La llegada de la ciudadana colombiana Paula Álvarez a España marcó el inicio de una transformación personal y profesional que hoy resume el recorrido de muchas mujeres migrantes en el país.
Con solo 24 años, Paula dejó atrás su vida en Colombia, donde trabajaba como auxiliar contable, para enfrentar la incertidumbre de empezar de nuevo en un lugar desconocido.
En redes sociales relató: “Pasé de ser auxiliar contable en Colombia a limpiar pisos en España”. Su decisión de emigrar no fue sencilla ni inmediata. La joven reconoció que su familia dudaba de que pudiera sobrevivir lejos del entorno protector de sus abuelos: “No les cabía en la cabeza que la niña de la casa, que no sabía ni freír un huevo y se le quemaba el agua hervida, fuera capaz de sobrevivir en el exterior y mucho menos limpiando pisos”, rememora.
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Aunque Paula creció en un hogar donde casi no tenía responsabilidades domésticas, hubo un momento en que sintió la necesidad de salir de su zona de confort. “Muchos se preguntarán que por qué dejé un trabajo de oficina por algo tan difícil como es migrar. Y es que no solo es la estabilidad económica o laboral, sino la del hogar. Siempre viví con mis abuelos y aunque yo aportaba económicamente en la casa, para nadie es un secreto que en la casa de los abuelos o de los padres se tiene todo”, reflexionó sobre el ambiente que dejó atrás.
La motivación para marcharse no surgió únicamente de razones laborales. Paula confesó que no se imaginaba una vida monótona: “No me veía a los 40 años trabajando sentada en una oficina y sin haber experimentado la vida”, admitió. El consejo de su abuelo, quien siempre le animó a tener la vida que ellos no tuvieron, fue clave para dar el paso. “Siempre he querido salir a comerme el mundo, salir de mi zona de confort”, afirmó.
El viaje y los primeros pasos en España
Cuando llegó a España, Paula llevaba consigo solo lo imprescindible: “Una maleta de 10 kg, con dos pantalones, cuatro blusas y dos pares de zapatos, sin saber nada de lo que nos esperaba”.
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Nada en su vida anterior la había preparado para el trabajo doméstico. Paula reconoció que tuvo que aprender desde cero a limpiar y cocinar para poder sobrevivir en el nuevo país. “La niña de casa que tuvo que aprender a limpiar y a cocinar para poder sobrevivir en un país nuevo, me llevó a descubrir que me gusta la cocina. Me tocó aprender a limpiar. El que ha emigrado sabe que una se tiene que volver lo que nunca ha sido”, aseguró.
El orgullo del camino recorrido
En la actualidad, Paula comparte a través de TikTok su proceso de adaptación y todo lo aprendido desde su llegada a España. La joven se muestra satisfecha con lo conseguido hasta el momento: “Hasta el día de hoy estoy súper orgullosa de mí misma. Ver hasta dónde he llegado y todo el camino que me falta porque no piensen que me quiero quedar toda la vida trabajando en limpiezas”.
Aunque hoy trabaja limpiando pisos, Paula sabe que esta etapa es solo un punto de partida. Su objetivo es seguir creciendo profesionalmente y algún día emprender su propio negocio. “Soy una soñadora despierta, pero eso es lo que me mantiene en pie, vivir soñando hasta conseguirlo. Y si muchas personas lo han conseguido y lo han logrado ¿por qué yo no? Soy una auxiliar contable limpiando pisos, pero esto es solo el comienzo”.
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Una historia como la de tantas mujeres migrantes
Un dato del Instituto Nacional de Estadística (INE) de España revela la profunda feminización y extranjerización del empleo doméstico: alrededor del 45% de quienes trabajan en el sector son extranjeras y más del 95% son mujeres.
En la práctica diaria, estas trabajadoras no solo se encargan de la limpieza, sino que también asumen el cuidado de niños, mayores y personas dependientes. Tal combinación convierte sus labores en una pieza central del sistema de cuidados en España.