Minas en África: el dolor persiste mientras los restos de la guerra siguen sin desaparecer

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Pablo Muñoz Campaña

Nairobi, 3 abr (EFE).- Las minas antipersona y otras municiones sin explotar continúan causando dolor en familias de numerosos países de África, incluso décadas después del fin de los conflictos.

Mientras las autoridades realizan lentamente tareas de desminado, estos remanentes de la guerra sirven como recordatorio de que la paz no sólo llega con la firma de un acuerdo, al conmemorarse este sábado el Día Internacional de Información sobre el Peligro de las Minas y de Asistencia para las Actividades Relativas a las Minas.

Un claro ejemplo es Angola, país sumido en una cruenta guerra civil desde 1975 a 2002 que dejó gran parte de su territorio contaminado por explosivos, y que aún cuenta con unos 57 kilómetros cuadrados sin limpiar, según el informe Landmine Monitor 2025, de la ONG especializada Landmine and Cluster Munition Monitor.

Estêvão Henda Dala, agricultor de 27 años, contó a EFE que pisó una mina el 18 de octubre de 2025 en el monte Katchituno, en la provincia de Huambo (centro), cuando revisaba unas trampas que colocó para cazar animales.

"Estaba caminando cuando de repente me derribó un fuerte estruendo. Permanecí allí tirado unos tres minutos, sin saber qué había pasado. Sólo me di cuenta cuando intenté levantarme y vi que me faltaba el pie derecho", relató Dala.

El joven campesino tuvo que dejar de trabajar, a la espera de que las autoridades le proporcionen una prótesis como la de Francisco Tchikala, agricultor de 65 años que activó una mina el 8 de abril de 1999 en el mismo monte mientras cazaba.

"Me tocó quedarme en la cima de la montaña para crear una barrera por donde los animales asustados pudieran huir. Cuando estaba a punto de ocupar mi lugar, activé una mina. Solo recuerdo despertar en el hospital municipal de Alto-Hama, sin mi pie derecho", describió Tchikala, que desde entonces lleva una vida "muy limitada".

Chad también está muy afectado por minas, con más de 77 kilómetros cuadrados contaminados, según el mismo informe, especialmente en el norte del país y por su guerra contra Libia entre 1979 y 1987.

"Recuerdo el día en que todo cambió. En agosto de 1995, cuando me dirigía al campo en Wour (aldea norteña), un ruido terrible me hizo caer. Me desperté en el hospital con una pierna amputada", afirmó a EFE el agricultor Mahamat Aché, de 67 años.

Este incidente "trastornó por completo" su vida, pues perdió su independencia y no puede cultivar sésamo y pepino para mantener a su familia.

A principios de 1999, Abdelmadjid Moussa, un comerciante de 75 años, perdió a su mujer y su hija cerca de la ciudad de Faya (norte) por la explosión de una mina, lo que le dejó "solo" y con "un dolor inmenso".

"Cada día afronto su ausencia y soporto el peso de este sufrimiento. Las minas antipersona no sólo han destruido a mi familia, sino que también me han robado la alegría de vivir", agregó Abdelmadjid.

Ni Mahamat ni Abdelmadjid han recibido una indemnización a pesar de haberla reclamado.

Uno de los países africanos más contaminados por minas antipersona es Etiopía, con más de 125 kilómetros cuadrados en 2025.

Esos explosivos proceden de diferentes conflictos, como la guerra contra Somalia (1978-1979), contra Eritrea (1998-2000) y la reciente guerra civil en la región norteña de Tigré (2020-2022).

Haregot Gebrehaweria, residente de 53 años del distrito de Enderta, en el sureste de Tigré, es padre de tres hijos que padecieron la explosión de una bomba en enero de 2023, después de que uno de ellos hallase un artefacto mientras pastoreaba y lo llevase a casa, sin saber de qué se trataba.

El niño, de nueve años, sufrió daños en los genitales y en la frente, mientras la niña, de 16, acabó con lesiones oculares; un tercer hermano padece graves problemas de salud mental por el pánico. Ninguno ha recibido, hasta ahora, la atención médica necesaria.

"Cuando veo a mis hijos discapacitados se me parte el corazón. Hay momentos en los que lloro en privado. Parece que los dos años de guerra han aplastado las esperanzas de mis hijos y les han robado el futuro. La guerra lo arruina todo: vidas, cuerpos y futuros", asintió.

Wolay Kidanu, agricultor de 33 años residente en el distrito de Hawzen, en el este de Tigré, sufrió una explosión en diciembre de 2023 que le lesionó las dos piernas y la mano izquierda.

Desde entonces, está postrado en la cama, a pesar de que era el principal sostén económico de su mujer y sus tres hijos.

La existencia de estos explosivos años después de acabar un conflicto se debe a factores como la falta de "registros fiables" de zonas contaminadas o labores de limpieza que no se notifican, explicó a EFE la especialista para África en contaminación de armas del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Maryam Walton.

"El ritmo de desminado es lento y aún se necesitarán décadas para eliminar la contaminación existente. Los conflictos en curso también dificultan las operaciones de desminado", declaró.

Cuanto más tiempo permanezcan sin limpiarse los restos de la guerra, advirtió, "más accesibles estarán para cualquiera que los busque". EFE

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