La derrota de la reforma laboral exhibe la fragilidad parlamentaria del Gobierno portugués

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Lisboa, 20 jun (EFE).- El rechazo este viernes en el Parlamento portugués de la reforma laboral impulsada por el Gobierno conservador de Luís Montenegro supone la primera gran derrota política del Ejecutivo en una reforma estructural y deja al descubierto las dificultades del primer ministro para construir mayorías estables en una Asamblea fragmentada.

La propuesta, una de las principales apuestas económicas del Gobierno, fue rechazada en la generalidad con los votos en contra de Chega, el Partido Socialista (PS) y las fuerzas de izquierda, mientras que sólo contó con el apoyo de los partidos que sustentan al Ejecutivo —PSD y CDS-PP— y de Iniciativa Liberal.

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El desenlace fue especialmente significativo porque el Gobierno había confiado hasta el último momento en poder salvar la reforma mediante un acuerdo con Chega, formación de extrema derecha que en los últimos días había dado señales contradictorias sobre su sentido de voto.

Los analistas interpretan el episodio como un golpe a la autoridad política de Montenegro, que queda obligado a recalibrar su estrategia parlamentaria tras comprobar que la mayoría de derecha que en teoría podía sostener algunas de sus reformas no funciona como un bloque disciplinado.

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El primer ministro intentó convertir la derrota en un argumento contra los “extremos”, al acusar a Chega de haberse unido a la izquierda para tumbar una reforma que, según el Ejecutivo, buscaba mejorar la competitividad, la productividad, el empleo y los salarios.

Sin embargo, varios análisis apuntan también a un exceso de confianza del Gobierno y del PSD, que dieron por encaminada una negociación que acabó naufragando por la exigencia de Chega de introducir cambios sobre la edad de jubilación, una condición que Montenegro rechazó por considerar que podía poner en riesgo la sostenibilidad futura de las pensiones.

La caída de la reforma laboral no implica por ahora una crisis formal de Gobierno, pero sí instala dudas sobre la gobernabilidad y sobre la capacidad del Ejecutivo para aprobar otras medidas de calado, incluido el próximo Presupuesto, si no logra acuerdos más sólidos y previsibles.

La derrota también tiene una lectura social y económica. Para sindicatos y partidos de izquierda, el rechazo parlamentario representa una victoria frente a una reforma que consideraban lesiva para los trabajadores; para patronales y sectores empresariales, en cambio, supone una oportunidad perdida para adaptar la legislación laboral a las nuevas condiciones económicas y reforzar la competitividad del país.

Montenegro ha prometido no abandonar los objetivos de la reforma y volver a plantear el asunto “en el momento oportuno”, pero el episodio deja al Gobierno ante una evidencia política: sin mayoría absoluta y sin un acuerdo estable con Chega o con otra fuerza parlamentaria, cualquier reforma estructural seguirá expuesta a derrotas inesperadas. EFE