Casi 33 años después de la muerte de uno de los capos más peligrosos del país, Pablo Escobar, su nombre sigue dando vueltas en la memoria colectiva y en las autoridades colombianas que, en las últimas horas, confirmaron la demolición de uno de los predios vinculados con su historia.
Según informó la Alcaldía de Medellín, ya inició la obra para derrumbar una casa abandonada que tuvo relación con el narcotraficante y que estaría ocasionando problemas de seguridad y orden público en el sector de El Poblado.
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Y es que la vivienda permaneció deshabitada poco más de siete años, luego de que el predio de casi 2.000 metros cuadrados quedara bajo control del Fondo para la Rehabilitación, Inversión Social y Lucha contra el Crimen Organizado (Frisco), administrado por la Sociedad de Activos Especiales (SAE), tras un proceso legal cuya decisión fue confirmada en 2020.
Desde entonces, residentes del sector y las propias autoridades denunciaron problemas de seguridad, consumo de drogas y actividades relacionadas con el narcoturismo, por lo que la intervención busca recuperar el espacio y evitar que el inmueble siga asociado con la exaltación del antiguo capo.
La propiedad fue adquirida en 1979 por Victoria Eugenia Henao, esposa de Escobar. Sin embargo, la Fiscalía General de la Nación inició un proceso de extinción de dominio en 2004 que también vinculó otros predios y bienes muebles del capo colombiano.
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La vivienda está ubicada en el cruce de la carrera 42 con la calle 16B Sur, en el barrio El Diamante, sobre un terreno de 1.854 metros cuadrados. Según la Secretaría de Seguridad, desde que el lugar quedó bajo control del estado, era utilizado para consumir drogas y licor, realizar encuentros sexuales y, de acuerdo con relatos conocidos por las autoridades, hasta practicar rituales de magia oscura.
“En Medellín no hay lugar para la apología al narcotráfico ni para que inmuebles abandonados se conviertan en escenarios que afectan la seguridad y la convivencia. Hoy comienza la demolición de una propiedad que durante años representó una problemática para la comunidad. Estamos enviando un mensaje claro: en esta ciudad no tiene cabida nada que haga apología al delito”, comentó el alcalde (e) de Medellín, Manuel Villa Mejía.
El inmueble también atraía grupos de visitantes interesados en el narcoturismo y en la figura de Escobar. Las actividades generaron preocupación entre los vecinos por el deterioro de la seguridad y la convivencia en el sector.
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“Estábamos detrás de la Alcaldía porque en esta casa venían y hacían ritos satánicos, o venían a consumir y a vender droga. Para nosotros, como vecinos, esto era muy incómodo. Estamos felices con la demolición porque tumbar esta casa era algo que nos habían prometido hace años”, señaló uno de los residentes en diálogo con El Colombiano.
La demolición comenzó después de que el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres (Dagrd) emitiera un concepto técnico favorable y la Inspección de Convivencia y Paz autorizara el desmonte. Luego, el Distrito realizó las gestiones ante la SAE para ejecutar la intervención.
“Medellín no puede seguir permitiendo que lugares relacionados con el pasado criminal sean utilizados para promover el narcoturismo o actividades que deterioran la convivencia. La ciudad se construye desde la legalidad, el respeto por los ciudadanos y la recuperación del territorio. Aquí no se glorifica a los delincuentes, se protege a la comunidad”, afirmó el alcalde (e) Manuel Villa Mejía.
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Entretanto, queda pendiente conocer el futuro que tendrá el predio de casi 2.000 metros cuadrados que sigue vinculado al narco colombiano. Según se conoció, aunque seguirá en manos de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), no se descarta que el terreno pueda pasar a manos de la Alcaldía de Medellín para adelantar un proyecto de infraestructura.
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