La fiesta del Jisk'a Anata une las costumbres del carnaval moderno y de antaño en Bolivia

Múltiples fraternidades desfilaron por las calles de La Paz fusionando bailes tradicionales con tendencias actuales, en una jornada que resaltó la diversidad cultural, los trajes coloridos y la revalorización de costumbres arraigadas en la memoria boliviana

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La vestimenta típica de la época victoriana, usada por María Antonieta Toro al ser coronada Reina del Carnaval de Antaño del Bicentenario de Bolivia, evocó en el público los lazos entre los antiguos carnavales y la moda que influyó en la actual chola paceña, representando un puente entre el pasado y el presente. Durante la jornada del Jisk’a Anata, realizada este lunes en el centro de La Paz, fraternidades y bailarines fusionaron danzas ancestrales y manifestaciones de folclore contemporáneo en un desfile que, según detalló la agencia EFE, recorrió las principales calles de la ciudad en la llamada “fiesta pequeña” del carnaval boliviano.

El evento, iniciado al mediodía, congregó más de sesenta fraternidades que interpretaron ritmos tradicionales ataviados con trajes multicolores, junto a bandas de músicos que acompañaron el recorrido. Tal como informó EFE, la muestra musical integró bailes originarios de las comunidades andinas, como el tinku, ch’utas, cueca paceña y llamerada, sumados a propuestas propias de los valles bolivianos, representadas por la moseñada y la chacarera, y también de las tierras bajas, con la presencia del taquirari.

La diversidad quedó evidenciada en la variedad de estilos y orígenes de las danzas. El tinku, característico de la región norte del departamento de Potosí y cuyo nombre significa “encuentro” en quechua, se distinguió por la simulación de combates entre bailarines. Entre las danzas de más reciente incorporación destacó el salay, de los valles bolivianos, que, de acuerdo con EFE, se reconoció por los ágiles movimientos y saltos realizados por mujeres y hombres. En contraste, la tradicional tarqueada de las provincias aimaras hizo uso de instrumentos de viento tallados en madera.

El alcalde de La Paz, Iván Arias, explicó a EFE que en esta edición del Jisk’a Anata participaron más de 65 fraternidades, presentando una amplia gama de expresiones dancísticas que abarcan desde manifestaciones ancestrales hasta creaciones actuales propias de distintas regiones bolivianas. La integración de pasado y presente constituyó uno de los principales atractivos del evento, al igual que la presencia de figuras emblemáticas como el pepino, arlequín andino conocido por su vestimenta bicolor y máscara puntiaguda, quien interpreta un papel juguetón brincando y cantando con falsete agudo.

La figura del ch’uta, relacionada con los orígenes de las haciendas en la fundación del país en el siglo XIX, apareció tanto en su versión urbana, con ropa amplia y sombrero, como en su manifestación rural, caracterizada por gorro tejido y vestimenta ajustada parecida a la del torero español. EFE consignó que la tradicional chola paceña acompañó este despliegue, vestida con polleras largas y enaguas, adornada con joyas y el clásico sombrero bombín, mientras que las mujeres, en la interpretación de la chacarera, utilizaron faldas hasta el tobillo y los hombres lucieron chaquetas, sombreros de ala ancha y pañuelos, elementos distintivos de los antiguos carnavales del siglo XIX.

María Antonieta Toro manifestó a EFE su motivación de mantener vivas las tradiciones: “Queremos representar y reanimar el (carnaval de) antaño para que no se pierda (…) tenemos que ir cultivando en la juventud que nuestras tradiciones jamás se pierdan”. Toro expresó que desde niña quiso vestir los trajes de época y finalmente pudo cumplir ese deseo participando en el festejo.

La celebración del Jisk’a Anata se inscribe dentro del ciclo de carnavales que cada año se repiten en diversas regiones de Bolivia, distinguiéndose en La Paz por su énfasis en la integración de expresiones urbanas y rurales. No obstante, el Carnaval de Oruro, realizado el sábado y declarado Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco en 2001, figura como la máxima expresión del folclore boliviano, según reportó EFE. El ciclo festivo continúa el martes con la tradicional Ch’alla, un ritual en el que los bolivianos agradecen a la Madre Tierra esparciendo bebidas alcohólicas sobre la tierra y adornando viviendas y automóviles con serpentinas y globos.

La conjunción de tradiciones antiguas y tendencias actuales, reflejada en la participación de fraternidades con propuestas coreográficas y musicales diversas, se reitera año con año en el Jisk’a Anata, reafirmando la permanencia de costumbres que conforman la identidad cultural del país, reportó la agencia EFE.