El colapso persistente del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) en Cuba continúa desnudando la parálisis operativa del país y la extrema fragilidad de su infraestructura básica. Las recientes declaraciones publicadas por el activista y líder opositor José Daniel Ferrer García resumen la indignación y desesperación de millones de ciudadanos en la isla: “Más de 17 horas después del colapso del Sistema Eléctrico Nacional ocurrido el viernes 18 de septiembre, amplias zonas de Cuba permanecían sin electricidad durante la mañana de este sábado”.
Ferrer García, fundador de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) y uno de los referentes de derechos humanos más prominentes del siglo XXI en el país, se encuentra residiendo exiliado en Miami, Estados Unidos, desde octubre de 2025, tras haber sido forzado a abandonar la isla por las autoridades como condición para su excarcelación. Desde el destierro, el líder opositor mantiene sus denuncias sobre el constante deterioro social y económico que sufren las familias cubanas a causa de la gestión gubernamental.
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Con la falla generalizada registrada este fin de semana, el régimen de Cuba suma un total de 8 apagones nacionales en lo que va del año. El reciente evento tuvo su origen en un fallo grave en las líneas de transmisión de alta tensión de 220 kV que conectan la provincia de Matanzas con Cienfuegos. Este disparo provocó un desequilibrio de frecuencia en la red que derivó en la caída en cadena del sistema de este a oeste, dejando a oscuras a las provincias desde Pinar del Río hasta Guantánamo.
Hasta este momento, el servicio eléctrico no se ha restablecido en su totalidad. La recuperación del Sistema Eléctrico Nacional avanza de manera fragmentada, lenta y extremadamente inestable mediante la creación de “microsistemas” e “islas” de generación local para energizar paulatinamente algunas regiones e instalaciones prioritarias:
- La Habana y zonas urbanas: La capital apenas ha logrado energizar cerca del 38% de sus clientes, mientras que más del 60% de los circuitos continúan totalmente a oscuras. Muchos vecindarios que lograron recuperar el suministro durante breves lapsos de la madrugada sufrieron nuevos “disparos” y cortes pocas horas después.
- Provincias del interior: En regiones como Sancti Spíritus, Matanzas, Holguín y Santiago de Cuba, el suministro nacional no se ha logrado interconectar.
- Incertidumbre oficial: El Ministerio de Energía y Minas y la estatal Unión Eléctrica (UNE) continúan realizando maniobras para incorporar plantas térmicas de gas y unidades de generación.
Deterioro técnico y severa escasez de combustible
La causa estructural de este colapso radica en la combinación de plantas termoeléctricas obsoletas y la falta de divisas para importar hidrocarburos. Las principales centrales termoeléctricas del país sobrepasan los 40 años de explotación continuada y sufren un déficit profundo de mantenimiento preventivo y capital, lo que provoca frecuentes roturas de calderas, fallos en turbinas y fugas de vapor.
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A esta arruinada infraestructura se suma la inoperatividad de los parques de generación distribuida (motores diésel y fueloil), diseñados para suplir la demanda cuando caen las termoeléctricas. Por lo que, la ausencia de fluido eléctrico repercute gravemente en los derechos fundamentales de la población y en la estancada economía del país:
- Pérdida de alimentos básicos
- Parálisis del bombeo de agua
- Colapso de servicios e instituciones.
Mientras las autoridades continúan atribuyendo las causas del problema a factores externos, la ciudadanía padece una cotidianidad marcada por largas jornadas en penumbra. La frase emitida por Ferrer García desde el exilio resume el sentir de los sectores críticos que sostienen que el problema energético no es únicamente técnico, sino el síntoma visible de un modelo político incapaz de ofrecer estabilidad básica a su población.
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