La sangre seca sirve para detectar infecciones incluso 7 años después de tomar la muestra

Investigadores de la Clínica Universidad de Navarra comprobaron que las muestras almacenadas a bajas temperaturas conservan su eficacia diagnóstica varios años, un avance clave para biobancos, monitoreo epidemiológico y gestión de enfermedades en contextos con recursos limitados

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Después de siete años de conservación a temperaturas extremadamente bajas, investigadores observaron que la sangre seca mantenía íntegros los anticuerpos necesarios para identificar infecciones, lo que aseguró la completa validez diagnóstica de las muestras en análisis posteriores. Según informó la Clínica Universidad de Navarra, este hallazgo implica una utilidad directa en escenarios donde la infraestructura sanitaria es limitada y resalta el papel que pueden desempeñar los biobancos y los estudios epidemiológicos retrospectivos en el seguimiento y control de enfermedades infecciosas.

El estudio, publicado en la revista Clinical Virology, fue desarrollado por el Servicio de Microbiología de la Clínica Universidad de Navarra, que detalló cómo la correcta conservación de la sangre seca en papel —conocidas técnicamente como DBS, por sus siglas en inglés— permite su uso fiable años después de su obtención. Este método de recolección facilita la investigación científica, la vigilancia en salud pública y la gestión de epidemias. El medio informó que las muestras se almacenaron sistemáticamente a menos 80 grados Celsius subsidiariamente a su recolección, lo que resultó fundamental para preservar sus características diagnósticas.

Durante el proyecto, el equipo reunió un total de 143 muestras entre 2016 y 2017, tomadas en el Hospital Monkole de Kinshasa, República Democrática del Congo. Para cada paciente, se prepararon dos tarjetas con cinco muestras de sangre total cada una; la primera de cada dupla se sometería a pruebas serológicas en 2017, realizando ensayos con tres métodos distintos: ECLIA (de la empresa Roche), ELFA (de bioMerieux) e inmunocromatografía (Geenius, de BioRad). La segunda tarjeta de cada paciente se almacenó a -80 ºC hasta su nuevo análisis efectuado en 2024, usando las mismas metodologías diagnósticas. Al evaluar los resultados, la Clínica Universidad de Navarra reportó que la sensibilidad y la especificidad de dichas pruebas alcanzaron el 100% en casi la totalidad de los casos evaluados, mostrando una concordancia muy alta entre los análisis de ambas épocas.

El microbiólogo Gabriel Reina, referente del equipo investigador, explicó en declaraciones recogidas por la propia Clínica Universidad de Navarra que, aunque las muestras DBS han demostrado ser fiables a largo plazo, se debe garantizar que el almacenamiento se produzca en condiciones óptimas de frío, como las que suelen encontrarse en laboratorios centrales o unidades de investigación. Reina insistió en que la estabilidad de los anticuerpos y la integridad de los marcadores biológicos conservaron sus propiedades durante los siete años estudiados. La fiabilidad absoluta de los nuevos resultados permitió confirmar el potencial de estos procedimientos no solo para el diagnóstico individual, sino también para el seguimiento poblacional de patologías infecciosas.

El estudio pone de relieve la relevancia de las condiciones de almacenamiento. El medio indicó que las investigaciones realizadas con las muestras procedentes de la República Democrática del Congo permitieron verificar que los procesos desarrollados para mantener la sangre seca a niveles de frío tan bajos aseguran la persistencia de los anticuerpos y otros marcadores durante largos periodos. Este aspecto resulta especialmente relevante para países o zonas donde los recursos materiales y de conservación pueden verse limitados y donde la capacidad para enviar o analizar muestras rápidamente no siempre está garantizada.

Entre los beneficios destacados por la Clínica Universidad de Navarra figura el aporte que estos resultados hacen a la seroepidemiología retrospectiva. Poder analizar retrospectivamente el estado inmunitario de una población con muestras de sangre seca recolectadas en diferentes momentos permite a los especialistas conocer mejor la evolución de enfermedades infecciosas, apoyar estrategias de control y orientar políticas de prevención. Además, según los datos presentados en Clinical Virology, este tipo de conservación facilita el trabajo de biobancos encargados de gestionar grandes volúmenes de muestras biológicas para fines de investigación.

Estos avances metodológicos buscan ofrecer alternativas en el monitoreo de infecciones, especialmente en contextos sin acceso constante a laboratorios equipados o a cadenas de frío estándar. Los autores del estudio reafirmaron, reportó la Clínica Universidad de Navarra, que la investigación sobre las tarjetas DBS continuará para evaluar su aplicabilidad en otros ámbitos diagnósticos, aprovechando la conservación prolongada sin afectar la capacidad de detectar anticuerpos específicos.

El informe también señala que esta técnica puede desempeñar un papel importante en futuras estrategias de control de epidemias y pandemias. Mantener muestras de sangre seca correctamente almacenadas proporciona a los organismos de salud pública y a los investigadores la posibilidad de analizar con posterioridad la respuesta inmunitaria de una población a distintos patógenos, contribuyendo a una gestión más eficiente de los recursos sanitarios.