La deuda de AMLO con los migrantes

Por Blanca Alcalá Ruiz*

(Foto: REUTERS)
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Difícil entender la decisión de Andrés Manuel López Obrador de realizar su primera gira internacional a Estados Unidos, más aún, realizarla en medio de la crisis sanitaria que está viviendo el mundo y que registra drásticas consecuencias para ambos países.

Más difícil aún, que el argumento esgrimido sea la entrada en vigor del nuevo tratado comercial trilateral, cuando su operación no requería necesariamente de un acto presencial, en este momento, y que su desarrollo se realice sin la presencia de uno de los Jefes de Estado de los países firmantes.

En todo caso, si el Acuerdo Comercial del que valoramos su importancia exigía de señales, existía la opción de llevar a cabo ejercicios digitales que hoy forman parte de la nueva normalidad ya han probado su eficacia, ejemplos abundan la reunión del G-20.

El encuentro convocado por diferentes Presidentas y Primeras ministras con los responsables de las áreas de salud y/o de Hacienda de 20 países dan cuenta de que la toma de decisiones no se detiene, por el contrario con inteligencia y responsabilidad se atiende y se resuelve.

En este contexto, parecería pues que la tesis que numerosas voces han señalado en el sentido que la reunión obedece más a una estrategia electoral del inquilino de la Casa Blanca que a la Agenda Binacional entre ambos países.

El 3 de noviembre próximo serán las votaciones en EEUU y Trump busca cualquier salida para poder ganar más votos, en un escenario competido y con indicadores económicos desfavorables que lo han dejado rezagado en las encuestas respecto de su preferencia electoral para lograr un segundo mandato.

De ahí la preocupación que la visita no atienda y mucho menos resuelva temas de la Agenda Binacional pendiente entre los dos países, aspectos de seguridad, de cooperación internacional y, sobretodo migratorios, que involucran a más de 36 millones de personas de origen mexicano que viven en los Estados Unidos.

La agenda que necesitamos que el presidente de México impulse, es la que ponga en la mesa de la discusión la delicada situación de la seguridad fronteriza, la regularización de los sin papeles, indocumentados mexicanos sujetos a la deportación generalmente violentando sus derechos humanos.

Que aborde temas como la expedición de nuevas visas para los trabajadores esenciales por ejemplo, entre muchos otros pendientes que desde hace más de una década en relación bilateral entre México y Estados Unidos no se han resuelto, siendo la Unión Americana nuestro principal socio comercial, con quien compartimos una frontera de 3,200km y una historia de migración de más de un siglo.

De nada sirve para los mexicanos migrantes que les señalen como héroes, que les reconozcan sus aportaciones en remesas, estimadas en más de USD 38 mil millones para 2019, y cuyo comportamiento aún con la pandemia se ha sostenido reportando un incremento del 18%, equivalente a USD 3,379 millones para el mes de mayo, según cifras del Banco de México, si son ignorados en la agenda binacional y omisos en la agenda nacional.

En Estados Unidos no aparecieron como temas a tratarse en esta visita, inclusive, se canceló la posibilidad de un encuentro con organizaciones de migrantes mexicanos quienes, por cierto, en la campaña presidencial del 2018 votaron mayoritariamente por López Obrador y paradójicamente, fueron blanco de ataque en la campaña de Trump.

Por otro lado en México, su país de origen y al que contribuyen todos los días con sus remesas, también son ignorados en la agenda pública nacional. La falta de recursos para programas que atendían a los migrantes como el FAM, o que contribuían al desarrollo de sus comunidades como el 3x1, desde el inicio del gobierno de la 4T, han sido prácticamente eliminados.

Los mexicanos migrantes han solicitados en múltiples formas la necesidad de ser escuchados, atendidos por las actuales autoridades del Gobierno de la República y han encontrado como única respuesta elogios a las aportaciones que realizan para sus familias cuyo impacto de no realizarse, por cierto, incrementaría hasta en un 12% más los hogares mexicanos que viven en condiciones de pobreza.

Es evidente que muchas son las lecciones que los mexicanos migrantes han mostrado en esta pandemia: la resiliencia para salir adelante, la solidaridad entre ellos cuando han enfermado o perdido el empleo en un país que no es el suyo y la generosidad con sus familias que viven en México compartiendo sus limitados recursos aún estando en condiciones difíciles.

Necesitamos que López Obrador, no solo los reconozca, sino que conozca sus problemáticas, haga suyas su defensa y se responsabilice de sus respuestas, especialmente ahora que al regreso de su viaje se estima, de acuerdo a Oxford Economics, que alrededor de 27.9 millones de trabajadores ya han perdido su empleo en los Estados Unidos y que la cifra podría ascender a más de 36 millones para el mes de junio.

Al menos un millón 400 mil trabajadores son de origen mexicano y al menos la mitad de ellos se encuentran en condición irregular. Derivado de lo anterior y de acuerdo con estimaciones del Instituto de Política Migratoria de los Estados Unidos.

Se estima que, por lo menos, 800 mil de ellos regresarán a México en los siguientes meses, por lo que es tiempo de resolver la Agenda pendiente y de saldar la deuda con los migrantes y sus familias que también son mexicanos.

*Secretaria de Asuntos Migratorios del CEN del PRI

Lo aquí publicado es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio.

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