La luz de la mañana del domingo 8 de junio de 2025 no avigoraba un clima alentador en Colombia. De hecho, la mayoría no pudo conciliar el sueño, luego de que el día anterior se revivieran esos momentos de angustia que parecían haber quedado atrás.
Colombia seguía conmocionada luego del atentado que sufrió el senador y candidato presidencial Miguel Uribe Turbay en Bogotá. Ya nada podía parecer peor, o eso se sentía en el ambiente de los habitantes de Paratebueno (Cundinamarca), municipio cercano a la capital colombiana.
Como cada mañana dominical, varios residentes asistían a la tradicional eucaristía. Otros se levantaban y ubicaban sus puestos de comercio para hacer lo del día. Y otra parte, acudían a locales comerciales a iniciar la jornada con un buen desayuno.
PUBLICIDAD
El reloj marcaba las 8:00 a. m. y se daba inició al encuentro religioso, y aunque para algunos era el génesis de un domingo ‘esplendido y hermoso’ (como dice la canción), ocho minutos después se comenzó a padecer el verdadero apocalipsis.
La multitud notó que algo no estaba bien, y en el momento menos indicado, la tierra comenzó a hablar, y no estaba muy contenta que digamos. Las casas empezaron a moverse de un lado a otro, los cables de energía se mecieron y las palomas del parque central volaron tan pronto como si no hubiera un mañana.
Pasaron cuatro horas para que se detuviera la furia de la tierra. Ese movimiento no solo despertó a esa población de Cundinamarca, sino que levantó a municipios aledaños y a gran parte de los bogotanos, en donde parecía que se estaba viviendo el verdadero fin del mundo (y no como en 2012).
PUBLICIDAD
La prensa y el voz a voz lo confirmaron. Fue un sismo de 6,5 en la famosa escala de Richter, además de 138 réplicas que movieron repentinamente a este bello municipio cundinamarqués.
El panorama era desalentador. 610 casas y 44 sedes educativas, que habían sido construidas con la mano pujante de los paratebonenses, se diluyeron en cuestión de segundos. La iglesia y la casa cural tampoco se salvaron de ello.
Entre los escombros, se encontraba Ana María Casas, una mujer de avanzada edad que había quedado atrapada en el hogar que la acogió por más de 25 años, y que solo pudo salir hasta que uno de sus hijos la logró sacar, pese a que tenía una cortadura en uno de sus brazos, según su relato a El Tiempo.
PUBLICIDAD
Tras ser llevada a la vivienda de su hijo, una de las pocas que el terremoto no destruyó, notó un ruido extraño. Era la hija de una vecina que se encontraba bajo escombros de madera. En medio de sus debilidades, llamó al “chino” (su hijo) para que la ayudara a rescatarla con vida.
Al igual que Ana María, otros 4.400 personas resultaron damnificadas por el fuerte sismo. Y aunque, en ese instante, parecía que su vida había sido diluida como cuando uno tumba un castillo de naipes, la vida les dio una segunda oportunidad.
De la tristeza a la alegría
365 días después, la tierra de Paratebueno es diferente. Aquellas viviendas que desaparecieron en esa fatídica mañana, hoy ya tienen forma. La primera casa reconstruida fue entregada por las autoridades departamentales a inicios de junio de 2026, y la primera beneficiaria fue Ana María.
PUBLICIDAD
Después de residir en Bogotá durante cuatro meses después del terremoto y, posteriormente, convivir con una de sus hijas, la Gobernación le entregó las llaves de su nueva casa.
Su caso encabeza una reconstrucción que, de acuerdo con Jorge Emilio Rey en declaraciones recogidas por El Tiempo, tendrá entregas en diferentes momentos: la Gobernación de Cundinamarca terminará sus viviendas en diciembre, la Corporación Minuto de Dios las entregará en octubre y la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres lo hará en 2027.
El proyecto prevé la entrega de 156 viviendas antes de terminar el año y de las restantes en el primer semestre de 2027 hasta completar 341 inmuebles, mientras una segunda fase abarcará las 600 edificaciones contempladas en el plan.
PUBLICIDAD
Según la Gobernación de Cundinamarca, las nuevas casas tendrán 70 metros cuadrados, jardín, acabados y tres habitaciones, una de ellas pensada para actividades productivas de sus ocupantes.
La promesa oficial es entregar inmuebles que resistan nuevos eventos sísmicos. Por eso, según la Gobernación de Cundinamarca, los diseños cumplen con todas las normas de sismorresistencia.