Redacción América, 1 may (EFE).- América fue este viernes escenario de multitudinarias manifestaciones por el Día Internacional del Trabajo, en donde los maestros en México anunciaron un paro nacional durante el Mundial de fútbol; Cuba puso el foco en las tensiones con EE.UU., con la reaparición de Raúl Castro, y Gustavo Petro encabezó en Colombia su última manifestación como presidente, para firmar una convocatoria a una asamblea constituyente.
La numerosa marcha en Ciudad de México sirvió para que los maestros anunciaran que el próximo 11 de junio, durante la inauguración del Mundial FIFA 2026 en esta capital, harán aún más visibles sus exigencias de jubilación digna, incremento salarial y un sistema solidario de pensiones, antes de convocar a un paro nacional.
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Horas antes, la Confederación Autónoma de Trabajadores de México le pidió a la presidenta Claudia Sheinbaum que la reciente reforma sobre la reducción de la jornada laboral sea acompañada por una reforma fiscal que le permita mayores ingresos a los obreros.
En EE.UU., la convocatoria denominada 'May Day Strong' (Primero de mayo fuerte) llenó las calles de las ciudades más pobladas del país, como Los Ángeles, Nueva York, Chicago y Washington, que fueron escenario para que miles exigieran mejores salariales y el reconocimiento de sus aportes, así como el de millones de migrantes indocumentados a la economía del país.
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Por su parte, en Puerto Rico, los trabajadores aprovecharon la marcha en San Juan para repudiar la que denuncian como "dictadura" de la Junta de Supervisión Fiscal (JSF) que Estados Unidos impuso hace exactamente diez años a la isla.
A sus 94 años, el expresidente cubano Raúl Castro reapareció en la Tribuna Antiimperialista José Martí -frente a la Embajada de EE.UU.- para reiterar el llamado a la defensa nacional ante una posible intervención militar estadounidense.
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Bajo el lema 'La Patria se defiende', la jornada fue una respuesta a la presión de Washington, que dice que no tolerará bases militares o de inteligencia de "adversarios" (en referencia a China) en la isla, mientras La Habana denuncia estos argumentos como “pretextos falaces” para tratar de justificar una intromisión armada.
En el resto del Caribe y el continente, la jornada de marchas exigió mejoras salariales, empleos dignos, un freno al alto costo de la vida, el rechazo a la precariedad laboral y la demanda de mayores garantías en salud y educación.
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Por ejemplo, en Panamá las marchas rechazaron el inédito proceso judicial impulsado por el Gobierno para disolver al poderoso Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción y Similares (Suntracs). Mientras, en El Salvador, miles pidieron el cese a los despidos en el sector público.
En Honduras, trabajadores quemaron figuras de Donald Trump por su presunta "injerencia" en las pasadas elecciones generales de 2025; y en Costa Rica defendieron la jornada laboral de ocho horas, anteante la posibilidad de que se adopte una de doce horas.
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Petro insiste en una asamblea constituyente
En Colombia, Gustavo Petro encabezó su última jornada de un Primero de Mayo como presidente para impulsar su idea de una asamblea constituyente que le permita ejecutar las reformas sociales que no le aprobó el Congreso.
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En un discurso que pronunció en Medellín, Petro aseguró que no quiere cambiar la Constitución sino "agregarle dos capítulos": Uno "que haga realidad los derechos fundamentales del pueblo" y dos el "que arrincone definitivamente la corrupción en Colombia".
E chavismo en Caracas respaldó la decisión de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, de incrementar el "ingreso mínimo integral" a 240 dólares mensuales. Sin embargo, algunos sindicatos rechazaron esta medida por ser insuficiente.
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Por su parte, en Paraguay se exigió el aumento del salario mínimo. Petición que se repitió en Perú, donde el candidato presidencial izquierdista Roberto Sánchez acompañó las marchas para pedir el respeto de las 8 horas laborales. Mientras, la central sindical PIT-CNT de Uruguay insistió en su propuesta de gravar al 1 % más rico del país.
La Central Obrera Boliviana (COB), el mayor sindicato del país, se declaró en huelga indefinida para forzar al Gobierno de Rodrigo Paz a un aumento salarial del 20 %. Mientras en Chile los principales sindicatos arengaron en defensa de derechos sociales que consideran "amenazados" por las políticas de austeridad del Gobierno de José Antonio Kast.
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En el mismo tono, los trabajadores ecuatorianos se quejaron contra la "precarización laboral" y las políticas impulsadas por el presidente Daniel Noboa.
Finalmente, las principales centrales sindicales de Brasil apoyaron la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, en marchas poco concurridas y que por segundo año consecutivo no fueron acompañadas por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. EFE
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