Las investigaciones adelantadas por la Policía Metropolitana de Bogotá y la Fiscalía General de la Nación ubican a Aderbis Segundo Pirela, alias Maracucho o Pedrito, como una de las figuras criminales más relevantes detrás de la violencia reciente en el barrio Santa Fe, en el centro de la capital.
Aunque alias Maracucho se encuentra privado de la libertad desde marzo de 2024, las autoridades no descartan que el atentado haya sido ordenado desde la cárcel. Los investigadores sostienen que, pese a su captura, el señalado cabecilla habría conservado capacidad de mando sobre las estructuras criminales que dejó operando en Santa Fe, lo que le habría permitido dar instrucciones y coordinar acciones violentas a través de intermediarios.
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Una investigación abierta por la Policía Metropolitana apunta a que el lanzamiento del artefacto explosivo está vinculado a una disputa por el control del expendio de estupefacientes en el sector y a posibles retaliaciones entre estructuras criminales.
El ataque, perpetrado en la noche del jueves 22 de enero, provocó la muerte de un mesero de 75 años y dejó a otras 14 personas heridas, entre trabajadores del establecimiento, transeúntes y personas que se encontraban en la zona.
La hipótesis más fuerte: una guerra por la droga
El brigadier general Giovanni Cristancho, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, confirmó que la hipótesis principal señala a alias Maracucho como el presunto responsable intelectual del atentado.
El oficial explicó que los primeros avances investigativos permiten establecer que se trató de una acción violenta relacionada con la pugna por el dominio de las rentas ilegales, particularmente la venta de drogas al menudeo en Santa Fe.
“Hay un cabecilla reconocido que hemos podido evidenciar, alias Maracucho, el que pudo ordenar esta acción terrorista”, señaló el oficial, al indicar que la principal hipótesis apunta a una retaliación por el control del expendio de estupefacientes.
Aunque no se descartan otras líneas, Cristancho precisó que “la hipótesis más fuerte es el tema del microtráfico”, ante la ausencia de denuncias recientes por extorsión.
Según la Policía, alias Maracucho, identificado como uno de los cabecillas del Tren de Aragua en Bogotá, no operaba de forma aislada. Su estructura criminal mantenía vínculos con la banda Los Satanás, grupo con presencia en el centro de la ciudad y señalado por las autoridades como una de las expresiones locales de ese entramado criminal transnacional.
Esta banda ha sido vinculada a extorsiones, tráfico de estupefacientes, homicidios selectivos y control violento de territorios asociados a la economía nocturna.
Las autoridades explican que las células del tren de Aragua funcionan en sectores como Santa Fe y Los Mártires, encargados de ejecutar amenazas, recaudar dinero producto del microtráfico y hacer cumplir las órdenes de los cabecillas.
En ese entramado, Maracucho habría ejercido un rol de coordinación y “gerencia criminal”, definiendo alianzas y estrategias frente a bandas rivales.
La captura en Estados Unidos y el golpe incompleto
Alias Maracucho, identificado como Aderbis Segundo Pirela Pirela, fue capturado en marzo de 2024 cuando intentaba cruzar la frontera de Texas, en Estados Unidos, luego de haber salido de Colombia de manera irregular.
Para ese momento, ya existía un proceso investigativo en su contra por delitos relacionados con tráfico de estupefacientes, homicidio y concierto para delinquir. Su detención se logró gracias a la cooperación entre autoridades colombianas y estadounidenses.
Antes de su captura, la Policía y la Fiscalía desarticularon una estructura criminal conocida como Los Maracuchos, integrada principalmente por ciudadanos venezolanos y vinculada a hechos violentos en Santa Fe.
En ese operativo fueron capturadas varias personas y se debilitó temporalmente el control territorial del grupo. Sin embargo, los investigadores sostienen que tras esos golpes judiciales surgieron nuevas alianzas y reacomodos, en los que bandas como Los Satanás habrían reforzado su presencia.
El atentado con granada es interpretado por las autoridades como una señal de esa reconfiguración criminal.
Aunque no se descarta completamente la extorsión como móvil, la Policía indicó que no existían denuncias recientes en este caso, lo que refuerza la hipótesis de una confrontación directa por el control del microtráfico.