A la par de la controversia que enfrenta por las decisiones de tipo político que vinculan a su administración, como la determinación de la titular de la Comisión de Acusaciones de la Cámara, Gloria Arizabaleta, de suspenderlo de su cargo por 11 días, el presidente de la República, Gustavo Petro, ha decidido inmiscuirse en otros asuntos, aprovechando la víspera de la Copa del Mundo de la FIFA.
Uno de ellos es el respaldo que el jefe de Estado le dio al árbitro somalí Omar Artan, que si bien había sido seleccionado por la Federación Internacional de Fútbol para dirigir en el evento orbital, al final fue excluido, según los argumentos del gobernante, por una “razón racial”. Por ello llevó al plano político lo sucedido con el silbato internacional, cuyo caso tuvo un alcance mediático importante.
“En un mundial de fútbol jamás se debió haber excluido una persona por el color de su piel, como al árbitro Omar Artan”, escribió Petro en su perfil de X, en reacción al video en el que se ve cómo fue el recibimiento del silbato en el estadio de Mogadiscio, una de las dos capitales del país africano, en el que una multitud en las tribunas ovacionó al réferi, como si hubiera dirigido la final del evento orbital.
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Es válido recordar que el episodio que causó esta reacción fue la retención de once horas al colegiado en el aeropuerto de Miami (Estados Unidos) y su posterior deportación, pese a que el juez tenía visa aprobada y documentos de la FIFA en regla. La medida, de acuerdo con las autoridades migratorias, se justificó por “preocupaciones en la verificación de antecedentes” vinculadas a seguridad nacional.
Pese a que Artan había sido distinguido como el mejor árbitro de África en 2025 y estaba llamado a convertirse en el primer somalí en dirigir un partido en una Copa del Mundo, no hubo contemplaciones y fue expulsado del país norteamericano, lo que desató una ola de indignación mundialmente. En Somalia, en un acto de respeto al silbato, los fanáticos se congregaron en el escenario y lo alzaron en hombros.
Como se pudo apreciar, para el jefe de Estado colombiano la exclusión se debió por motivos distintos a los mencionados, mientras el caso fue epicentro de una fuerte controversia: los excesivos controles de los organismos de seguridad en EE. UU. que privaron al torneo de uno de los jueces mejor calificados y que pitó, entre otras, la final de la Liga de Campeones de la Confederación Africana (CAF) 2024-25.
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El caso que causó indignación mundial: Omar Artan, expulsado de EE. UU.
Omar Abdulkadir Artan llegó a Miami con autorización migratoria y con la documentación deportiva validada para su participación en actividades ligadas al torneo, tras recibir el nombramiento de la FIFA como parte del listado de 52 árbitros centrales dispuestos para el evento. Aun así, fue interceptado por autoridades migratorias de Estados Unidos apenas aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Miami.
Después de su rechazo, el somalí fue enviado de regreso en un vuelo hacia Turquía, y su ingreso al país quedó cancelado bajo el argumento de verificaciones de seguridad nacional relacionadas con presuntos vínculos con personas sospechadas de terrorismo en su región de origen. Aunque la federación de su país y la CAF intentaron interceder, no hubo manera de revertir la polémica decisión.
Y es que esta situación también expuso el poco margen de acción de la FIFA frente a las reglas internas de los países organizadores, pues el organismo se limitó a señalar que respeta las leyes migratorias de las naciones anfitrionas. Esa posición tuvo un efecto inmediato, pues al no poder ingresar al país fue retirado de la lista oficial de árbitros, pese a que la sede es compartida con México y Canadá.
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