Una psicóloga subraya la importancia del apoyo familiar para los afectados por el accidente ferroviario de Adamuz

La intervención temprana y el acompañamiento emocional resultan claves tras el choque en Adamuz, según especialistas, quienes recomiendan mantener el contacto social, activar la resiliencia y buscar ayuda experta si persisten síntomas intensos con el paso de las semanas

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El impacto emocional que generan los grandes accidentes ferroviarios suele alcanzar a sobrevivientes, familiares y a quienes usan habitualmente el servicio. Según detalló Science Media Centre (SMC) España, tras el reciente choque de trenes de alta velocidad en Adamuz, Córdoba, la necesidad de una intervención psicológica temprana y de un apoyo emocional cercano se considera fundamental para mitigar las secuelas psicosociales entre los afectados por el siniestro.

La psicóloga sanitaria Ana Lillo, especializada en emergencias y desastres, indicó a SMC España que la presencia y el soporte de la familia tienen un papel esencial, junto con la asistencia de profesionales de la psicología. Recomendó que las personas impactadas se mantengan en contacto con allegados, busquen compañía y compartan su experiencia en un entorno de confianza. También mencionó la importancia de implementar recursos como la autorregulación emocional y estrategias concretas que ayuden a sobrellevar momentos difíciles derivados del suceso.

Lillo destacó que la intervención psicológica debería iniciar cuanto antes, idealmente en los primeros momentos posteriores al accidente, con el objetivo de ofrecer atención personalizada y concisa. Explicó que esta estrategia busca reducir el impacto emocional y disminuir el riesgo de trastornos posteriores. “La intervención temprana se dirige a quien la necesite, mediante una intervención breve y centrada en el hecho vivido”, declaró Lillo según consignó SMC España.

La experta advirtió que la reacción emocional intensa se presenta comúnmente al principio tras el accidente, pero lo esperado es que esa sintomatología tienda a disminuir con el paso de las semanas. Si al cabo de un mes los síntomas siguen siendo acentuados, Lillo consideró necesario realizar una derivación a la atención psicológica especializada. Además, explicó que muchas personas cuentan con mecanismos naturales de afrontamiento y recursos adaptativos, por lo que subrayó la capacidad individual de resiliencia: “Casi todos tenemos la resiliencia que de por sí en la mayoría de las personas está”, señaló la psicóloga en sus declaraciones recogidas por el medio.

SMC España también recogió la visión de Antonio Puerta, responsable del Gabinete de Psicología de la Policía Municipal de Madrid, quien sostuvo que el alcance de una catástrofe como la de Adamuz se extiende a toda la sociedad. En sus palabras, quienes han vivido tragedias similares pueden experimentar la reactivación de recuerdos y emociones al conocer el accidente, lo que multiplica la huella emocional de este tipo de episodios.

Rafael Castro-Delgado, especialista en incidentes con múltiples víctimas y desastres en la Universidad de Oviedo y coordinador en el grupo de IMV del SAMU-Asturias, aportó que el evento ferroviario no solo ocasiona daños físicos de forma inmediata, sino que su huella emocional puede prolongarse entre sobrevivientes, familiares y, en particular, entre los usuarios frecuentes de la alta velocidad. El medio SMC España recogió de Castro-Delgado que acontecimientos de este tipo generan una disminución temporal en la percepción de seguridad y una mayor reticencia a viajar, por lo que consideró crucial la transparencia y claridad en la comunicación institucional para contener la alarma social y restablecer la confianza en el sistema ferroviario.

Además, Castro-Delgado expresó que la atención psicológica y psicosocial debe estar plenamente integrada en la respuesta de emergencia. Desde su experiencia, una gestión coordinada y en el momento adecuado contribuye a reducir el sufrimiento y a prevenir complicaciones posteriores tanto a nivel personal como social, según citó SMC España.

El medio destacó así la necesidad de combinar el acompañamiento familiar, la intervención profesional temprana y la inclusión de recursos institucionales de apoyo emocional como base para abordar el desafío de la recuperación tras accidentes de alta magnitud como el ocurrido en Adamuz.