Cristina Magdaleno
Arona (España), 23 oct (EFE).- Antes incluso de comenzar a explorar el mundo, el cerebro podría disponer de una especie de mapa interno "como un GPS" preparado para orientarnos en él, una hipótesis todavía en investigación que fascina a la Premio Nobel de Medicina 2014 y neurocientífica noruega May-Britt Moser, que ha pasado décadas intentando descifrar cómo sabemos orientarnos.
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"Parece que podríamos tener un mapa interno que está listo para nosotros cuando empezamos a movernos y explorar", explica Moser en una entrevista con EFE, aunque advierte de que los resultados en los que trabaja actualmente todavía no han sido publicados.
Moser se remite al filósofo Immanuel Kant y a la posibilidad de que, para experimentar el mundo, el cerebro necesite algunas estructuras previas que le permitan organizar aquello que percibe.
La neurocientífica trata ahora de averiguar si una de esas estructuras existe antes de que un animal (ratas, en su caso) comience a desplazarse y aprender cómo es su entorno.
La pista procede de las denominadas "células de cuadrícula" que Moser descubrió junto con su marido, Edvard Moser, y que contribuyeron a que ambos compartieran el Nobel con el neurocientífico británico John O'Keefe.
Estas neuronas se activan siguiendo un "patrón espacial" muy regular que, al representar los lugares en los que dispara una sola célula mientras una rata se desplaza, pueden trazarse triángulos equiláteros entre sus diferentes campos de actividad.
Una precisión que sigue sorprendiendo a Moser, comenta, precisamente porque el cerebro es un sistema biológico y, por tanto, cabría esperar mucho más ruido y muchos más errores.
"Como el cerebro es un sistema biológico, cabría esperar muchos errores. Y, si hubiera muchos errores, nunca veríamos un patrón como el que observamos en las células de cuadrícula, donde se pueden encajar triángulos equiláteros entre cada campo de actividad mientras el animal se mueve por el entorno. Es increíble", insiste.
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Así, la geometría se vuelve aún más extraña cuando los científicos registran simultáneamente la actividad de numerosas células de cuadrícula y utilizan herramientas matemáticas para representarla en tres dimensiones.
Lo que aparece entonces es un "torus", una superficie con forma de dónut por la que parece desplazarse la actividad neuronal, una suerte de mapa que además no se apagaría cuando desaparece el mundo exterior.
"Este mapa interno está activo incluso cuando el animal duerme, así que no necesita ninguna información del exterior para seguir funcionando. Es simplemente la forma en que están conectadas las células lo que hace posible este patrón", con la incógnita, agrega, de saber si esa arquitectura o andamiaje existe antes de comenzar a explorar.
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Moser confía en que la combinación de nuevas tecnologías capaces de registrar miles de neuronas, mejores teorías matemáticas y modelos computacionales permita avanzar enormemente en el conocimiento del cerebro durante los próximos años.
“Pero, como dijo el profesor Geoffrey Hinton (considerado 'padrino' de la IA), entender cómo podemos llegar a tener esa sensación de estar vivos, de ser conscientes, puede ser bastante difícil", reflexiona Moser.
La inteligencia artificial, agrega, puede convertirse precisamente en una herramienta para investigarlo, entre otras cosas porque permite comparar cómo una máquina y un cerebro resuelven funciones similares.
Preguntada por si es optimista o "doomer", catastrofista en inglés, respecto a la IA, Moser apunta que si se pierde la esperanza el camino es la rendición.
"Pero creo que necesitamos esperanza", responde la neurocientífica, para quien las herramientas pueden ser utilizadas tanto para hacer el bien como para causar daño, y la inteligencia artificial no elimina esa vieja característica humana, aunque sí puede amplificar enormemente sus consecuencias, añade.
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"Se vuelve peligrosa si personas malvadas utilizan la herramienta para ser todavía más malvadas. Pero también pueden utilizar su cerebro para ser malvadas", expresa.
Frente a un escenario internacional que reconoce "deprimente" cuando contempla las noticias, reivindica la cooperación, la ciencia y la educación y recuerda figuras individuales capaces de movilizar a muchos otros, desde Malala Yousafzai hasta Greta Thunberg o Jane Goodall.
Así, Moser apunta que, frente a ese escenario deprimente, tampoco ve esa primacía intelectual a las máquinas.
"Por ahora creo que el cerebro es la mejor herramienta que tenemos", concluye. EFE
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