El exministro de Hacienda y candidato presidencial Mauricio Cárdenas alertó sobre el deterioro del sector energético en Colombia. Dijo que el país atraviesa una etapa de retroceso en todos sus indicadores energéticos estratégicos, por lo que calificó como grave la situación.
En un video, comparó el estado actual del sector energético con el registrado en 2012. Expuso que la producción de petróleo cayó un 25%, al pasar de 1.000.000 de barriles diarios a 750.000 en 2025. Detalló que las exportaciones de carbón disminuyeron en cerca del 40%, al pasar de 100 millones a 60 millones de toneladas cada año.
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Alertó que el deterioro es aún mayor en el caso del gas. Colombia exportaba gas natural por USD150 millones en 2012, pero para 2025 pasó a importarlo, con un gasto anual que ronda los USD750 millones. “Del auge a la pobreza. Esto es pobreza energética, esto era riqueza energética”, expresó al remarcar el cambio radical que vive el país.
Asimismo, advirtió sobre la pérdida de autosuficiencia en el sector eléctrico. “En el sector eléctrico, en 2012 Colombia contaba con excedentes de energía y avanzaba en grandes proyectos como la culminación de la hidroeléctrica de El Quimbo. Ahora, no hay excedentes, hay faltantes que pueden poner al país al borde de un racionamiento”, puntualizó. Sostuvo que las transformaciones afectan el crecimiento, la inversión y el bienestar, elementos esenciales para la estabilidad nacional.
Proyecciones para los próximos cuatro años
De cara al periodo 2026-2030, Cárdenas alertó que la producción de petróleo podría caer aún más y que aumentaría la dependencia del gas importado, lo que agravaría las finanzas y dejaría al país expuesto a apagones y a una mayor crisis de seguridad energética. Insistió en la necesidad de transformar las políticas públicas en materia energética para priorizar la seguridad y evitar un deterioro mayor que amenace la viabilidad del suministro nacional.
Precisamente, durante el foro “Los grandes desafíos del sector eléctrico en Colombia”, la senadora Paloma Valencia, candidata presidencial por el Centro Democrático, propuso una política enérgica y de reacción inmediata. “Debemos flexibilizar las normas para que el sector privado pueda importar el gas necesario para el funcionamiento de las centrales térmicas”, afirmó al advertir la saturación de la regasificadora de Cartagena y la urgencia de nuevos proyectos de generación en el Cerrejón.
Resaltó la urgencia de reforzar la infraestructura eléctrica en la Costa Caribe, identificada como una de las zonas más vulnerables ante la crisis. Explicó que la red para transportar energía hídrica desde el centro del país está saturada, lo que obliga a concluir proyectos estratégicos como la Colectora y la línea de interconexión con Panamá. Recomendó “aumentar la generación local en el Caribe bajo la premisa de que la escasez eleva los precios”, y planteó un esquema en el que las empresas solo reciban compensaciones si ejecutan y mejoran las obras necesarias.
Sobre los retrasos en los proyectos energéticos, Valencia considera imprescindible transformar los trámites de consulta previa y licenciamiento ambiental. Propuso que las comunidades tengan un papel decisivo en definir las inversiones sociales y que las empresas sean responsables de ejecutar estas obras, lo que minimiza riesgos de corrupción y dilaciones. Además, planteó el uso de inteligencia artificial para planificar el territorio y agilizar los permisos ambientales, con la meta de elevar la cobertura de selva del 47% al 52%.
Ante la vulnerabilidad del sistema, la congresista hizo un llamado a racionalizar el consumo de energía y avanzar en una estrategia conjunta de tecnología, inversión privada y sostenibilidad ambiental para garantizar el suministro eléctrico.
Cómo evitó Colombia los apagones
Desde el punto de vista técnico, XM operador eléctrico, responsable del mercado nacional, destacó a principios de enero de 2026 que Colombia evitó apagones durante tres décadas gracias a la combinación de hidroelectricidad y generación térmica, además de inversiones superiores a $140 billones. Sin embargo, advirtió que ahora la capacidad de generación no crece al ritmo de la demanda, lo que genera un “riesgo creciente de desabastecimiento”. Las proyecciones de la entidad señalan que el déficit llegará al -3,5 % en 2027, algo crítico en años de sequía o fenómeno de El Niño.
“Las alarmas ya están encendidas debido a que, si los proyectos de generación y transmisión no entran en operación a tiempo, como no lo han hecho en los últimos cinco años, la seguridad energética del país podría estar en riesgo”, advirtió XM. El operador atribuye los retrasos a trámites ambientales lentos, conflictos sociales, extensos procesos de consulta previa, inseguridad en ciertas zonas y señales contradictorias de política pública.
La situación precisa que en 2021 solo se integró el 7% de la capacidad esperada, en 2022 el 27%, en 2023 el 17%, en 2024 el 25% y para 2025 apenas el 9,3% de la energía planificada.
Impacto económico de un racionamiento
El impacto económico de un posible racionamiento también preocupa al sector privado. Según un análisis de Corficolombiana, “cada hora de racionamiento le costaría al país $5.200 millones e implicaría una contracción de la economía de 1,0 punto porcentual del PIB”. El Banco de Bogotá complementa el cálculo al estimar que una hora diaria de racionamiento costaría entre $175.000 y $204.000 millones, lo que golpearía a los sectores de manufactura, minería y comercio, que representan el 24% del PIB y el 30% del empleo nacional.
El costo social es otra preocupación destacada. Fedesarrollo estima que “un racionamiento similar al de los años 90 implicaría una contracción de la economía en 1,5 puntos porcentuales, indicando que se perderían 230.000 empleos, llevaría a la pobreza a 203.000 personas y a la pobreza extrema a 102.000”. Dichas cifras dejan en evidencia la amenaza que un apagón representa para la estructura social y productiva de Colombia.