Rodrigo Zuleta
Berlín, 12 ago (EFE).- La inauguración del teatro del Festival de Bayreuth con el estreno de "El oro del Rin", la primera parte de la tetralogía de "El anillo del Nibelungo", cumple mañana jueves 150 años en los que ha sido un centro del culto al compositor Richard Wagner, quien lo creó a su imagen y semejanza.
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El teatro, con 1.937 butacas, fue construido a partir de indicaciones del propio Wagner, quien quería un escenario en el que los espectadores pudieran sumergirse de manera total en la ilusión de la obra.
En primer lugar, no debía haber palcos laterales, pues desde allí los espectadores podían ver la orquesta y otros espectadores. A un teatro, según el compositor, debía irse para ver una obra y no para mirar y ser visto.
En segundo lugar, la orquesta debía estar escondida, no al frente sino debajo del escenario. Y además las butacas debían estar dispuestas a la manera de los antiguos teatros griegos, de manera que desde todas ellas se tuviera una vista similar sobre el escenario.
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La oscuridad en la parte del público, además, debía ser total para que toda la atención se dirigiera a la obra.
Wagner, nacido en 1813, había tenido que marcharse al exilio a Suiza en 1849 tras haber participado en desordenes revolucionarios en Sajonia en 1848, lo que lo llevó a perder su puesto de director de la orquesta real de Dresde.
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En el exilio concibió la idea de un Gesamtkunstwerk (Obra de arte total) que debía integrar música y drama como una totalidad, así como la escenografía y, en el caso ideal, el teatro mismo donde se representasen las obras.
El ejemplo paradigmático de esa obra de arte total debía ser "El anillo del Nibelungo". En una carta a Franz Liszt, Wagner llegó a plantear incluso la posibilidad de construir un teatro en alguna parte al lado del Rin, representar allí la tetralogía durante cuatro días seguidos y luego demoler el edificio.
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No obstante, al final el teatro no estaría junto al Rin sino, por una serie de factores entre las que se cuenta el apoyo del rey Luis II de Baviera, en Bayreuth, en la provincia bávara.
Wagner había trabajado durante décadas en su tetralogía, Ya en 1848 había escrito un texto en prosa titulado "La saga del Nibelungo" a partir del cual empezaría a desarrollar el libreto de las cuatro óperas para luego componer la música.
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La composición de la última parte de la tetralogía, "El crepúsculo de los dioses", no llegó a terminarla sino en 1874.
En ese momento, ya se había puesto la primera piedra del teatro de Bayreuth. Luego había habido problemas de financiación que se resolvieron gracias a un crédito de Luis de Baviera que, según la página web del festival, equivaldría a 1,7 millones de euros actuales. La familia Wagner terminó de pagar ese crédito en 1906.
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Finalmente, el 13 de agosto de 1876 se pudo inaugurar el teatro con el estreno de "El oro del Rin" y en presencia del emperador alemán Guillermo I.
Ello fue también el comienzo del Festival de Bayreuth, que en su primera edición fue un fracaso económico total y dejó un déficit que, en términos actuales, equivaldría a 1,1 millones de euros.
El teatro estuvo seis años vacío antes de que, gracias a nuevos créditos y al apoyo de mecenas, se pudo reanudar el festival.
Los espectadores que acuden cada verano pueden sumergirse en la sensación de ilusión total, en medio de la oscuridad y de la sugerente música de Wagner que se ve potenciada por una acústica que ha sido elogiada por muchos cantantes de ópera, entre ellos Plácido Domingo.
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Sin embargo, antes de cada obra Bayreuth tiene otro aspecto marcado por la presencia de personalidades de la política y de la industria, muchas de las cuales -contrariamente a lo que quería Wagner de su teatro- van ante todo para ser vistos y ser fotografiados en la entrada del teatro. EFE
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