Las Fuerzas Militares de Colombia participaron en Scarlet Dragon, un ejercicio realizado en Fort Bragg, Carolina del Norte, entre el 11 y el 17 de septiembre, para entrenar a sus militares frente a ataques de drones que pueden desplegarse de forma simultánea y superar la capacidad de respuesta de una unidad en combate.
Las maniobras, dirigidas por el XVIII Cuerpo Aerotransportado del Ejército de Estados Unidos, buscaron probar sistemas de detección, seguimiento y neutralización de aeronaves no tripuladas, según informó El Tiempo.
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La preparación coincide con el aumento de ataques con drones cargados de explosivos en Colombia. Desde 2023 se registraron más de 650 ataques de este tipo y el lanzamiento de más de 1.300 granadas desde aeronaves no tripuladas contra unidades de la Fuerza Pública y otras posiciones.
El Cauca y el Catatumbo concentran buena parte de los hechos. Las disidencias lideradas por Iván Mordisco son la estructura armada que más recurrió a ese mecanismo, de acuerdo con la información conocida por el diario colombiano.
Los uniformados colombianos entrenaron junto a soldados de varios países en escenarios que reprodujeron las dificultades de detectar una aeronave durante una operación. El desafío no se reduce a derribar un aparato: también exige identificarlo, determinar su trayectoria, calcular su amenaza y transmitir los datos al sistema que debe intervenir.
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Enjambres de hasta 100 aeronaves y defensas integradas
Las prácticas incluyeron enjambres de hasta 100 aeronaves no tripuladas en vuelo simultáneo. Esos escenarios permitieron medir si los sistemas podían localizar múltiples objetivos, procesar la información recibida y entregar datos a las unidades encargadas de reaccionar.
El Departamento de Guerra de Estados Unidos señaló que Scarlet Dragon reunió a soldados, sistemas militares, inteligencia artificial, redes de datos resistentes y empresas de la industria de defensa. El objetivo fue integrar sensores, guerra electrónica, mecanismos de mando y control y capacidades de fuego defensivo ante la transformación de las amenazas aéreas no tripuladas.
El coronel del Ejército de Estados Unidos, Tom Monahan, director del Puesto de Innovación Conjunta del XVIII Cuerpo Aerotransportado, definió el alcance de las pruebas: “Scarlet Dragon se ha convertido en una actividad de validación en terreno, con soldados que ejecutan tareas integradas, reales y de carácter operativo”.
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Los equipos no fueron examinados por separado. Radares, sensores acústicos, sistemas de interferencia electrónica, plataformas autónomas y defensas portátiles debieron operar de forma conjunta en condiciones similares a las que enfrentan las tropas en una misión.
El coronel del Ejército de Estados Unidos Paul Staeheli, oficial de operaciones del XVIII Cuerpo Aerotransportado, explicó que el proceso parte de las carencias detectadas en el campo: “Básicamente, se trató de transformar las brechas existentes en requerimientos de capacidades que necesitamos, identificar las capacidades que permitirán cubrir esas brechas y luego someterlas a pruebas y experimentación durante el ejercicio para obtener conclusiones que respalden a los combatientes”, dijo en decla.
La rapidez en la circulación de información fue otro de los puntos examinados. Los participantes midieron cuánto tarda un soldado en advertir una amenaza y enviar los datos necesarios para que otro componente militar pueda actuar.
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El coronel del Ejército de Estados Unidos Rob Kenny, jefe de Fuegos del XVIII Cuerpo Aerotransportado, sostuvo que ningún equipo puede cubrir por sí solo todas las necesidades: “Lo que hemos descubierto es que no existe un único sensor capaz de detectarlo todo. Se necesita un enfoque integrado y por capas”.
Kenny detalló que la guerra electrónica, los sensores, los radares, los sistemas autónomos y las capacidades de fuego defensivo cumplen funciones distintas para detectar, identificar y neutralizar drones. La combinación de esas herramientas permite responder a adversarios que modifican de manera constante sus formas de empleo de aeronaves no tripuladas.
La prueba de tecnologías junto a los soldados
Las maniobras también funcionaron como un espacio de evaluación para compañías dedicadas al desarrollo de tecnología militar. Sus técnicos trabajaron con los soldados, observaron el comportamiento de sus equipos en entornos operativos y recibieron comentarios directos sobre las fallas detectadas durante las pruebas.
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El sargento primero del Ejército de Estados Unidos Charles Johnson, suboficial a cargo del nodo de la compañía, describió la presencia de los contratistas: “Los proveedores que están aquí son contratistas de diferentes empresas que buscan mostrar las limitaciones y capacidades de sus sistemas. Están presentando todo el alcance de lo que pueden hacer sus equipos y cómo pueden ayudarnos de la mejor manera posible”.
La experiencia permitió que los desarrolladores conocieran el desempeño de sus tecnologías en ejercicios militares realistas. Los soldados, a su vez, aportaron observaciones que pueden influir en el diseño de herramientas destinadas a futuras unidades.
El XVIII Cuerpo Aerotransportado evalúa qué capacidades pueden incorporarse a sus formaciones y de qué manera pueden operar juntas contra ataques con drones. Las pruebas abarcaron desde sensores pasivos y radares portátiles hasta sistemas autónomos y tecnologías destinadas a interrumpir la comunicación entre una aeronave y quien la controla.
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Monahan afirmó que el cuerpo militar trabaja en la integración de tecnologías autónomas con sistemas ya existentes para responder a una amenaza que cambia con rapidez. El Departamento de Guerra de Estados Unidos indicó que las jornadas buscaron preparar a los soldados para campos de batalla donde los sistemas no tripulados tendrán una presencia cada vez mayor.
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