Las cuevas cántabras El Mirón y Chufín, claves para reconstruir la historia genética de poblaciones de hace 30.000 años

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Un equipo internacional de investigación, liderado por Pere Gelabert, de la Universidad de Viena, con participación de la Universidad de Cantabria (UC), ha aportado nuevas evidencias sobre la historia genética de las poblaciones humanas que habitaron la región franco-cantábrica entre hace aproximadamente 30.000 y 20.000 años, en la que las cuevas cántabras de El Mirón y Chufín han sido fuente de muestras clave.

El estudio revela que la persistencia de determinados linajes genéticos en el suroeste de Europa coexistió con contactos entre poblaciones de distintas regiones del continente durante el Paleolítico superior, ha informado este viernes la UC.

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La investigación, publicada en la revista científica Science Advances, incorpora nuevos datos genómicos procedentes de la cueva de El Mirón, en Ramales de la Victoria, y de un diente humano recuperado en la cueva de Chufín, en Rionansa. Estos resultados, junto con el análisis de restos humanos de la cueva de Isturitz, en el suroeste de Francia, y de otros yacimientos europeos, permiten avanzar en el conocimiento de los movimientos y las relaciones entre las poblaciones que habitaron Europa antes y durante el Último Máximo Glacial, uno de los periodos más fríos de la última glaciación.

En el trabajo han participado los grupos de investigación BioPrehistory y PreGraphity del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC) y el grupo EvoAdapta de la UC. Su contribución ha incluido los trabajos arqueológicos en los yacimientos cántabros, la colaboración en la obtención de las muestras y la contextualización e interpretación de los resultados genéticos. Los análisis paleogenómicos se han desarrollado principalmente en los laboratorios de la Universidad de Viena.

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Los resultados aportan una visión más compleja de la historia de aquellas poblaciones, en la que la continuidad genética documentada en la región cantábrica durante miles de años no excluye la existencia de contactos con otros grupos humanos europeos.

NUEVOS DATOS SOBRE LAS POBLACIONES QUE HABITARON EL MIRÓN

Uno de los avances de la investigación procede de la cueva de El Mirón, donde se ha recuperado información de ADN nuclear humano a partir de sedimentos de hace aproximadamente 22.000 años, correspondientes al Solutrense, sin necesidad de disponer de restos óseos humanos.

El estudio amplía los resultados de un trabajo anterior, que ya había identificado ADN humano antiguo conservado en los sedimentos de esta cavidad. En esta ocasión, el análisis de cerca de 15.000 marcadores genéticos ha permitido profundizar en la ascendencia de aquellas poblaciones y relacionarla con otros grupos humanos que habitaron Europa occidental.

David Cuenca-Solana, co-director en los trabajos arqueológicos de esta cavidad, junto a Gutiérrez-Zugasti, Manuel González Morales y Lawrence Straus, y miembro de BioPrehistory, ha destacado las "extraordinarias" condiciones de conservación del yacimiento. "En el nivel 122, correspondiente a un periodo de máximo frío, se han recuperado evidencias genéticas que muestran una continuidad en las poblaciones que habitaron la región cantábrica hace unos 22.000 años", ha explicado.

Los resultados respaldan la persistencia en el suroeste europeo de una ascendencia genética vinculada al linaje conocido como Fournol durante el Último Máximo Glacial.

Igor Gutiérrez-Zugasti, responsable del grupo de investigación BioPrehistory, ha destacado que la recuperación de ADN directamente de los sedimentos permite estudiar ocupaciones humanas de las que no se conservan huesos ni dientes a través de fluidos corporales de los seres humanos que quedan depositados en el yacimiento.

CHUFÍN APORTA INFORMACIÓN GENÉTICA DE HACE UNOS 27.000 AÑOS

Otra de las contribuciones de los yacimientos cántabros procede de la cueva de Chufín, donde las excavaciones realizadas en 2021, dirigidas por el investigador Diego Gárate, director del grupo PreGraphity, permitieron recuperar un primer molar humano perteneciente a una mujer que vivió durante el Gravetiense.

El análisis de este diente, datado en torno a los 27.000 años, ha proporcionado nuevos datos sobre la ascendencia de las poblaciones que ocuparon el territorio cantábrico en una etapa anterior a la documentada en los sedimentos de El Mirón.

Aunque la conservación del material genético ha limitado la cantidad de información recuperada, los resultados relacionan a esta mujer con las poblaciones de ascendencia occidental y aportan una nueva referencia para estudiar la continuidad genética en la región.

Los datos de Chufín y El Mirón, analizados junto con los de otros yacimientos del suroeste europeo, permiten documentar la persistencia de esta ascendencia a lo largo de varios milenios y en condiciones ambientales muy diferentes.

CONTACTOS GENÉTICOS ENTRE EL ESTE Y EL OESTE DE EUROPA

Más allá de la continuidad documentada en los yacimientos cántabros, uno de los principales hallazgos del estudio es la identificación de nuevas evidencias de intercambio genético entre poblaciones del este y del oeste de Europa hace más de 30.000 años.

Este resultado procede principalmente del análisis del genoma de una mujer que vivió hace aproximadamente 30.000 años en la cueva de Isturitz, en Francia, cerca del Pirineo occidental.

Aunque la mayor parte de su ascendencia estaba relacionada con poblaciones de Europa occidental, su genoma presenta también componentes vinculados con grupos de Europa central y oriental. Los modelos genéticos sitúan este intercambio hace entre 32.500 y 31.500 años.

"Por primera vez se detecta en el suroeste de Europa una interacción genética con grupos del este del continente", ha indicado Gutiérrez-Zugasti, que distingue este resultado del obtenido en El Mirón, correspondiente a una ocupación unos 8.000 años posterior.

Los investigadores plantean distintas explicaciones posibles para el origen de esta señal genética, que cuestiona la idea de que las poblaciones gravetienses orientales y occidentales permanecieran completamente aisladas.

Los nuevos resultados muestran, por tanto, que los contactos entre grupos humanos de diferentes regiones de Europa pudieron coexistir con una prolongada continuidad de determinados linajes genéticos en el suroeste del continente.

LA APORTACIÓN DE LA ARQUEOLOGÍA A LA INTERPRETACIÓN GENÉTICA

La participación de la UC se completa con el trabajo del grupo de investigación EvoAdapta, que ha contribuido a interpretar los resultados genéticos a partir del conocimiento arqueológico de los yacimientos de la región franco-cantábrica.

En esta investigación han participado Ana B. Marín-Arroyo, Miriam Ibáñez-Herranz, Carla Gómez-Montes y Lawrence G. Straus, con implicación del catedrático emérito de la UC, Manuel González Morales.

Marín-Arroyo, responsable del grupo EvoAdapta, ha explicado que su contribución se basó en la contextualización arqueológica de los yacimientos de Isturitz, El Mirón y La Riera, así como en la interpretación paleoantropológica de los resultados genómicos en el contexto del Paleolítico superior cantábrico.

Parte de este trabajo se ha apoyado en los resultados del proyecto europeo ERC SUBSILIENCE, desarrollado por el grupo de investigación, que ha permitido disponer de información arqueológica sobre las poblaciones humanas y su adaptación a los cambios ambientales del Paleolítico.

La integración de estos datos arqueológicos con los análisis genéticos ha contribuido a reconstruir las relaciones entre distintos grupos humanos y a situar los resultados en su contexto cronológico y cultural.

Las excavaciones llevadas a cabo en las cuevas de Chufín y El Mirón están financiadas por la Consejería Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria.