La nueva distribución política en el Congreso de la República quedó definida el domingo tras las elecciones legislativas. El preconteo de votos, iniciado a las 4:00 p. m. al cierre de urnas, confirmó la victoria en las tres consultas electorales de Paloma Valencia, Claudia López y Roy Barreras.
En el Senado, la coalición Pacto Histórico logró una amplia ventaja al alcanzar el 22,84% de los votos, lo que equivale a 4.295.842 sufragios con el 89% de las mesas escrutadas.
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Tras la jornada del 8 de marzo de 2026, la colectividad a fin al gobierno de Gustavo Petro obtuvo más de 4 millones de votos en el Senado, asegurando 25 curules. Entre los elegidos destaca Deyci Alejandra Omaña, conocida como Amaranta Hank, exactriz de cine para adultos. En la Cámara de Representantes, Pacto Histórico y Centro Democrático encabezan la votación.
En vista del resultado, Hank, no dudo en confirmar esta victoria por medio de su cuenta de X: “Lo logramos”.
Amaranta Hank habló de su pasado en la industria para adultos y reveló por qué no piensa esconderlo en la política
La aspirante al Senado Amaranta Hank reivindicó abiertamente su pasado en la industria para adultos y aseguró que lejos de ser un obstáculo, esta experiencia le permitió conocer de primera mano la desigualdad, la resiliencia y la libertad, fundamentos que orientan su lucha política.
La mujer defendió el valor de su trayectoria al sostener que las mujeres que han trabajado en el ámbito sexual “aportan al PIB del país, sostienen economías populares, generan empleo y, sobre todo, mantienen a sus familias”.
Durante un TikTok en el que abordó la legitimidad de la participación política de mujeres provenientes de la industria sexual, Hank —exactriz porno y activista— cuestionó de forma directa los límites impuestos por la opinión pública y los prejuicios sociales: “¿Por qué una mujer que estuvo en la industria para adultos no puede aspirar a un cargo de elección popular? ¿Quién decidió que nuestra voz no vale?”, preguntó.
Al evocar casos como el de Cicciolina en Italia o Yvette Luhrs en Países Bajos, quienes han desempeñado cargos públicos tras trabajar en el cine para adultos, Hank insistió en que estas trayectorias dotan de conocimientos singulares sobre violencia estructural, desigualdad y capacidad de recuperación. Desde su perspectiva, el paso por la industria sexual “es conocimiento puro sobre desigualdad y violencia estructural, pero también de resiliencia, libertad e incluso placer. Y todo eso es político”.
En el contexto colombiano, la activista rememoró la figura de Ana la Putana, símbolo de organización laboral entre comunidades petroleras, para recalcar la influencia que han ejercido las trabajadoras sexuales en la transformación social y sindical. De acuerdo con Hank, el problema no es una falta de preparación, sino una “estructura de poder que consume servicios sexuales de manera masiva, pero que se niega a reconocer la voz de quienes los ofrecen”.
Hank identificó esa contradicción como parte constitutiva de la sociedad colombiana, a la que definió como una sociedad con “doble moral que valida que sean defendidos los derechos de unos pocos que tienen mucho” y que, simultáneamente, se presta al “tráfico de votos en temporada electoral”. En ese entorno, la exactriz destacó: “Yo no reniego de mi pasado ni pienso que fue un error lo que hice ni quiero acabar con la industria. La industria fue el punto de inicio de mi activismo y el punto de partida de mi lucha”.
El día a día de las trabajadoras sexuales en Colombia, describió Hank, implica defender derechos fundamentales ante “un entorno hostil y excluyente”. “Somos mujeres que aportamos al PIB del país y a las economías populares y, además de eso, generamos empleo. Pero, sobre todo, sostenemos a nuestras familias”, destacó al medio Infobae.
Sobre los espacios de poder, la activista denunció el temor institucional a que “nuestras voces incomoden en el Congreso”, una inquietud —según Hank— que se manifiesta en preguntas que revictimizan, actitudes discriminatorias y miradas sociales divididas entre deseo y repudio: “El sistema le da miedito, miedo que nuestra voz incomode, miedo que nuestra voz se sienta en el Congreso. Pero ¿saben qué? Vamos a tener que incomodarlos”.
La exclusión política y el reclamo de dignidad
Hank aseguró que no esperará a que el sistema la considere digna de ocupar un cargo público: “No voy a esperar hasta que el sistema me considere digna para poder exigir mi lugar, nuestro lugar”. En ese sentido, rechazó la expectativa social de arrepentimiento entre quienes ejercieron la prostitución o el trabajo sexual: “No quiero que me perdonen mi pasado ni que piensen que ahora soy mejor que antes. Quiero que reconozcan mi poder, el poder de mi voz y el poder de mis compañeras”.
La aspirante al Senado reafirmó que su postulación representa a todas aquellas personas que han enfrentado “exclusión, discriminación, censura o cualquier tipo de violencia” como consecuencia de haber participado en actividades sexuales pagas. “Levanto la voz por mí y por cada una a la que el hecho de haber estado en actividades sexuales pagas le costó exclusión, discriminación, censura o cualquier tipo de violencia”, concluyó Hank en declaraciones recogidas por Infobae.