El fortalecimiento del fenómeno de El Niño durante 2026 podría convertirse en una nueva fuente de presión sobre las empresas latinoamericanas debido a posibles aumentos en los costos de operación, problemas en el abastecimiento de agua y energía, interrupciones logísticas y dificultades para obtener materias primas.
Un análisis de WTW Corredores de Seguros advierte que los efectos del fenómeno climático podrían trasladarse directamente a las cuentas de las compañías y estima que los costos logísticos podrían incrementarse hasta un 15% como consecuencia de eventuales cuellos de botella en el transporte.
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El escenario coincide con las advertencias de organismos meteorológicos internacionales. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó a inicios de septiembre que El Niño se encuentra consolidado y se espera un fortalecimiento adicional durante los próximos meses.
Los pronósticos más recientes de la organización sitúan en prácticamente 100% la probabilidad de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027, mientras se anticipa que podría alcanzar una intensidad muy fuerte antes de llegar a su máximo hacia finales de este año.
Para América Latina, los efectos pueden variar considerablemente entre territorios. Algunas zonas podrían experimentar sequías y escasez de agua, mientras otras enfrentarían episodios de lluvias intensas, además de temperaturas más elevadas, mayor riesgo de incendios forestales y cambios en la disponibilidad de los recursos hídricos.
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Desde el punto de vista empresarial, esas alteraciones pueden generar consecuencias sobre la producción y distribución de bienes y servicios.
“El riesgo climático dejó de ser un asunto que las empresas pueden manejar únicamente desde el área de seguros. Tiene implicaciones sobre costos, producción, abastecimiento, logística, servicio al cliente y, en última instancia, sobre los resultados del negocio”, señaló Mauricio Granados, gerente general de WTW Corredores de Seguros.
Energía y agua entre los principales riesgos
Uno de los elementos que genera mayor atención es la disponibilidad de energía en mercados con una elevada participación de la generación hidroeléctrica.
Una reducción en los niveles de los embalses puede disminuir la capacidad de producir electricidad mediante esta fuente y obligar a determinados sistemas a recurrir a generación térmica, generalmente más costosa.
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Para las compañías con operaciones intensivas en consumo eléctrico, este escenario podría aumentar su exposición tanto a interrupciones del servicio como a incrementos en los costos energéticos.
La disponibilidad de agua representa otro punto crítico, particularmente para actividades agrícolas, industriales y productivas que dependen de grandes volúmenes para desarrollar sus operaciones.
WTW identifica entre los riesgos potenciales las restricciones en el suministro de agua y energía, aumento en los costos de operación, abastecimiento y transporte, retrasos en materias primas e insumos críticos, interrupciones provocadas por incendios y posibles incumplimientos contractuales.
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Presión sobre cadenas de suministro
Las consecuencias también podrían extenderse a las cadenas de abastecimiento regionales.
La recomendación para las empresas es monitorear no solo la disponibilidad de materias primas, sino además los tiempos de entrega, la evolución de sus precios y la dependencia de proveedores ubicados en regiones vulnerables a eventos climáticos o geopolíticos.
El análisis de WTW señala, por ejemplo, que alrededor del 30% del suministro de fertilizantes de América Latina procede de Oriente Medio, por lo que problemas en la disponibilidad o incrementos de precios pueden trasladarse a los costos de empresas agrícolas y otras actividades vinculadas con la producción de alimentos.
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“Una interrupción que comienza como un problema climático termina afectando el margen de una compañía si no existen proveedores alternos, inventarios adecuados, rutas logísticas de contingencia o fuentes de respaldo para servicios críticos”, explicó Granados.
En el caso del transporte, las afectaciones sobre carreteras, puertos u otras infraestructuras estratégicas pueden generar retrasos que terminan propagándose hacia distintos puntos de las cadenas de suministro.
De acuerdo con WTW, estos cuellos de botella podrían provocar incrementos de hasta un 15% en los costos logísticos.
Empresas deben pasar de reaccionar a anticiparse
Ante este escenario, la firma recomienda que las empresas dejen de abordar los eventos climáticos únicamente cuando generan una emergencia y comiencen a incorporarlos dentro de sus estrategias de gestión de riesgos y continuidad del negocio.
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Entre las medidas planteadas se encuentran establecer indicadores de riesgo climático, actualizar planes de continuidad operacional, identificar proveedores alternativos y disponer de fuentes secundarias de agua, energía y combustibles.
También aconseja realizar simulaciones que permitan determinar si los protocolos de respuesta diseñados por una compañía realmente funcionarían ante una interrupción.
El análisis de las condiciones particulares de cada país resulta igualmente relevante.
Indicadores como las precipitaciones, niveles de reservas energéticas, anomalías de temperatura, disponibilidad de insumos y condiciones favorables para incendios forestales pueden servir como señales tempranas que permitan tomar decisiones antes de que una emergencia interrumpa las operaciones.
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Nuevos seguros frente al clima
WTW también plantea revisar las estrategias utilizadas para transferir financieramente determinados riesgos.
Una de las alternativas son los denominados seguros paramétricos, que pueden establecer pagos cuando determinadas variables previamente definidas —como cantidad de lluvia, temperatura o velocidad del viento— alcanzan ciertos niveles.
A diferencia de algunas coberturas tradicionales, este tipo de instrumento no necesariamente requiere un peritaje de daños en campo para activar una compensación, lo que puede acelerar la disponibilidad de recursos financieros después de determinados eventos.
Granados considera que las empresas deberían evaluar el riesgo más allá de la probabilidad de que ocurra un fenómeno climático.
“La pregunta para los gerentes no debería ser únicamente qué tan probable es que ocurra un evento climático, sino cuánto le costaría a la compañía detener una operación crítica, perder un proveedor estratégico o no poder cumplir con sus clientes”, afirmó.
Para el ejecutivo, “esa perspectiva cambia la forma de tomar decisiones y permite asignar recursos donde realmente pueden reducirse las pérdidas”.
Con un El Niño que continúa fortaleciéndose durante 2026, la recomendación para las empresas latinoamericanas es revisar anticipadamente sus niveles de exposición, identificar puntos vulnerables dentro de sus cadenas de suministro y preparar alternativas antes de que las alteraciones climáticas terminen convirtiéndose en pérdidas operativas y financieras.
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