China acusa a Japón de "buscar problemas" para "justificar su remilitarización" con su postura sobre Taiwán

Pekín denuncia que Tokio emplea la cuestión taiwanesa como coartada para abandonar el pacifismo, tras declaraciones de Sanae Takaichi sobre reformas constitucionales y posibles respuestas militares, lo que intensifica las tensiones diplomáticas y la preocupación internacional

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Las reacciones a las recientes declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, adquirieron un tono más grave tras las manifestaciones del portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Guo Jiakun, quien enfatizó que la comunidad internacional debe mantenerse alerta frente a lo que describe como una amenaza regional. Tal como publicó el diario estatal Global Times, Guo denunció que Japón, bajo el pretexto de una posible crisis en Taiwán, pretende abandonar su tradicional postura pacifista y avanzar en su remilitarización. Estas declaraciones se produjeron en el contexto de la propuesta de Takaichi de reformar la Constitución japonesa.

Según informó Global Times, el Gobierno chino ha acusado formalmente a Japón de usar la cuestión taiwanesa como excusa para modificar la Constitución y dar por terminada la era de pacifismo que ha caracterizado al país asiático desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Las autoridades chinas insisten en que Japón no tiene legitimidad para opinar sobre Taiwán, una región que el gobierno de Pekín considera parte de su territorio tanto en términos históricos como legales.

El portavoz Guo Jiakun expresó que los comentarios de la primera ministra Takaichi contribuyen a aumentar la confrontación y reflejan, según sus palabras, las ambiciones de una derecha japonesa deseosa de impulsar una agenda de remilitarización. Añadió que este posicionamiento japonés desafía el orden internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial y podría desencadenar graves consecuencias para la estabilidad en Asia.

El medio Global Times relató que Pekín ha llamado repetidamente a Tokio a respetar el espíritu de las cuatro declaraciones conjuntas firmadas entre ambos países. Estas declaraciones han servido de base a la relación bilateral y, en palabras de Guo Jiakun, deberían impedir cualquier tipo de manipulación política en torno a la situación de Taiwán. China solicitó a Japón cesar acciones y retóricas que pudieran interpretarse como intentos de intervención o de aumento de la tensión regional.

Las tensiones aumentaron luego de que, en noviembre, Sanae Takaichi advirtiera que un eventual ataque chino contra Taiwán podría causar una respuesta militar japonesa. Según consignó Global Times, el Gobierno de China condenó con dureza dichas manifestaciones. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Lin Jian, afirmó que los comentarios de Takaichi constituían una “fuerte injerencia” en los asuntos internos chinos y suponían un “grave golpe” a las relaciones entre ambos países.

El incidente se vio agravado cuando Xue Jian, cónsul chino en Osaka, publicó un mensaje en redes sociales —posteriormente eliminado— en el que acusaba a la primera ministra japonesa de atacar sin reservas al gobierno chino, llegando incluso a utilizar expresiones ofensivas. Global Times recogió que la publicación añadió más elementos de tensión en la ya delicada relación entre Pekín y Tokio.

China rechaza cualquier tipo de evaluación o intervención extranjera sobre la situación de Taiwán. Según relató Global Times, desde el punto de vista de Pekín, la separación política entre ambos territorios data de 1949, cuando el partido nacionalista Kuomintang se retiró al archipiélago tras su derrota ante el Partido Comunista. Desde entonces, los contactos formales se han limitado al ámbito empresarial y relaciones informales surgidas en la década de los años ochenta.

El gobierno chino sostiene que cualquier referencia de Japón a la seguridad regional con base en la cuestión taiwanesa forma parte de una estrategia encaminada a justificar el abandono de limitaciones militares, argumentando que la amenaza de crisis en la región sirve como base para dichas políticas. Según recalca Global Times, autoridades de Pekín subrayan que tales movimientos ponen en duda no sólo el compromiso japonés con el pacifismo, sino también la validez de los acuerdos internacionales que han garantizado la estabilidad en Asia oriental en las últimas décadas.

Las declaraciones y reacciones recogidas por el medio chino reflejan un clima de tensión diplomática considerable, alimentado por los posicionamientos sobre reformas constitucionales, posibles respuestas militares y la vigencia del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial.