La biodegradación del plástico gana espacio en Colombia con la llegada de RAWS (Return to Air, Water and Soil), una tecnología aditiva para plásticos convencionales que se incorpora al proceso de fabricación en una proporción del 1% y que, según la empresa que la comercializa, busca favorecer la degradación del material sin generar microplásticos en un momento de mayores exigencias regulatorias.
RAWS es una tecnología desarrollada por RAWS Americas para resinas como polietileno (PE), polipropileno (PP) y tereftalato de polietileno (PET). Según la información suministrada por la empresa, el aditivo acelera la despolimerización del plástico en determinadas condiciones, incluidas condiciones anaeróbicas similares a las de un vertedero, y puede incorporarse sin modificar la resina, la maquinaria ni los proveedores.
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Colombia busca alternativas frente al impacto ambiental de los residuos plásticos, una parte de los cuales termina en ríos, suelos y océanos durante siglos. En ese contexto, la propuesta también se presenta como compatible con resina reciclada posconsumo (PCR) y apta para contacto con alimentos, siempre según la información de la empresa.
El propio material fija, sin embargo, un límite central. Las afirmaciones sobre biodegradación y ausencia de microplásticos corresponden al fabricante y no constituyen, por sí solas, una validación independiente de los resultados.
Cómo funciona y cómo se incorpora a la fabricación
El mecanismo descrito por la empresa se basa en la Asimilación Térmica Aleatoria. Según esa explicación, el aditivo se activa con calor de baja temperatura, por encima de 25℃, y con humedad superficial para actuar sobre las cadenas de polímeros.
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Ese proceso reduce el peso molecular del plástico de manera que bacterias naturales del ambiente puedan digerir el material y convertirlo en dióxido de carbono, agua y sal.
El sistema actúa mediante radicales libres y transforma el plástico en compuestos que pueden ser metabolizados por microorganismos presentes en el suelo. La empresa sostiene además que puede adaptarse a productos como películas agrícolas, envases y artículos de plástico durable sin cambios sustanciales en las líneas de producción.
Qué respaldo técnico se conoce
La empresa afirma que la tecnología fue evaluada en laboratorios acreditados ante ONAC e ILAC. Entre los ensayos citados figuran pruebas bajo la norma ISO 15985:2014, orientada a medir biodegradación anaeróbica y desintegración mediante análisis de biogás.
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El material distingue entre despolimerización o fragmentación, biodegradación y mineralización completa. Este último criterio es el más exigente para sostener que el carbono del polímero terminó convertido en productos finales y que no quedaron microplásticos persistentes.
La apuesta en Colombia ante nuevas exigencias al sector
En GROBMA SAS, compañía colombiana especializada en soluciones de empaque y reempaque, la búsqueda de alternativas para reducir el impacto ambiental del plástico comenzó hace 15 años. Ese trabajo apuntó a no sacrificar costos, compatibilidad con la maquinaria existente ni cumplimiento normativo.
Durante los últimos años, la empresa trabajó en la incorporación de esta tecnología al mercado colombiano, con procesos de validación científica, ensayos de laboratorio, certificaciones y trazabilidad. El proyecto lo encabezan Sebastián Montejo gerente general de GROBMA SAS y Juan Camilo Montejo fundador de la compañía.
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La llegada de esta propuesta coincide con nuevas obligaciones para el sector fijadas por la Ley 2232 de 2022 y la Resolución 0803 de 2024. En ese marco, la apuesta se centra en cambiar lo que ocurre con el plástico cuando termina su vida útil, más que en alterar la forma tradicional de fabricarlo.
La promesa empresarial apunta a que el plástico no cierre su ciclo como un residuo persistente.
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