Una factura de energía de $175.000 podría llegar costar $227.300 mensuales si coinciden un incremento tarifario y un consumo 20% superior durante un episodio de fenómeno de El Niño, según un estudio de la firma Russell Bedford. El cálculo representa $52.250 adicionales al mes para hogares de estratos tres y cuatro.
La proyección parte de una tarifa residencial cercana a $875 por kilovatio hora, correspondiente a septiembre en los principales operadores del país. El análisis toma como referencia un hogar que eleva su consumo mensual de 200 a 240 kilovatios hora y considera un encarecimiento de 18,7% en la generación de energía.
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Bajo esa hipótesis, la tarifa total aumentaría 8,2%, siempre que los demás componentes del recibo permanezcan sin cambios. Si ese escenario se mantuviera durante un año, el desembolso adicional llegaría a unos $627.000.
El informe aclara que se trata de una simulación y no de un aumento ya definido. Las tarifas varían según la región, la empresa prestadora del servicio y el estrato socioeconómico.
El estudio también advierte que el aumento en el presupuesto familiar no dependería solo del uso de aparatos para mitigar el calor. La reducción de lluvias puede afectar los embalses, elevar los costos de generación eléctrica y presionar los precios de los alimentos por las pérdidas o menores rendimientos en las cosechas.
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Por su parte, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) estima una probabilidad superior al 90% de que se presente un fenómeno de El Niño muy fuerte entre finales de 2026 y comienzos de 2027, de acuerdo con la información citada por la firma.
“En términos financieros, una familia con poco margen después de pagar el arriendo o la cuota del crédito de vivienda, la alimentación y los servicios públicos puede sentir con fuerza incluso un aumento aparentemente pequeño”, afirmó Mauricio Serna, socio de Finanzas Corporativas de Russell Bedford.
El impacto podría ser mayor si se activan recargos por consumo. La Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) contempla cargos adicionales cuando un usuario supera el 110% de su meta individual: 30% para los estratos uno a tres y 50% para los estratos cuatro a seis, con topes y excepciones. El primer ciclo tiene carácter pedagógico y no genera cobro, pero la medida puede trasladarse luego a la factura.
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La firma incluyó ejemplos de gastos cotidianos para mostrar el efecto de hábitos de consumo aparentemente menores. Cuatro personas que prolonguen cinco minutos cada ducha diaria podrían sumar 55 kilovatios hora en un mes, si usan una ducha eléctrica de 5.500 vatios.
Con la tarifa tomada como referencia, ese consumo adicional costaría cerca de $48.100 mensuales, sin incluir el gasto de agua ni eventuales recargos por exceso de consumo.
La refrigeración también concentra una parte relevante de la demanda energética residencial. Según la caracterización de la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme) citada en el estudio, las neveras representan 52% del consumo eléctrico en climas templados, 49% en climas fríos y 45% en climas cálidos.
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La comparación entre dos equipos con consumos mensuales de 70 y 30 kilovatios hora ilustra la diferencia: el aparato menos eficiente podría representar cerca de $35.000 más al mes y unos $420.000 en un año, si la tarifa no cambia.
Antes de sustituir un electrodoméstico, el informe sugiere revisar el estado de los empaques, la ventilación y el mantenimiento. También recomienda evitar duplicar cálculos, dado que el consumo de esos aparatos ya está incluido en el total del recibo de energía.
Russell Bedford planteó que el costo inicial de un equipo eficiente debe compararse con el ahorro previsto y con otros gastos asociados. Si un electrodoméstico cuesta $600.000 más que una alternativa y reduce la factura en $25.000 al mes, recuperar la diferencia tomaría 24 meses.
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“La eficiencia no debe confundirse con comprar más”, sostuvo Serna. El especialista indicó que en esa cuenta deben entrar el transporte, la instalación, el mantenimiento y los intereses en caso de financiación.
“Si la financiación absorbe el ahorro, cambiar el equipo puede mejorar el consumo eléctrico y empeorar el presupuesto”, agregó el socio de Finanzas Corporativas de Russell Bedford.
La recomendación es revisar entre dos y tres facturas antes de decidir qué electrodoméstico conviene reemplazar. Ese análisis permitiría identificar si el mayor gasto proviene de un aparato específico, de cambios en los hábitos de consumo o de variaciones tarifarias.
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Los alimentos podrían sumar $39.000 a un mercado mensual de $1 millón
La presión sobre el presupuesto también podría trasladarse a la canasta básica. Según los datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) incluidos en el informe, los alimentos acumularon un aumento de 7,16% entre enero y agosto.
El documento cita además un análisis de Corficolombiana, según el cual los episodios fuertes de El Niño elevaron históricamente la inflación de alimentos en 3,9 puntos porcentuales frente a períodos de condiciones climáticas neutras.
Con esa referencia, un mercado de $1 millón al inicio de una comparación anual podría terminar con un costo $ 39.000 superior al que tendría sin ese efecto climático. El estudio precisa que se trata de una diferencia acumulada hacia el final del año y no de un incremento adicional en cada compra quincenal.
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“Ante una temporada seca prolongada, es prudente separar un pequeño monto para posibles aumentos de servicios, mantenimiento de equipos o reparación de fugas”, aconsejó Serna.
La firma recomendó revisar seis meses de facturas, comparar los alimentos por precio por kilo y ajustar las compras al consumo real de cada familia. La reserva para imprevistos, según el informe, puede reducir la necesidad de financiar con tarjeta de crédito un recibo elevado, un arreglo doméstico o una compra de mercado.
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