Tras la instalación del Congreso de la República, Honorio Henríquez, del Centro Democrático, fue elegido presidente del Senado de la República de Colombia para el periodo legislativo 2026-2027. En la votación, Henríquez logró conseguir 56 votos, mientras que Alfredo Deluque, del partido de la U y candidato respaldado por el Gobierno electo de Abelardo de la Espriella, solo obtuvo 45.
Como líder del Senado, Henríquez también asumirá la presidencia del Congreso de la República. Entre sus responsabilidades principales se destacan dirigir las sesiones plenarias, coordinar la agenda legislativa y representar al poder legislativo en actos protocolarios, conforme con lo estipulado en la Constitución y la Ley 5 de 1992.
Debido a que lo habitual es que el presidente del Congreso (en el primer año de mandato) sea un candidato respaldado por el presidente electo, el triunfo de Henríquez representó una derrota para Abelardo de la Espriella y para su designado ministro del Interior, Rodrigo Lara.
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Experto analizó la primera derrota de Lara en el Ministerio del Interior
En diálogo con Infobe Colombia, Alejandro Toca, coordinador de la Maestría en Gestión Pública de la Universidad Politécnico Grancolombiano, indicó que la derrota de De la Espriella en el Senado se debe leer de manera correcta y no como un escenario fatal para el presidente electo.
“Esta derrota debe dimensionarse correctamente. No significa que perdió el Congreso, en la Cámara eligió a Barguil y el mismo Henríquez pertenece a un partido que va a apoyar al Gobierno. Es más profunda en el sentido de que perdió el intento de elegir quién lideraba la coalición. Ahora no es autoridad sobre los partidos que lo apoyaron. El Centro Democrático le recordó que tiene un liderazgo propio en Álvaro Uribe Vélez. Ahora hay dos centros de poder y esto obligará a que el presidente negocie antes de la posesión”, anticipó el experto.
Sobre la alianza que se registró entre el Pacto Histórico y el Centro Democrático durante la elección, Toca anticipó que se trata de un escenario que podría repetirse si el nuevo gobierno no se acomoda mejor a las dinámicas del Congreso.
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“La alianza entre el Pacto Histórico y el Centro Democrático se habla poniendo un apellido. Fue una coalición negativa, votaron por el mismo candidato porque coincidieron en que se debía derrotar al candidato de Abelardo de la Espriella. Había que negarle al presidente electo la presidencia del Senado y conservar la relevancia tras perder las elecciones presidenciales. El Pacto Histórico demostró que sus votos son significativos, mientras que el Centro Democrático se consolidó y le recordó a De la Espriella que no serán socios subordinados. No hay una reconciliación entre el Pacto Histórico y el Centro Democrático, pero se revela algo importante: el Pacto Histórico será árbitro ocasional y el Centro Democrático va a combatir por la conducción de la derecha”.
Para el experto, Rodrigo Lara comenzará su gestión como ministro del Interior con menos fuerza de lo que se esperaba, puesto que fue notorio que intentó que Alfredo Deluque fuera presidente del Senado.
“Rodrigo Lara llega al ministerio muy debilitado, pero no necesariamente desautorizado. La diferencia es importante porque fue su primera operación política, intervino públicamente para intentar conseguir el apoyo del Centro Democrático y anunció que la candidatura de Henríquez dependería del Pacto Histórico. Lara no consiguió convertir el apoyo en votos efectivos.
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Para Alejandro Toca, lo registrado el 20 de julio no es el resultado de un error de cálculo de Lara, sino la muestra de que deberá aprender de manera rápida los retos que representará su cargo para que el presidente electo pueda gobernar.
“No es que haya calculado mal, él debe conocer los intereses reales de las bancadas y traducir esto en acuerdos para generar mayorías. La votación secreta de algunos demostró que Lara conoce los compromisos, pero no controla las dinámicas del Senado. Ahora deberá reconstruir la relación con el Centro Democrático, dejará de contar partidos completos y comenzará a formar mapas por intereses individuales. La tercera corrección es compleja porque han prometido una comunicación transparente y eso es valioso, pero si se renuncia al intercambio burocrático, hay que reemplazarlo por compromisos verificables con participación en la agenda y acuerdos territoriales. No hay gobernabilidad gratuita”.