Perro que ladra no muerde, a veces...

El lenguaje vocal del perro permite conocer su actitud

El por qué los perros no hablan lo debemos explicar técnicamente (Foto: Getty Images)
El por qué los perros no hablan lo debemos explicar técnicamente (Foto: Getty Images)

El por qué los perros no hablan lo debemos explicar técnicamente y no bajo el influjo de la voluntad de sus dueños que con seguridad nos justificarían de una y mil maneras que sus perros si hablan, cómo y por qué y, lo que es peor, es que tal vez tengan razón.

Los perros, como cualquier otro animal a excepción del hombre, no tienen el uso de la palabra articulada, sin embargo su expresión vocal: el ladrido es una pauta más que interesante que merece un análisis detallado.

Es un error más que habitual pensar que un perro que nos ladra es una amenaza clara para nuestra integridad en breve plazo.

El ladrido no es otra cosa que un grito de alerta. Un llamado de atención que alerta a la manada, a cachorros y adultos, a la manada canina y a la humana también.

El llamado de alerta pretende tener dos consecuencias: que los más débiles, los cachorros, vayan a su refugio y que el resto se reúna en estado de alerta amarillo o emergencia.

Perro que ladra no muerde, a veces... (Getty Images)
Perro que ladra no muerde, a veces... (Getty Images)

Ahora bien, el ladrido, o sea, en términos humanos, la sirena, la campana, el llamado de alerta, dice algo sobre la naturaleza del supuesto peligro que se avecina.

Preparamos las huestes para la lucha pero aunque a lo mejor es una lucha que no tenga sentido.

Sólo al identificar el motivo de alerta el ladrido es reemplazado por una actitud complaciente, de huida o guerrera.

Los ataques de los perros son algunas veces silenciosos aunque, a decir verdad los más frecuentes son aquellos que van precedidos y se acompañan con un importante gruñido.

¿Qué significa ese gruñido? Ese gruñido, con una expresión en la cara de labios retraídos, mostrando los dientes, significa un esbozo de miedo, sólo que el miedo, la necesidad de escapar, es inferior a la posibilidad de un eventual ataque de la amenaza . Y por eso se elige atacar antes que ataquen.

Otra forma de expresión vocal del perro es el rezongo, especie de ronroneo amenazaste y permanente que indica un poco más de temor que la anterior situación pero que para nada significa resignar el ataque.

Es un momento de indecisión.

Rezongo porque quiero atacarte y si te ataco dejo de rezongar y se acabó.

El ladrido no es otra cosa que un grito de alerta (Foto: Pixabay)
El ladrido no es otra cosa que un grito de alerta (Foto: Pixabay)

Pero si el miedo domina, entonces aparece el ladrido como una expresión de auxilio intercalada con el rezongo, expresión de la voluntad de ataque.

Si el miedo vence totalmente, el ladrido será la voz única en forma fuerte y repetitiva hasta que la amenaza desaparezca.

El ladrido del perro será como una metralla, con un grito persistente y repetitivo: guau, guau, guau.

A diferencia de los perros domésticos los lobos no ladran, y si lo hacen, lo hacen con una expresión corta y aislada: wuf....wuf...., alejada de la metralla persistente de sus perros parientes.

Los lobos que conviven con perros aprenden a ladrar como perros, y los perros que aúllan y no ladran (Siberian Husky) también lo hacen si conviven con ejemplares ladradores.

Sólo una raza no ladra y emite un sonido semejante al canto de un tirolés, llamado yodel y es el Basenji o Terrier del Congo, de cara arrugada y expresión graciosa, que es la excepción a la regla ya que jamás fue usado para la guardia en toda la historia de su evolución como raza.

Ese gruñido, con una expresión en la cara de labios retraídos, mostrando los dientes, significa un esbozo de miedo, sólo que el miedo, la necesidad de escapar (Foto: Pixabay)
Ese gruñido, con una expresión en la cara de labios retraídos, mostrando los dientes, significa un esbozo de miedo, sólo que el miedo, la necesidad de escapar (Foto: Pixabay)

Otro sonido particular del perro es el aullido.

Los lobos, aúllan hacia el anochecer, para llamar a sus congéneres.

Aunque algunos sostienen que le aúllan a la Luna, en realidad le aúllan a sus compañeros para decirles: aquí estoy, ¿dónde estás? Y lo hacen de noche por que la caza, principal actividad para la supervivencia, ocurre en ese período.

Hay varias clases de aullidos.

Existe un aullido de jauría, que puede ocurrir en cualquier momento, que es para lograr la reunión de todos antes de la jornada de cacería, como si por un altavoz se convocara o se tocara una campana para juntar a todos.

Existe un aullido de soledad, para lograr aglutinar al conjunto de compañeros lobos, a partir de un individuo solo.

También hay, un aullido de llamado a la hembra en celo, algo semejante a la brama del ciervo.

En los perros de ciudad existe otro aullido que podríamos llamar aullido de confusión, que no es otro que cualquiera de los enunciados sólo que ocurre cuando un perro aúlla al oír el sonido de la sirena de la ambulancia, de los bomberos o de la policía, quizás lo hace pensando que el compañero lobo inexplicablemente disfrazado de bombero, policía o enfermero y que pasa apurado tal vez se haya desorientado en su derrotero y por las dudas le dice: aquí estoy.

aparece el ladrido como una expresión de auxilio intercalada con el rezongo, expresión de  la voluntad de ataque
aparece el ladrido como una expresión de auxilio intercalada con el rezongo, expresión de la voluntad de ataque

Otro aullido no clasificado pero existente al fin es aquel que emite un perro frente a la música aguda o bien frente al canto de su dueña, este aullido es la respuesta a lo que el perro entiende como una convocatoria de la jauría humana, en este caso.

Esto debería ser cierto, salvo que la dueña cante muy mal y le queramos dar otra interpretación...

Entre aullidos y ladridos parece ser que el axioma: perro que ladra no muerde resultara tomado de la realidad, también parece ser que los ataques de los perros, en general, no son ruidosos como a uno le podría parecer, sin embargo frente a un perro gruñendo bajito mejor no probar por que las teorías, a veces fallan...

*El Prof. Dr. Juan Enrique Romero @drromerook es médico veterinario. Especialista en Educación Universitaria. Magister en Psicoinmunoneuroendocrinología. Ex Director del Hospital Escuela de Animales Pequeños (UNLPam). Docente Universitario en varias universidades argentinas. Disertante internacional.

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