
La Policía de Etiopía realizó una operación en la que confiscó 56.000 municiones y detuvo a dos personas, vinculando el cargamento a un supuesto envío procedente de Eritrea destinado a las milicias Fano que actúan en la región de Amhara. El anuncio se produjo a través de un comunicado oficial en redes sociales, en el que las autoridades etiopes señalaron que el objetivo de estos envíos era proveer de armas a un grupo considerado extremista, con la intención de comprometer la estabilidad interna. Según informó la agencia Europa Press, las autoridades de Etiopía también vincularon al Frente Popular para la Liberación de Tigray (TPLF) con estos movimientos logísticos y armamentísticos.
En el mensaje, la Policía de Etiopía expresó que los responsables buscan “destruir la paz en el país”, y advirtió sobre la existencia de “traidores” cuya intención es minar tanto la seguridad como el desarrollo nacional. Las fuerzas del orden llamaron a la población a colaborar activamente con las instituciones de seguridad para contrarrestar cualquier amenaza, según consignó Europa Press. Hasta el momento, Eritrea no se ha pronunciado respecto a estas acusaciones, y las autoridades en Adís Abeba continúan enfatizando la gravedad de la situación, en un entorno regional marcado por la volatilidad.
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El medio Europa Press detalló que los señalamientos forman parte de una escalada en el intercambio de acusaciones entre los gobiernos de Etiopía y Eritrea, que ha cobrado fuerza durante los últimos meses. Las recientes tensiones se remontan, en parte, al rol que las milicias Fano desempeñaron durante el conflicto entre el gobierno etíope y el TPLF, entre los años 2020 y 2022. En esa etapa, Fano luchó al lado de las fuerzas especiales de Amhara y, durante el conflicto, Etiopía y Eritrea compartieron intereses como aliados militares.
Las dinámicas cambiaron cuando, tras el acuerdo de paz con el TPLF, el gobierno etíope decidió desmantelar las fuerzas especiales de la región de Amhara. Este paso motivó a numerosos exintegrantes de dichas fuerzas a sumarse a las milicias Fano, algunas de las cuales, posteriormente, protagonizaron ataques contra el Ejército regular del país. Según recogió Europa Press, Adís Abeba ya había acusado en octubre de 2025 tanto a Eritrea como al TPLF de planear “lanzar una guerra” contra Etiopía. La respuesta oficial desde Asmara consistió en rechazar tales afirmaciones y cuestionar lo que calificaron como una actitud beligerante proveniente de las autoridades etíopes.
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Por su parte, el TPLF también se desmarcó de las imputaciones y advirtió de que, desde el gobierno central, se estarían sentando las bases para justificar una nueva confrontación en la región. A raíz de estas declaraciones cruzadas, Europa Press reportó que el clima bilateral entre ambos países se agravó, con la reactivación de antiguas controversias. Las relaciones entre Etiopía y Eritrea han estado sometidas históricamente a altos niveles de tensión desde que Eritrea se independizó, en 1993. La guerra entre ambas naciones, desarrollada entre 1998 y 2000, se cerró con la pérdida de acceso de Etiopía al mar Rojo, elemento que permanece como foco de disputa, especialmente en el contexto de los intentos etíopes de reactivar su economía a través del acceso portuario.
Las circunstancias actuales subrayan la fragilidad de la estabilidad en la región del Cuerno de África, donde la presencia de grupos armados como Fano y el intercambio de acusaciones entre los gobiernos suscita preocupación sobre la posibilidad de un nuevo episodio de violencia. Europa Press puntualizó que el exhorto de la Policía de Etiopía a la colaboración ciudadana tiene por objetivo sumar vigilancia social ante eventuales intentos de desestabilización, mientras persisten las demandas para mantener la paz y prevenir una escalada militar.
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