Laura López
Madrid, 20 jun (EFE).- El poeta palestino gazatí Mahmoud M Al-Shaer no ha derramado ni una sola lágrima desde que comenzó la ofensiva israelí en su tierra en 2023 porque escribir le ha ayudado a poner palabras a su dolor y el de su pueblo, en un libro que espera que su hija Nai, de 4 años, lea algún día como algo que solo pertenece al pasado.
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"Necesito que tanto ella como Majd (su otro hijo) y cada niño de Palestina entienda cuando crezca por qué dejamos nuestras casas para vivir en una tienda y por qué aceptamos eso a cambio de algún tipo de seguridad", relata Al-Shaer (1990, Rafah) en una entrevista con EFE con motivo del Día del Refugiado, que se conmemora este sábado.
Es el propósito del libro 'I Am Still Alive: Dispatches from Gaza', donde documenta "los detalles de una vida bajo el genocidio" como un ejercicio de "memoria" personal y colectiva tras comprobar la falta de un "archivo histórico" de su pueblo, que siente también arrebatado.
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Él solo ha conocido "la vida bajo el asedio", que es como describe su día a día antes de que comenzaran los ataques israelíes de octubre de 2023: casado con Hadil y con sus hijos gemelos de dos años, trataba de construir su propia casa mientras trabajaba como comisario de dos espacios culturales dentro de la Franja de Gaza.
Pero todo lo que para él era normal quedó "cortado" a partir de la ofensiva israelí, que tornó una prioridad poner a salvo su hijo Majd, que sufría de graves problemas de salud a causa de un nacimiento prematuro, y a su madre, que padecía cáncer, y quienes desde entonces viven en Turquía.
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"Cuando escuchamos la noticia de que podrían cruzar el paso de Rafah me alegré muchísimo, porque no sé qué habría pasado si se hubieran quedado atrapados dentro de Gaza", relata.
El resto de la familia pasó los siguientes meses entre su casa en Rafah y una tienda de campaña en Al-Mawasi, área a la que el Ejército israelí ha dirigido repetidamente a la población con órdenes de evacuación. Mahmoud lleva la cuenta: a día de hoy, acumula catorce desplazamientos.
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"Enfrentamos muchas situaciones de mierda", explica el poeta, que cita la hambruna, los bombardeos -también en Al-Mawasi- y el corte de suministros como ejemplos de "una etapa durísima" que, actualmente, no entiende cómo pudo superar.
En este contexto, la salud de su otra hija empezó a empeorar, por lo que decidieron tramitar su evacuación. Después de catorce meses, llegó la ansiada llamada: "Lo primero que me preguntaron es si Nai seguía viva", recuerda el refugiado palestino.
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Finalmente, en octubre de 2025 lograron abandonar Gaza con una gran incertidumbre "hasta el minuto cero": su mujer recibió la llamada que le informó de que el padre de familia podría acompañarlas en el mismo instante en que abrazaba a sus padres para despedirse.
Cuando finalmente llegaron a Madrid gracias al programa Aman -un proyecto de la Organización Mundial de la Salud con el Gobierno de España-, los recibió en el aeropuerto una técnico de la ONG Accem, que les explicó cuáles eran sus planes para los próximos meses.
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"Fue la primera vez que escuché a alguien hablar de mi futuro con esa seguridad", explica el gazatí sobre ese momento, que le quedó grabado en la memoria.
Poco a poco, ha ido ganando seguridad para empezar él mismo a imaginar un horizonte: "Ahora empiezo a imaginarme que pronto estaré con mi hijo, veré a mi madre, a mi hermano...", dice esperanzado.
Pero también recuerda lo que dejó atrás: "Cada vez que siento felicidad, paz, seguridad... me siento culpable también, porque quiero dar a la gente que está en Gaza este sentimiento", confiesa.
Los muertos en la Franja de Gaza por la campaña militar de Israel desde octubre de 2023 superan los 73.000, según datos del Ministerio de Sanidad gazatí. La guerra comenzó después de que el brazo armado del movimiento islámico Hamás asesinara a 1.200 personas en territorio israelí y secuestrara a otras 250. EFE
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(Foto) (Vídeo)