Un parking abandonado como refugio: la nueva vida de migrantes sin recursos en Tel Aviv

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Guillermo Azábal

Tel Aviv, 3 abr (EFE).- En Neve Shaanan, uno de los barrios más desfavorecidos económicamente del sur de Tel Aviv, la virulencia de esta guerra contra Irán ha convertido el aparcamiento de un centro comercial, que está prácticamente abandonado, en un renovado y cotizado refugio antiaéreo.

Allí, decenas de vecinos de la zona, principalmente migrantes con bajos recursos, solicitantes de asilo y trabajadores extranjeros indocumentados, pasan los días a resguardo por miedo a que un misil haga añicos sus viviendas, sin búnkeres y de materiales poco resistentes.

"Tenemos miedo de los misiles balísticos iraníes y de los de munición de racimo (...) En mi casa, si escucho las alarmas me siento como una rata, creo que no tendría lugar donde esconderme", cuenta Jeny Bautista, una mujer filipina de 56 años, a EFE.

Bautista se expresa desde este búnker, ubicado dentro del parking de un centro comercial construido en la estación de autobuses de Tel Aviv, en el área sureña de esta ciudad popularmente conocida como 'Little Africa'.

Este centro comercial quedó relegado al ostracismo en los 2000, después de una rimbombante apertura en 1993. El motivo de su abandono, según el Ayuntamiento de Tel Aviv, fueron las grandes bolsas de contaminación, pues allí prestan servicio decenas de buses en su primer y último piso, imposibilitando la vida comercial en sus niveles centrales.

"No nos importa cuál sea la situación fuera, lo importante es que estamos muy seguros. No importa que fuera haya ratas muy grandes, que no esté limpio o haya muchos indigentes porque dentro es muy agradable", cuenta Rose Embae, de 45 años, también de origen filipino y madre de dos niños de 2 y 3 años.

Y es que el cuidado del búnker, protegido por un gran portón de acero, está a años luz de la oscuridad, suciedad, olor a orina y basura que abundan en el parking.

Según funcionarios del consistorio telaviví, encargado de remozar en los últimos meses esta gran sala acorazada, hasta 500 personas pernoctan aquí cada día dentro de tiendas de campaña dispuestas a lo largo de decenas de metros de césped sintético.

El acceso igualitario a refugios en Israel ha sido un tema muy controvertido en el país durante esta guerra, al igual que en las precedentes.

De acuerdo a la oenegé israelí Abraham Initiatives, que promueve la igualdad entre árabes-palestinos y judíos de Israel, solo 37 de los 11.776 refugios públicos de Israel se encuentran en ciudades de mayoría árabes, aunque esta cifra excluye localidades mixtas.

Así, Joseph Cohen, trabajador del Ayuntamiento de Tel Aviv y uno de los gestores de este búnker de Neve Shaanan, se afana en asegurar que está abierto para todos y señala un cartel en el que puede leerse: "Este refugio es de todos: judíos, árabes y refugiados".

Cohen detalla que la mayoría de personas que están haciendo uso del recinto son oriundos de Filipinas, Tailandia, India, Sudán, Eritrea o Colombia, sin importar que sean o no indocumentados.

Sus usuarios coinciden a la hora de agradecer públicamente a las autoridades israelíes el acceso a este búnker, pero su opinión también es unánimemente afirmativa cuando, en privado, se les pregunta sobre si echan en falta más refugios públicos en barrios de bajos recursos y un mayor esfuerzo por regularizar a trabajadores que pueden llevar tres décadas en el país.

Según la Autoridad de Población e Inmigración de Israel, unos 116.000 trabajadores extranjeros han llegado a Israel desde el 7 de octubre de 2023, fecha desde la que el Gobierno revocó los permisos de trabajo a un número similar de palestinos.

El total de empleados foráneos, a finales de 2025, es de unas 227.000 personas. Si bien no hay un desglose específico, diversas estimaciones en la prensa israelí apuntan a que de ese total, entre el 20 y el 40 % estarían trabajando de forma irregular.

La oenegé israelí Kav LaOved, que defiende los derechos laborales de los trabajadores más vulnerables en Israel, alerta desde hace años de la situación de desprotección que padecen los extranjeros indocumentados.

Principalmente en las zonas fronterizas con el Líbano, donde se suelen desempeñar en 'kibutz' en labores agrícolas o de construcción y donde, según Kav LaOved, sus empleadores no siempre les permiten ausentarse para guarecerse en los refugios.

"No tienen la libertad ni el permiso de poder ir a refugiarse. Se les dice continuamente que han venido a trabajar, y muchos tienen que continuar con sus labores incluso en zonas que, en otros momentos, fueron evacuadas por seguridad. Es algo ilegal", sentencia Shyni Babu, voluntaria en Kav LaOved, por vía telefónica a EFE. EFE

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