Sentado en la terraza de un café en Tarascon-sur-Ariège, delante de un tetrabrik y una lata de cerveza, Lachlan Morton, ciclista profesional australiano del equipo Education First (el de Rigoberto Urán), aprovecha un breve momento de descanso en su particular Tour de Francia, solo, sin asistencia y en sandalias, siguiendo el espíritu de los pioneros de la Grande Boucle.
Con sus gafas de sol, el maillot rosa fluorescente de su equipo y sus piernas tan finas como una hoja de una navaja suiza llaman la atención de los habituales del establecimiento.
¿Qué hace un ciclista del Tour, solo y al borde de una carretera nacional, cuatro días antes de que el pelotón pase por ese lugar, en la 16ª etapa?
Impertérrito a las miradas de los transeúntes, Morton, una vez acabada su merienda, ata a su sillín de bicicleta de competición una barra de pan, al lado de la tienda en la que pasará la noche en un cámping.
Calzado con unas sandalias para aliviar sus dolorosas rodillas y permitir que sus pies respiren tras recorrer 300 km diarios de media desde hace casi dos semanas, el australiano de 29 años ha franqueado ya el ecuador de una aventura que parece una locura.
Un Tour de Francia por la buena causa, ya que las donaciones recibidas se destinarán a la asociación World Bicycle Relief, buscando el "espíritu original" de la Grande Boucle, cuando a comienzos del siglo XX los corredores afrontaban etapas maratón, sin ninguna ayuda.
Con su aventura, ya ha recaudado más de 400.000 dólares (de los 550.000 previstos) que servirán para comprar bicicletas para niños de países desfavorecidos.
- Otro ciclismo -
Partido de Brest el 26 de junio, una hora después del pelotón, Morton saca ahora ventaja de varios días a los ciclistas que participan en el Tour. Cuando sus compañeros acaban sus etapas y marchan al hotel a recibir masaje, el australiano sigue rodando, incansablemente, en medio del tráfico, cada día desde las 6 de la mañana a las 19 horas.
Le esperan en total 5.510 kilómetros, es decir, 2.127 km más que el recorrido 'oficial' del Tour, ya que Morton también cubre en bicicleta las distancias entre las ciudades en las que acaban las etapas y las localidades desde las que reparte la carrera al día siguiente y que a veces son enormes.
Miembro del WorldTour, la primera división del ciclismo profesional, el equipo norteamericano Education First, promueve desde hace tiempo otro ciclismo, a través de un "calendario alternativo" con carreras fuera de la carretera y pruebas de larga distancia que corresponden bien a la personalidad y las aspiraciones del ciclista australiano.
"Correr una gran vuelta es mucha presión, con un plan de ataque muy preciso en cada etapa. Me gusta ese ambiente, pero en pequeñas dosis", explica. "Lo que estoy haciendo en estos momentos es de lejos la manera como prefiero pasar tiempo sobre una bicicleta".
Enamorado de la libertad y de los grandes espacios, este nativo de Port Macquarie, ciudad costera a medio camino entre Sídney y Brisbane, Morton disfruta de su Tour como "turista", lo que le permite descubrir de otra manera Francia y sus habitantes.
"Paso mucho tiempo con la gente que hace lo mismo que yo: ir en bicicleta. Y eso puede ser aburrido con el tiempo. Por eso está bien encontrar gente que tienen una vida completamente diferente a la mía", explica el cicloturista, con la cara apenas marcada por el esfuerzo pese a que acaba de subir los 11,4 km del Col de Port.
- "Saco de dormir empapado" -
Dos ciclistas aficionados se le unen en el siguiente puerto, el Col de la Core. Relajado y sonriente, Morton conversa con ellos, pero rechaza por principios meterse a su rueda para rebajar esfuerzos o la comida que le ofrecen.
Determinado a llegar a los Campos Elíseos antes que el pelotón, que le recortará tiempo con el traslado previsto en tren de alta velocidad desde Saint-Emilion a la región parisina en la víspera del final en París, el ganador del Tour de Utah en 2016 atraviesa cada día, según las condiciones climáticas y los problemas mecánicos, una montaña rusa tanto física como psicológica.
"Es duro tener que estar pendiente de todo. He cometido varios errores al no comer suficiente, he dormido en un saco empapado, pero también es todo esto lo que hace tan especial" la aventura, asegura Morton, quien también asegura disfrutar de largos momentos de introspección, sólo con su bicicleta en medio de la naturaleza, escuchando música a través de unos auriculares.
Tras llegar a un cámping después de una etapa con más de 5.000 metros de desnivel positivo en los Pirineos, Morton sopla una colchoneta hinchable que apenas entra en su minúscula tienda de campaña con forma de túnel.
Cuando cierra la cremallera por la noche, agarrotado por el cansancio, a veces sueña con lo que le espera al término de su periplo: cambiar su bicicleta de ruta por una de montaña, dormir en una verdadera cama y llevar ropa limpia. "En ese orden" dice sin dejar nunca de pedalear... incluso con sandalias.
sdu/mcd/gh
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