Puebla (México), 28 oct (EFE).- Dioses prehispánicos convertidos en catrinas monumentales emergen entre campos de cempasúchil, plazas y calles del municipio mexicano de Atlixco, en el central estado de Puebla, donde el Día de Muertos revive las creencias ancestrales sobre la vida, la naturaleza y el mundo de los muertos.
En su sexta edición, el Valle de Catrinas 2026 reúne 27 esculturas monumentales inspiradas en deidades de la cosmovisión mesoamericana, una propuesta que combina arte popular, tradiciones indígenas y una de las celebraciones más representativas de México.
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De las 27 piezas, 19 están distribuidas en distintos puntos de Atlixco, mientras que las ocho restantes se exhiben fuera del municipio, en espacios de México y el extranjero, incluidos Nueva York y localidades de Alemania.
Las figuras, que destacan por sus dimensiones y elaborados detalles, reinterpretan a las antiguas divinidades mediante la estética de las catrinas, uno de los símbolos más reconocibles del Día de Muertos.
Entre las esculturas aparecen Tonatiuh, asociado con el Sol; Metztli, vinculada con la Luna; Ehécatl, deidad del viento; y Tláloc, relacionado con la lluvia y la fertilidad de la tierra.
También están representados Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada; Huitzilopochtli, asociado con la guerra y el Sol; y Mictlantecuhtli, señor del inframundo en la tradición mexica.
La muestra incluye además a Xochiquétzal, vinculada con la belleza y el amor; Xochipilli, asociado con las flores y las artes; y Centeótl, deidad del maíz, entre otras figuras que reflejan la diversidad de creencias de los pueblos mesoamericanos.
Las esculturas se extienden desde el centro histórico y el zócalo de Atlixco hasta la Plazuela de la Danza, en el Cerro de San Miguel, el panteón municipal, mercados y parques.
El recorrido también llega a viveros y campos de cempasúchil, la flor anaranjada que tradicionalmente se utiliza en las ofrendas del Día de Muertos para guiar simbólicamente a las almas de los difuntos.
En estos campos, las figuras monumentales se levantan entre miles de flores y adquieren una apariencia distinta al atardecer, cuando la luz ilumina los pétalos y resalta las siluetas de las deidades.
Al caer la noche, la iluminación de las esculturas transforma nuevamente el paisaje y permite apreciar los detalles de las piezas desde otra perspectiva.
La exposición ha despertado el interés de visitantes de otras regiones del país, atraídos por una propuesta que combina las tradiciones del Día de Muertos con representaciones de la historia prehispánica.
Juana Mondragón, procedente del Estado de México, contó a EFE que era la primera vez que visitaba el Valle de Catrinas y expresó su admiración por el talento de los artesanos, capaces de dar vida a figuras que evocan a los antepasados mexicanos.
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“Venimos en un camión en una excursión y nos venimos en un taxi a recorrer las catrinas, están bien bonitas, pero esta (pescadora) es la mejor”, expresó Mondragón, quien llegó a Atlixco como parte de una excursión integrada por mujeres.
Por su parte, Belén Martínez, originaria de Toluca, relató que su gusto por el Día de Muertos la llevó a buscar actividades especiales relacionadas con esta celebración, por lo que convenció a sus familiares de viajar hasta Atlixco.
“La temporada de catrinas es lo que me llama la atención y me agrada, es la primera vez y no está nada mal me agradó”, mencionó.
Con esta edición, Atlixco lleva las representaciones de sus tradiciones más allá de sus calles y campos de flores, mientras recupera a las antiguas deidades mesoamericanas como protagonistas de una celebración en la que los vivos recuerdan a sus muertos. EFE
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