El Gobierno confirmó que a partir del 1 de marzo de 2026 el precio del galón de gasolina bajará $500 en todo el país. La decisión impactará directamente el bolsillo de millones de conductores y modifica el promedio nacional del combustible.
Con el ajuste, el promedio en las 13 principales ciudades pasará de $15.557 a $15.057 por galón.
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Tras la rebaja oficializada, estos serán los nuevos valores en las principales ciudades:
- Villavicencio: $15.591
- Cali: $15.502
- Bogotá: $15.491
- Manizales: $15.466
- Pereira: $15.439
- Medellín: $15.412
- Ibagué: $15.407
- Montería: $15.333
- Bucaramanga: $15.248
- Barranquilla: $15.126
- Cartagena: $15.083
- Cúcuta: $13.400
- Pasto: $13.247
Aunque la reducción es igual para todo el país —$500 por galón—, el valor que finalmente pagan los conductores sigue siendo distinto según la ciudad. Esto se explica por variables como los costos de transporte del combustible desde las plantas mayoristas, la cercanía a los centros de abastecimiento, la estructura tributaria local y otros componentes logísticos que influyen en la formación del precio final al público. Por eso, mientras algunas capitales continúan por encima de los $15.400 por galón, otras se mantienen por debajo de los $14.000.
En términos prácticos, la rebaja representa un alivio moderado frente a los niveles que había alcanzado la gasolina en los últimos meses, cuando el precio superó en varias ciudades los $16.000 por galón. Para un conductor particular que tanquea en promedio 10 galones, el ahorro sería de aproximadamente $5.000 por carga. Si se trata de vehículos con mayor consumo, como camionetas o carros de trabajo, el impacto acumulado podría ser más significativo a lo largo del mes.
En el caso del transporte público, empresas de logística y pequeños empresarios que dependen del combustible para su operación diaria, cualquier ajuste en el precio incide directamente en sus costos. Sin embargo, expertos advierten que, aunque la rebaja es positiva, no necesariamente se traducirá de inmediato en reducciones en tarifas de transporte o en el precio de bienes y servicios, ya que estos dependen de múltiples factores adicionales.
El anuncio se produce en medio de un proceso de ajustes graduales en la política de combustibles que el Gobierno ha venido implementando en los últimos años. La decisión también vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la sostenibilidad del esquema de precios y el impacto de las variables internacionales, como la cotización del petróleo y la tasa de cambio. En un mercado altamente sensible a los movimientos globales, el comportamiento futuro del precio de la gasolina seguirá dependiendo tanto de decisiones internas como de factores externos.
La decisión del Gobierno
La rebaja de $500 en el precio del galón de gasolina no llegó de la noche a la mañana. La decisión se concretó después de que el Gobierno cerrara uno de los frentes más sensibles para las finanzas públicas: la deuda acumulada del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Fepc), un mecanismo que durante años sostuvo subsidios para contener el impacto del alza internacional del petróleo.
El 15 de enero, el presidente Gustavo Petro confirmó que esa obligación fue saldada y anunció el cambio de rumbo en la política de precios. “Porque ya pagamos la deuda del Fepc y, porque se apreció el peso colombiano frente al dólar, entonces le aviso a usted y al país que comenzaremos a bajar el precio de la gasolina”, escribió en su cuenta de X, en respuesta al expresidente Álvaro Uribe Vélez.
Con ese mensaje se activó el ajuste que ahora se refleja en los surtidores. El ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, explicó que el país venía arrastrando un déficit histórico por mantener una “gasolina barata” financiada con recursos del presupuesto nacional. Según sostuvo, el Gobierno asumió el costo político de sanear el fondo y ordenar las cuentas antes de aplicar cualquier reducción.
Una vez equilibrado el Fepc y con un contexto internacional más favorable —marcado por la apreciación del peso y precios del crudo menos presionados— el Ejecutivo dio luz verde a la disminución. La rebaja, ya oficializada, se presenta como una señal de ajuste técnico tras años de incrementos consecutivos y como un intento de aliviar el bolsillo de los conductores sin comprometer la estabilidad fiscal.
Así, el Gobierno pasó de una etapa de alzas para cerrar el déficit a una nueva fase en la que la gasolina finalmente comenzó a bajar.