El incidente ocurrido en el vuelo AV46 de Avianca, que cubría la ruta Bogotá-Madrid el pasado 11 de marzo, ha desencadenado una controversia que involucra tanto a la aerolínea como al influyente creador de contenido Yeferson Cossio.
Según el comunicado oficial de la compañía, la ruptura del contrato de transporte con Cossio se produjo después de que este activara, de manera accidental o intencionada, un artefacto conocido popularmente como “bomba fétida” dentro de la cabina de pasajeros.
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El hecho, ocurrido en una situación de alta sensibilidad por la seguridad aérea, fue documentado tanto por la aerolínea como por testigos presentes, generando un amplio debate sobre los límites del comportamiento a bordo y las posibles consecuencias legales de este tipo de acciones.
Debido a este suceso, el piloto Christian Contreras ofreció una explicación detallada en su Instagram sobre las implicaciones que la activación de un artefacto químico puede tener en un vuelo comercial. Según Contreras, “la aviación no es una broma”, y el uso de estos productos en un entorno cerrado como la cabina de un avión representa riesgos serios tanto para la seguridad como para la salud de quienes viajan a bordo.
En su opinión, la liberación de compuestos químicos con olores simulados puede inducir pánico entre los pasajeros y confundir a la tripulación. Contreras advirtió: “Esos artefactos están compuestos de químicos que al activarse podrían ser inflamables y al liberarse en un espacio cerrado, como es la cabina de un avión, pues eso es supremamente riesgoso para todos a bordo”.
Subrayó que, ante un olor tan intenso, la tripulación podría sospechar la presencia de mercancías peligrosas o incluso una falla técnica, lo que podría forzar la declaración de una emergencia y desviar el vuelo, con las dificultades logísticas que implica estar en pleno Océano Atlántico, donde los aeropuertos alternos no están a corta distancia.
El piloto también abordó las consecuencias para la salud: “Estos químicos podrían generar alergias, irritaciones en mucosas, afectaciones respiratorias en personas asmáticas y todo esto volando en la mitad del Atlántico, donde los alternos no están tan cerca como cuando se está volando en área continental”, explicó Contreras, enfatizando la gravedad de la situación desde un punto de vista profesional.
En respuesta al incidente, Avianca fue tajante al informar la ruptura del contrato con Cossio e invocó el numeral 8.6 de su Contrato de Transporte, que permite sancionar a los pasajeros que incumplan normas de seguridad, interfieran con la tripulación o alteren el orden a bordo.
“Interpondremos las acciones legales correspondientes”, recalcó la compañía en su comunicado, dejando abierta la posibilidad de recurrir a instancias penales por considerar que la conducta puso en riesgo la seguridad aérea.
La aerolínea también argumentó que los aviones cuentan con sistemas de presurización y recirculación de aire, por lo que la introducción de sustancias volátiles puede desencadenar alertas injustificadas sobre posibles fugas o incendios. Además, al encontrarse el vuelo sobre el Atlántico, la falta de aeropuertos cercanos para aterrizaje de emergencia agravó la valoración del caso.
Tras la publicación del comunicado de Avianca y la rápida difusión del caso en redes sociales, Yeferson Cossio reaccionó en tono sarcástico a través de sus historias de Instagram: “¿Ah, cómo así? Yo por aquí apenas despertándome y ya me inventaron mero chisme. Vea qué bueno”.
Más adelante, el influenciador publicó un video explicando su versión de los hechos, en el que insistió en que fue accidental y negó que se tratara de una broma o estrategia para crear contenido.
“El stink bomb, el elemento que se despresurizó por accidente, sin intención, sin activación manual, no es inflamable, no genera combustión, no representa un riesgo real para la integridad de la aeronave ni para la continuidad del vuelo, tiene un alcance limitado y un efecto transitorio”, argumentó Cossio en su defensa, agregando que el olor no permaneció más de 2 minutos y fue controlado con un ambientador.
La representante legal del creador de contenido respaldó su relato, aclarando que el incidente fue real, pero accidental, y rechazó algún tipo de guion o intención publicitaria detrás del hecho.