre personas que se acercan de forma insistente a turistas. No obstante, la entrevista no aporta documentación oficial sobre esos procedimientos ni sobre el alcance de la legislación cubana respecto del trabajo sexual. El testimonio retrata una experiencia individual, atravesada por la búsqueda de ingresos en una economía marcada por la escasez y la caída del turismo.
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