Diego del Alcázar publica su segunda novela, 'La idea de volver': "La sociedad tiene todo a su alcance y está vacía"

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Diego del Alcázar Benjumea regresa a las librerías con su segunda novela 'La idea de volver' (Siruela), una obra en la que contrapone el ritmo vertiginoso de Nueva York con la pausa del mundo rural en Cantabria, dos mundos diferentes que tienen sus peculiaridades y que tienen "sus propios desafíos". A través de este paralelismo, el autor reflexiona sobre el impacto de la tecnología, la nostalgia y esas preguntas eternas que continúan definiendo la condición humana.

"Nuestra sociedad tiene todo a su alcance y se siente vacía", alerta el autor en una entrevista con Europa Press en la que argumenta que la sociedad actual "no solamente tiene acceso a un conocimiento ilimitado e inmediato, sino también que vive o navega bajo una suerte de felicidad impostada, con una necesidad constante de ser validado".

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Por ello, frente al ámbito urbano, el espacio rural emerge como un entorno que permite pausar la marcha por lo que al autor aborda el "contraste de una sociedad que va a otra velocidad frente a un mundo rural que de alguna forma descomprime". Sin embargo, matiza que a lo largo de la novela trata "de no reivindicar ninguna, porque ambas navegan sus propios desafíos".

El germen de esta nueva novela se gestó durante una visita de Alcázar a la Feria del Libro de Madrid, donde coincidió con el autor cántabro Marcos Pereda y adquirió su libro 'Cantabria. Tierra de leyendas. Dos años después, Alcázar contactó con él. "Ha sido una gran fuente de inspiración", reconoce, al tiempo que detalla que también le ayudó con el vocabulario montañés.

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La elección de Cantabria tampoco es casual, ya que es una comunidad autónoma que el autor visita con frecuencia y con la que guarda una especial conexión. De ahí también sus palabras de recuerdo para Manuel Llano, un escritor español de principios del siglo XX, especialmente conocido por su recopilación de cuentos y leyendas de la mitología cántabra tradicional, "un pastor sin educación formal que escribe con una prosa poética espectacular".

Todo ello dio origen al nuevo libro de Alcázar, que gira en torno a dos personajes: Adrián, acostumbrado a vivir en la gran ciudad, y Fausto, un anciano campesino que vive en las montañas de Cantabria. Precisamente, la elección de este nombre es un guiño al Fausto de Goethe, como explica el autor, para quien la sociedad actual guarda estrechos lazos con ese mito. "Qué sociedad tan parecida a ese Fausto que tiene todo a su alcance y que se siente tan vacía al mismo tiempo", reflexiona.

"Lo que no sabía que descubriría a lo largo de la novela, y de ahí cierta ironía en que se llame Fausto el personaje rural, es que en realidad todas las sociedades tienen sus propios Faustos", precisa.

Un juego de palabras que también se traslada al título del libro ya que esa idea de volver no se ciñe únicamente a un desplazamiento geográfico. "'La idea de volver' no habla solo del regreso físico que hacen muchos de los protagonistas, sino que realmente es el viaje interior que todo el mundo hace en algún instante y por el que este personaje en concreto busca conectarse con otro momento para sanar heridas que tenía abiertas", detalla.

"El tema que volver sirve para conectar con generaciones anteriores, con tradiciones que se llevan explicando a lo largo de los siglos, con costumbres y con la naturaleza que está presente ahí, inmóvil, aportando una especie de energía que está más allá de la razón", añade.

En cualquier caso, el autor cree que existen similitudes entre el mundo rural y el urbano: "Hay un poco un mito de la caverna que nosotros hemos creado, y en esa construcción de las sombras que vemos proyectadas a través del teléfono móvil, descubres que también en el mundo rural hay unas creencias fuertes y se proyectan las sombras a través de otro tipo de supersticiones".

Sobre el mundo digital, Alcázar también cuestiona la felicidad que se transmite en las redes sociales, "cuando es algo que no es real, ni la que se ve en los demás ni la que se proyecta", al tiempo que alerta del exceso de información. Todo ello da origen a "grandes preguntas profundas" que llevan a los individuos "a las preguntas de verdad, que son las mismas que hace 3.000 años y realmente son el reflejo de la condición humana".

Sobre el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en la literatura, el autor observa el fenómeno con cautela, pues no considera que exista "una influencia directa de la IA en cómo escribe la gente". "Produce unos textos que, si eres capaz de sofisticar mucho, son buenos, pero no tienen voz", asevera.

No obstante, lejos de percibir la tecnología como una amenaza para las letras, Alcázar aboga por la coexistencia de los dos modelos pues ambos mundos "no son incompatibles, pueden coexistir". "Quien escribe a mano y quien escribe con Inteligencia Artificial pueden convivir perfectamente", defiende.

TEMÁTICAS CONTEMPORÁNEAS, "LA ENVOLTURA DE LOS DILEMAS UNIVERSALES"

En su primera novela --'La genética del tiempo' (Editorial Espasa)-- el autor abordaba cuestiones de actualidad como el uso de la biotecnología, además de plantear otros dilemas éticos cuando su uso es inadecuado e irresponsable. Al establecer un paralelismo entre ambas obras, el autor enfatiza que las temáticas contemporáneas son "la envoltura de los dilemas universales".

"Para mí forman parte de un escaparate, de un decorado, pero realmente las tramas familiares, los amores, desamores o las traiciones es lo que nos hace exactamente igual que Ulises volviendo a Penélope", apostilla.

Preguntado sobre su evolución literaria, el autor afirma que se ve "más maduro" en esta segunda novela. "La primera es una obra de la que estoy muy orgulloso, pero en esta me veo más maduro porque tiene muchas capas", explica.

Por ello, al valorar su segunda incursión en la narrativa, Alcázar no oculta su satisfacción al señalar que "es un gusto haber enganchado una segunda historia". "Me siento súper orgulloso de haber publicado esta novela y de que te publique una editorial como Siruela, que es una gran casa, muy literaria", afirma.

Como presidente de IE, a pesar de estar en contacto diario con jóvenes talentos, precisa que sus historias literarias no se inspiran en el mundo laboral ya que prefiere desligar ambos ámbitos: "Para mí escribir es un ejercicio de pasión; tomo mucha distancia de lo que hago en el IE para escribir, son dos mundos diferentes".

De cara al futuro, a pesar de ser un apasionado de los temas de actualidad, no descarta "de repente escribir algo completamente diferente, como un western". "No voy a forzar nada porque al final lo que quieres es dejarte llevar y las novelas se descubren a sí mismas", augura.