Rostyslav Averchuk
Leópolis (Ucrania), 23 oct (EFE).- Las autoridades ucranianas han empezado a mostrar en directo la presencia y movimientos de los drones y misiles de crucero rusos a través de la aplicación de alerta aérea, mientras el país busca adaptarse a unos ataques casi constantes que buscan perturbar la economía y la vida cotidiana.
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Cuando en Leópolis (oeste) empiezan a sonar las sirenas antiaéreas, lo primero que hacen muchos transeúntes es sacar sus móviles. En los últimos siete días la ciudad ha pasado más de 72 horas en alerta, pero la mayoría de los comercios permanecen abiertos y las calles siguen llenas de coches y viandantes.
Más de diez millones de ucranianos han descargado la aplicación patrocinada por el Gobierno que ahora muestra en tiempo casi real la localización y dirección aproximadas de las amenazas aéreas enemigas.
"Durante los ataques aéreos, cada minuto cuenta para la seguridad de la gente. Por eso es importante que la gente tenga acceso rápido a información verificada por el Ejército", dijo el primer ministro Serguí Koretski cuando se lanzó la versión actualizada de la aplicación.
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El objetivo del mapa con información en vivo es ayudar a la población, los negocios y las instituciones a organizar la actividad diaria de forma más eficiente, ahora que los ataques rusos se producen varias veces al día, y no sólo durante la noche, como solía suceder hace tan sólo unos meses.
"Me recuerda a los servicios de taxi como Uber", dijo a EFE en Leópolis la profesora de inglés Zoreslava Taraj, de 38 años, en referencia a la aplicación.
Durante los intensos ataques nocturnos, se mantiene alejada de las ventanas para minimizar riesgos. Durante el día, revisa la aplicación para ver cómo de lejos están los drones antes de irse a trabajar o salir a hacer recados.
Antes de que apareciera este mapa, las autoridades locales y la Fuerza Aérea emitían sólo alertas generales sobre la presencia de drones y misiles, sin proporcionar cifras, localizaciones o rumbo.
Por eso muchos ucranianos recurrían a canales de Telegram informales, que combinaban informaciones filtradas por soldados con acceso a los radares del Ejército, declaraciones institucionales y avistamientos reportados por la población en redes sociales o aplicaciones especializadas.
La larga duración de las alertas también hizo que muchos dejaran de reaccionar del todo, para poder seguir con su vida cotidiana.
El nuevo mapa muestra los movimientos con un leve desfase -introducido deliberadamente, según las autoridades, para evitar que Rusia obtenga datos sobre la posición de las defensas aéreas ucranianas- y no refleja misiles balísticos, mucho más rápidos.
Aún así, ofrece a civiles y organizaciones una imagen más clara de la amenaza a la que se enfrentan.
Ya a principios de septiembre se introdujo un sistema de alerta aérea de dos niveles, en base a la gravedad del peligro, para reducir el desgaste económico que suponen los ataques aéreos.
Cada hora de cierre de negocios debido a las alertas aéreas cuesta a la economía ucraniana unos 45 millones de dólares, según el Gobierno.
La alerta amarilla por un dron o un número escaso de ellos permite que la mayoría de negocios e instituciones equipadas con refugios sigan funcionando, mientras que la alerta roja por misiles, grandes enjambres de drones o ataques combinados obliga a todos a buscar resguardo de inmediato.
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Sin embargo, la evolución constante del armamento ruso está poniendo a prueba el sistema, pues Rusia recurre a drones y misiles cada vez más rápidos.
La semana pasada las alertas aéreas estuvieron activas casi la mitad del tiempo en Kiev y más de seis días en Járkov (noreste), de modo que algunos residentes se han resignado desde hace tiempo al peligro constante.
"A veces, cuando las explosiones son muy fuertes, corro instintivamente al pasillo", dijo a EFE desde Kiev Tetiana Barabanova, de 40 años. "Sin embargo, ya no me resguardo en los refugios antiaéreos. Da miedo, pero la gente se acostumbra", añadió, en referencia a los ataques.
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La distinción entre los diferentes niveles de alerta no afecta a las escuelas, donde los niños siguen pasando horas en refugios abarrotados donde un aprendizaje adecuado es casi imposible.
En las regiones occidentales, objeto de ataques más frecuentes en los últimos días, muchos alumnos se han quedado en casa recientemente y los centros educativos se plantean pasar a formatos digitales o mixtos en un intento de adaptarse al peligro de los bombardeos rusos.EFE
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