Un miembro de la juventud sandinista forcejea con el reportero gráfico de la agencia de noticias AP Alfredo Zuniga durante las protestas en contra de las reformas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), en Managua (EFE/Jorge Torres)
Un miembro de la juventud sandinista forcejea con el reportero gráfico de la agencia de noticias AP Alfredo Zuniga durante las protestas en contra de las reformas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), en Managua (EFE/Jorge Torres)

Son de temer, y la población los llama turbas. Suelen vestir camisetas con leyendas que hablan de amor y paz, usan cascos para ocultar su rostro y se movilizan en motos. En su mayoría son jóvenes, jóvenes violentos.

Jorge Hurtado, presentador de televisión y periodista, los conoce bien. Cinco años atrás, la noche del 22 de junio, los grupos de choque del gobierno de Daniel Ortega lo golpearon y asaltaron. Muchos como Jorge ese día perdieron sus carteras, computadoras y documentos personales, siete sus vehículos, cuatro sus motos, pero todos perdieron algo más importante: el respeto al Gobierno y a la Policía Nacional.

"No hay mucha diferencia entre los que atacaron este miércoles a los protestantes contra las reformas a la seguridad social y los que nos atacaron a nosotros, son la misma fuerza de choque. La gran diferencia es que el asalto, la agresión y complicidad se dio a plena luz del día en una de las principales avenidas del país", relata Hurtado a Infobae.

La agresión y complicidad se dio a plena luz del día en una de las principales avenidas del país

Aquel 22 de junio, tras varios días de protesta, un grupo de jóvenes se encontraba en las cercanías del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) para solidarizarse con ancianos que solicitaban una pensión de vejez reducida y a quienes el Gobierno no había querido recibir.

"En 2013 el grupo que nos atacó estaba compuesto por jóvenes entre 15 y 30 años que tenían camisas del partido de gobierno. Muchos llegaron encapuchados, con cascos, garrotes, llegaron directamente a agredirnos. Eran muy violentos", recuerda Hurtado, quien agrega: "Nos gritaron que nos tiráramos al suelo, nos decían vulgaridades, fue una agresión física y un robo masivo hacia el campamento que teníamos 30 jóvenes y muchos ancianos".

Después de esa agresión, el Gobierno llamó a los ancianos para negociar con ellos, instituyó la entrega de una pensión reducida y convocó a una marcha. Ninguno de los jóvenes asaltados recibió una respuesta de parte de la Policía Nacional. Los que no habían cancelado el crédito de su vehículo debieron seguir pagándolo porque los seguros no cubrieron a falta de un parte policial.

Un grupo de personas protesta en Managua. Hubo enfrentamientos entre quienes rechazan y apoyan las reformas aplicadas por el Gobierno de Daniel Ortega a la Seguridad Social (EFE/Jorge Torres)
Un grupo de personas protesta en Managua. Hubo enfrentamientos entre quienes rechazan y apoyan las reformas aplicadas por el Gobierno de Daniel Ortega a la Seguridad Social (EFE/Jorge Torres)

Las turbas

Las turbas son grupos de choque que empezaron a funcionar en noviembre de 2008, durante las protestas que la oposición realizó por lo que denominaron un fraude a favor del Frente Sandinista en las elecciones municipales. Esos comicios se realizaron dos años después de que el Frente Sandinista regresó al poder.

"No hay caminata, encuentro o plantón donde no haya, en primer lugar, policías y antimotines, pero también estos motorizados", sostiene Haydeé Castillo, defensora de derechos humanos.

Según Castillo, "los grupos de choque inician casi al mismo tiempo que el Frente retoma el poder, a partir de las elecciones de 2008, y también en el momento que tienen clara su política de Estado, cuando declaran la 'democracia directa', que fue un proceso en que se anuló la participación ciudadana. Pusieron grupos parapartidarios a quienes las autoridades de ese partido iban a hacerle consultas sobre políticas públicas".

En Nicaragua se ha constituido una fuerza paramilitar que está compuesta por pandilleros

La defensora asegura que personas que han cometidos delitos participan en estos grupos de choque.

El 2 de septiembre de 2015 un grupo de personas protestaba en las afueras del Consejo Supremo Electoral (CSE), en Managua, cuando un grupo de choque apareció y varios de ellos dispararon contra los manifestantes.

Entre estos pistoleros estaba Samir Antonio Matamoros. Los medios de comunicación informaron que había salido del Centro de Prevención de la Violencia (CEPREV), una organización que trabaja con jóvenes en riesgo, para integrarse a las turbas.

Según un artículo de La Prensa, publicado en su sitio web el 28 de diciembre de 2015, cuando Matamoros agredió a los manifestantes se encontraba en libertad condicional porque había sido condenado a tres años y seis meses de cárcel por invasión de domicilio y lesiones leves.

Dos miembros de las fuerzas antichoque agreden a una persona durante las protestas en contra de las reformas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), en Managua (EFE/Jorge Torres)
Dos miembros de las fuerzas antichoque agreden a una persona durante las protestas en contra de las reformas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), en Managua (EFE/Jorge Torres)

Luego fue acusado y juzgado por agredir a los manifestantes y condenado a cuatro años de prisión. Ha sido el único juzgado por agredir a civiles durante unas manifestaciones.

"En definitiva podemos decir que en Nicaragua se ha constituido una fuerza paramilitar que está compuesta por pandilleros", asegura Haydeé Castillo. "A veces nos subimos a un bus y está un paramilitar observándonos".

Se me ocurrió llamar a la Policía pero me acordé que la Policía nos reprimió también

Terror

Sara Henríquez García es miembro de la asociación Mujeral en Acción, una organización feminista de León, ciudad ubicada a 89 kilómetros de Managua. La mañana del miércoles 18 de abril organizó una protesta contra las reformas al INSS que fue asediada por turbas.

Como miles que están en las calles de Nicaragua, Henríquez García protestaba por las reformas a la seguridad social anunciadas esta semana, que obligan a empleadores, cotizantes y jubilados a aportar más para evitar la quiebra del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), que desde hace cinco años presenta pérdidas y se encuentra ante un inminente colapso.

Varios miembros de las fuerzas antichoque del Gobierno agreden a una persona (EFE/Jorge Torres)
Varios miembros de las fuerzas antichoque del Gobierno agreden a una persona (EFE/Jorge Torres)

En la noche de ese día las turbas llegaron a su casa. "Estaba sentada tratando de ver las noticias cuando vinieron microbuses con estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-LEÓN), se bajaron jóvenes, por no decir delincuentes, agarraron a pedradas la casa y gritaron: Sara Henríquez vendepatria, traidora", relata.

"Lo único que hice fue tratar de filmar, es la única evidencia que tengo. Se me ocurrió llamar a la Policía, pero me acordé que la Policía nos reprimió también a través de su pasividad, porque miró cómo nos agredían sin decir nada. Me di cuenta de que era como decirles: vení agredeme también", añade.

En palabras de esta activista, las turbas son "gente violenta, que bien representa la Edad Media; ignorancia y/o sometimiento de los súbditos a un rey, pero en pleno siglo XXI".

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